
El Bajo Paraguá es Reserva Forestal, Área Protegida Municipal y Tierra Fiscal no Disponible. En teoría, tres corazas legales que lo deberían proteger contra todo atentado que lastime el bosque y su ecosistema. Pero en Bolivia, a pesar de que el INRA confirmó que negó 59 solicitudes de dotaciones de tierras, los avasallamientos siguen y la deforestación avanza.

El piloto ha decidido no callar lo que ocurre en el mundo poco conocido de la fumigación y uso de agrotóxicos en los campos de cultivos de Bolivia. Dice, por ejemplo, que hay agroquímicos chinos genéricos y letales que están entrando a Bolivia sin control, que los aviones de fumigación aérea no registran plan de vuelo, que ninguna autoridad del Estado fiscaliza la letalidad de las aplicaciones en el campo. Se compromete a gestionar reuniones con el sector productivo para evitar que vuelva a registrarse la muerte masiva de abejas como ocurrió en Santa Cruz el 27 de mayo.

A Ramada se llega por un caminito arenoso escoltado por los exclusivos árboles esbeltos del bosque seco Chiquitano de la Bolivia profunda. Solo 18 kilómetros de una ruta imperfecta que nace a un costado de la carretera asfaltada. El camino es angosto y no se necesita más. Hay pozos bocones por aquí y por allá, pero uno no llega a odiarlos porque se imponen los cantos de las aves y los bullicios de la ciudad no existen ni siquiera en los malos recuerdos.

Solo el año pasado se desmontó en San Ignacio de Velasco (Santa Cruz, Bolivia) un equivalente a cuatro veces el tamaño de París. Desde 1986 hasta el 2020, las manos del hombre y sus maquinarias, han deforestado 555.234 hectáreas, 50 veces más que el tamaño de la capital francesa.

Lo que les pase a las abejas repercute en el ser humano. Eso lo sabe el gerente de Adapicruz, Osvaldo Soruco. Por eso, propone que a las abejas se las cuide como a la niña de los ojos.

La fumigación aérea en campos de cultivos en Santa Cruz, Bolivia, desató el desastre en la apicultura. Una docena de productores perdió el cien por ciento de 450 colmenas y 200 núcleos que iban a dar una cosecha de 15 toneladas de miel. Estiman que la ráfaga de veneno mató a más de 27 millones de polinizadoras. Otro duro golpe que recibe el medioambiente.

El director ejecutivo de la Fundación Avina lidera una campaña mundial para que se liberen las patentes y la vacuna contra el Covid-19 sea declarada un bien público global. De no conseguirlo, Bolivia terminaría de vacunar a su población dentro de más de dos años, Perú, en cinco, y Venezuela, dentro de 13 años.

La vieja casona está en Chile, mirando el mar. Sus paredes son cartas con promesas que no se las lleva el viento.

Escondido como un tesoro, se encuentra en el sur de Bolivia, a solo 60 km de la ciudad de Tarija y comparte territorio con Chuquisaca. Tiene una profundidad de 3.030 metros, es tierra de jucumaris y nido de cóndores que sobrevuelan en un cielo enorme.

Hermes Justiniano retrata todos los rostros de la naturaleza, y lo que va quedando de ella. Lo hace para cuidarla, para defenderla, para exigirle a los humanos que ya no destruyan el mundo. Desde las alturas también testifica las maravillas que aún tiene Bolivia, incluyendo la deforestación que avanza como una gangrena. Fotógrafo, aviador, constructor de instituciones medioambientales. Viajero eterno. Ésta es su historia:
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