
En el corazón de Cotapata, donde la neblina acaricia las copas de los árboles y la tierra respira humedad pura, vive y trabaja Luis Flores, un productor que ha encontrado la manera de demostrar que el café de altura de calidad puede cultivarse sin herir al bosque. Su método rompe con los patrones tradicionales de expansión agrícola: aquí no hay tala, no hay quema, no hay devastación. En su lugar, se levanta un cafetal en diálogo con el bosque, bajo un sistema de agroforestería que integra al cafeto con los árboles nativos, manteniendo viva la compleja trama de vida que habita Cotapata. El resultado es más que un grano de café: es un símbolo de resistencia y de sostenibilidad.

A 1.769 metros sobre el nivel del mar, los cafetales de don Luis se alimentan de la humedad de la neblina que desciende sobre las montañas del valle de Huarinila (Parque Nacional y ANMI Cotapata). Esa agua invisible, convertida en rocío, riega sin necesidad de riego. Así, los frutos maduran de manera natural, sana y orgánica. La tierra se mantiene fértil, los árboles en pie, y el bosque continúa cumpliendo su papel fundamental: ser fuente de agua para la ciudad de La Paz y otras regiones del departamento.

El café de don Luis ha sido reconocido en el prestigioso evento “Taza de Calidad de Café”, evento celebrado en Coroico, donde ha ocupado los primeros lugares durante tres años consecutivos. Sin embargo, más allá del reconocimiento, su propuesta encierra un mensaje poderoso: no es necesario depredar el bosque para alcanzar alta calidad de producto e ingresos sostenibles.


Un modelo que inspira
Hoy, junto a su hijo Miguel, don Luis se proyecta más allá del café. Ambos son beneficiarios del proyecto “Ecoturismo con equidad de género para enfrentar amenazas en Cotapata, Bolivia”, ejecutado por La Asociación Boliviana para la Investigación y Conservación de Ecosistemas Andino-Amazónicos (ACEAA) y por el Centro de Estudios en Biología Teórica y Aplicada BIOTA asisten a las capacitaciones de proyecto; se capacitan en guiaje e interpretación ambiental y en gestión empresarial, convencidos de que Cotapata no solo puede ser un territorio de producción agrícola, sino también un destino de aprendizaje, turismo responsable y conciencia ambiental.
Su sueño es abrir las puertas de su cafetal a visitantes de todo el mundo, para que comprendan que cada grano de café aquí cultivado lleva impreso el pulso del bosque que lo resguarda. Quieren mostrar que la verdadera riqueza no está en la extracción, sino en convivir con los guardianes de la naturaleza y permitir que la economía gire en armonía con el entorno.

El Parque Nacional y ANMI Cotapata no es solo un lugar con paisajes maravillosos. Es un reservorio de agua, un corredor de biodiversidad y un refugio cultural que conecta a las comunidades con su entorno. En este territorio, la historia de don Luis y Miguel se convierte en ejemplo de cómo es posible crear modelos alternativos a la minería y la siembra de coca, actividades que suelen poner en riesgo el equilibrio de la región. Su apuesta por el café y el turismo ambientalmente responsable abre una nueva ventana: un camino donde se puede producir, vivir y prosperar sin poner en riesgo la integridad del bosque.


El futuro que ya germina
El esfuerzo de don Luis y Miguel es semilla y raíz. Es un recordatorio de que el futuro de Bolivia depende de quienes, como ellos, entienden que el bosque no es un recurso a explotar, sino un aliado a cuidar. En cada taza de su café se prueba un paisaje, se honra un bosque y se sostiene la esperanza de que otras comunidades se inspiren a seguir este mismo sendero.
Cotapata late en silencio, y en su pulso resuenan las manos de don Luis: manos que no solo cosechan café, sino también conciencia y futuro.
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