
La producción apícola está cambiando vidas. En diciembre termina el Programa quinquenal de Fortalecimiento de Organizaciones Apícolas, liderada por ADAPICRUZ y la fundación belga Miel Maya. Los resultados apuntan no solo a un aumento en la producción, sino, en todo el proceso y fortalecimiento de asociaciones de San Lorenzo, El Torno, La Guardia, Porongo y Okinawa. Ésta es la historia.

Los campesinos que viven en la comunidad tarijeña donde se encontraron muertos a 34 cóndores a comienzos de este año, se convertirán en los guardianes de estas aves y de todo lo que habita en las montañas. Cerca de 50.000 hectáreas serán elevadas a Área Protegida Municipal. Varias instituciones públicas y privadas se unen para lograrlo.

La sabiduría de uno de los pueblos indígenas más olvidados del mundo, recuerda que con cada árbol caído no solo sufren los bosques. Sus pocos habitantes viven en paz pero con temor a los incendios.

Once comunidades indígenas Chiquitanas se han quedado sin su principal fuente de alimentos. La sequía está tragando su laguna y la pesca ha desaparecido.

Más de 4.4 millones de hectáreas de bosques de seis territorios interconectados y protegidos por ley —en Santa Cruz (Bolivia)—, sufren los efectos directos o colaterales de la tala indiscriminada, los avasallamientos, el tráfico de tierras, la expansión de la frontera agrícola y los incendios forestales. Revista Nómadas realizó una expedición por cielo, ríos y tierra para conocer el corazón de una biodiversidad inmensa y a los grandes enemigos que están arrasando con la vida en esta parte del planeta.

Porvenir es una comunidad que ha sido resucitada por una palmera espigada que mide hasta 25 metros de alto a la que se conoce como asaí. Su nombre científico es Euterpe precatoria, pero en las tierras del Bajo Paraguá se la conoce como el milagro que ha devuelto la vida a la comunidad indígena Chiquitana y Guarasugwé.

No hay nada oculto bajo el sol del Bajo Paraguá: cuerpos de árboles tumbados, apilados como un estorbo, listos para que el fuego los consuma; brechas abiertas como heridas en el lomo de un animal y un mar verde que todavía queda.

Más de 4.4 millones de hectáreas de bosques de seis territorios interconectados y protegidos por ley en Santa Cruz (Bolivia), sufren los efectos directos o colaterales de la tala indiscriminada, los avasallamientos, el tráfico de tierras, la expansión de la frontera agrícola y los incendios forestales. Revista Nómadas realizó una expedición por cielo, ríos y tierra para conocer el corazón de una millonaria biodiversidad y a los grandes enemigos que están arrasando con la vida en esta parte del planeta.

El Bajo Paraguá es Reserva Forestal, Área Protegida Municipal y Tierra Fiscal no Disponible. En teoría, tres corazas legales que lo deberían proteger contra todo atentado que lastime el bosque y su ecosistema. Pero en Bolivia, a pesar de que el INRA confirmó que negó 59 solicitudes de dotaciones de tierras, los avasallamientos siguen y la deforestación avanza.

El piloto ha decidido no callar lo que ocurre en el mundo poco conocido de la fumigación y uso de agrotóxicos en los campos de cultivos de Bolivia. Dice, por ejemplo, que hay agroquímicos chinos genéricos y letales que están entrando a Bolivia sin control, que los aviones de fumigación aérea no registran plan de vuelo, que ninguna autoridad del Estado fiscaliza la letalidad de las aplicaciones en el campo. Se compromete a gestionar reuniones con el sector productivo para evitar que vuelva a registrarse la muerte masiva de abejas como ocurrió en Santa Cruz el 27 de mayo.
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