
En el corazón del Chaco tarijeño, el cielo se abrió como un presagio: el ojo de Dios miró en silencio el bosque herido, implorando acción antes de que continúe la destrucción.
En las riberas del río Pilcomayo (Tarija, Bolivia), comunidades indígenas, productores y defensores e instituciones ambientales impulsan la creación de un corredor ecológico. Buscan frenar la deforestación y preservar un ecosistema vital antes de que sea demasiado tarde.
En el río Pilcomayo, las redes vuelan como alas de esperanza mientras los pescadores weenhayek resisten entre brisas, aves y árboles caídos. Este fotorreportaje captura la belleza, la lucha y la fragilidad de un río que se niega a morir. Un viaje visual por su belleza indomable y por la vida que depende de su cauce y del bosque que aún está en sus riberas.
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