Erico Segovia

Erico Segovia

Fotógrafo

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El ojo de Dios

En el corazón del Chaco tarijeño, el cielo se abrió como un presagio: el ojo de Dios miró en silencio el bosque herido, implorando acción antes de que continúe la destrucción.

Una gran muralla de bosque para proteger al Pilcomayo

En las riberas del río Pilcomayo (Tarija, Bolivia), comunidades indígenas, productores y defensores e instituciones ambientales impulsan la creación de un corredor ecológico. Buscan frenar la deforestación y preservar un ecosistema vital antes de que sea demasiado tarde.

Pilcomayo indómito: el río que respira vida

En el río Pilcomayo, las redes vuelan como alas de esperanza mientras los pescadores weenhayek resisten entre brisas, aves y árboles caídos. Este fotorreportaje captura la belleza, la lucha y la fragilidad de un río que se niega a morir. Un viaje visual por su belleza indomable y por la vida que depende de su cauce y del bosque que aún está en sus riberas.
El río Pilcomayo fluye, ante la atenta mirada de Dios, que todo lo ve. Foto: Erico Segovia.

El ojo de Dios

En el corazón del Chaco tarijeño, el cielo se abrió como un presagio: el ojo de Dios miró en silencio el bosque herido, implorando acción antes de que continúe la destrucción.

El río Pilcomayo depende de la vegetación de sus orillas para conservar su cauce, mantener la humedad del suelo y sostener la vida que habita en sus márgenes. Foto: Karina Segovia/Revista  Nómadas.

Una gran muralla de bosque para proteger al Pilcomayo

En las riberas del río Pilcomayo (Tarija, Bolivia), comunidades indígenas, productores y defensores e instituciones ambientales impulsan la creación de un corredor ecológico. Buscan frenar la deforestación y preservar un ecosistema vital antes de que sea demasiado tarde.

Danza de redes en el Pilcomayo: En las aguas doradas del río Pilcomayo,
las redes danzan al ritmo del sol en Villamontes, tejiendo sueños donde el tiempo se detiene.

Pilcomayo indómito: el río que respira vida

En el río Pilcomayo, las redes vuelan como alas de esperanza mientras los pescadores weenhayek resisten entre brisas, aves y árboles caídos. Este fotorreportaje captura la belleza, la lucha y la fragilidad de un río que se niega a morir. Un viaje visual por su belleza indomable y por la vida que depende de su cauce y del bosque que aún está en sus riberas.

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