En Peniel, una pequeña comunidad de la Chiquitania boliviana, un sencillo tablero de madera determina cada día si el fuego puede encenderse o debe ser prohibido. Tras los devastadores incendios que arrasaron gran parte de su territorio, los pobladores aprendieron a combinar el conocimiento ancestral con herramientas científicas para proteger su bosque. Angélica Rivera y Emmanuel Weber lideran una red comunitaria que monitorea el clima, organiza las quemas agrícolas y actúa como primera barrera de defensa contra los incendios forestales. Su labor no solo protege a las 45 personas que viven en Peniel, sino también a un corredor estratégico cuya pérdida podría desencadenar un desastre ambiental de escala regional.
Roberto Navia
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