
Hay personas que aparecen en las fotografías y hay otras que casi nunca salen, pero que son imprescindibles.
Maribel Durán es una de esas personas.
Durante los últimos dos años ha sido la “hormiguita” incansable de Alas Chiquitanas. Mientras otros estaban en primera línea combatiendo incendios o atendiendo emergencias por las riadas, ella organizaba silenciosamente lo indispensable para que la ayuda llegara donde más se necesitaba.
Fue quien preparó donaciones, coordinó entregas, corrió al mercado a comprar alimentos para la brigada de rescate de fauna silvestre, movilizó alimentos, herramientas e insumos, preocupándose siempre porque los guardaparques, bomberos voluntarios, comunidades afectadas, la fauna silvestre y hasta los gatitos que rescataba con tanto amor, recibieran ayuda oportuna.
Su vocación de servicio nació mucho antes de ser voluntaria. Ella se enamoró de nuestra naturaleza, de nuestras áreas protegidas en los años que trabajó codo a codo con los equipos de guardaparques y el SERNAP en San Matias, Kaa-Iya, Aguaragüe y Amboró.
Pero hace apenas tres años, Maribel enfrentó la batalla más difícil de su vida: el cáncer. Puso sus sueños y su trabajo en pausa para luchar por vivir. Venció la enfermedad y decidió que esa segunda oportunidad debía convertirse en esperanza para otras personas.
Y lo logró con creces.
Dedicó incontables horas como voluntaria por nuestra naturaleza. Junto a su esposo, Kassem Vidangos, coordinaban ayuda en el Centro de Acopio y utilizaban su propio vehículo para transportar ayuda o llevar donaciones a quienes más las necesitaban. Nunca preguntaron si valía la pena el esfuerzo. Simplemente estaban ahí cuando alguien necesitaba.
Hoy, la vida los pone frente a una prueba aún más difícil.
Hace solo tres meses, Kassem, de 53 años, perdió a su padre luego de cuidarlo en Cochabamba y tuvo que ayudar a su madre a mudarse a otra ciudad para poder acompañarla en su vida con Alzheimer. Todas estas emociones y desafíos agravaron el problema cardíaco que tenía, al llegar a Santa Cruz su corazón no aguantó más: sufrió un paro cardíaco, del cual prácticamente lo resucitaron.
Tras ese episodio, su corazón apenas funciona al 35%. Su única posibilidad de recuperar calidad de vida es una cirugía urgente para implantarle un marcapasos tricameral, un dispositivo que no se encuentra disponible en Bolivia y debe ser importado.
Solo el equipo del marcapasos tiene un costo aproximado de 150.000 bolivianos, sin contar la cirugía, la hospitalización, el tratamiento posterior y todo lo que implicará su recuperación. Mientras tanto, dos pequeñas hijas esperan cada día que su papá tenga esta segunda oportunidad de vida.
Hoy cada día cuenta.
Por eso, familiares, amigos y personas solidarias están organizando diferentes actividades para reunir los recursos necesarios y darle a Kassem esta oportunidad.

Desde Alas Chiquitanas han aprendido una lección que se repite una y otra vez en cada emergencia: la solidaridad salva vidas.
Daniela Justiniano, la fundadora de Alas Chiquitanas, sabe que todo el bien que una persona siembra en los demás siempre encuentra el camino de regreso.
Quienes conocen a Maribel saben que nunca dudó en extender la mano cuando alguien necesitó ayuda. Hoy es ella quien necesita sentir y saber que no está sola.
“Estamos convencidos de que, así como tantas veces vimos a una comunidad unirse para enfrentar incendios, rescatar fauna, apoyar a familias afectadas o proteger nuestros bosques, hoy volveremos a demostrar que cuando miles de personas aportan un pequeño granito de arena, los imposibles comienzan a hacerse posibles. Si alguna vez fuiste testigo del trabajo silencioso de Maribel, si alguna vez recibiste una ayuda que ella ayudó a coordinar, si crees en el poder de la solidaridad, este es el momento de devolver un poco de todo ese amor que ella entregó sin esperar nada a cambio. Porque hoy no solo estamos ayudando a Kassem. Estamos ayudando a una familia que nunca dejó de ayudar a los demás. Unamos nuestros corazones para darles una nueva oportunidad”, enfatizó Daniela Justiniano.
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