
La informalidad laboral, el subempleo, la falta de oportunidades, la deserción estudiantil y la violencia sistémica configuran el escenario de vulnerabilidad en el que viven las madres adolescentes en Riberalta. Ante estas condiciones extremadamente difíciles, muchas de ellas no tienen otra opción que abandonar a sus hijas e hijos pequeños o darlos en adopción, lo que a menudo deriva en su institucionalización. Esta realidad es el reflejo de una crisis más profunda y multidimensional, donde confluyen la desprotección estatal, la pobreza estructural y un sistema de creencias que perpetúa la desigualdad. Así, las jóvenes madres llevan sobre sus espaldas una triple condena: su condición de ser mujer y el estigma de su género, su juventud interrumpida, y el vivir en la periferia de la amazonia. Por estar en los márgenes del país, parece quedar fuera de la mirada de la sociedad y del estado boliviano. Con todo, este reportaje no se limita a documentar el daño, sino que analiza la anatomía de una respuesta sistémica frente a la exclusión.
El contexto de la paradoja: entre la riqueza del paisaje y la precariedad
En pleno corazón del Norte Amazónico de Bolivia, a menos de hora y media del Brasil, pero a 19 horas de la ciudad de La Paz, se encuentra el municipio de Riberalta a 130 msnm, punto donde se abrazan los caudalosos ríos del Beni y Madre de Dios o “manutata” río grande de la llanura. Ambos ríos bajan desde la cordillera de Los Andes, a 4,500 msnm, y tras su largo recorrido acopian otras vertientes hasta desembocar en el océano atlántico. Riberalta, la perla amazónica del Beni, se caracteriza por su intenso clima tropical, denso y húmedo, con una temperatura promedio de 30 ºC. Su exuberante naturaleza —un mosaico de megadiversidad que entrelaza la selva alta con las sabanas inundables— es el motor económico y cultural de la región. Empero, este patrimonio enfrenta una fragilidad latente, marcada por un alto índice de riesgo municipal ante la recurrente amenaza de incendios e inundaciones.
Según el último censo, INE – 2024, Riberalta es el segundo municipio más grande del Beni con 110,302 habitantes, de los cuales el 77% es menor de 39 años, configurando una sociedad eminentemente joven. Ciudad intermedia que presenta un desordenado desarrollo urbano, de calles amplias y un tráfico incesante de motos. El municipio, centro estratégico para la explotación de recursos naturales y articulador regional, oculta tras sus paisajes de ensueño —amaneceres y atardeceres de selva— un tejido social local que se desgarra bajo una precariedad estructural, exhibiendo una realidad de contrastes asfixiantes, que afecta a su población, principalmente a las mujeres jóvenes del lugar.
La economía de Riberalta, marcada por el extractivismo, se organiza en torno a actividades estacionales, como la industria maderera, la creciente minería aurífera aluvial y, principalmente, la explotación de la castaña (también conocida como almendra o nuez amazónica). Al respecto, el Informe Boliviano de Comercio Exterior (IPCE) informa que entre el 2020 y 2024 la comercialización de la castaña alcanzó un valor 773 millones de dólares, siendo los principales destinos: los Países Bajos, Reino Unido, Estados Unidos, Alemania y Canadá. De esta manera, Bolivia se consolida como el principal productor y líder mundial de la castaña, dejando muy por debajo a Brasil y Perú, pues controla el 74% de las exportaciones a nivel mundial. Riberalta es el epicentro de este mercado: en ella se ubican 25 “beneficiadoras” que exportan castaña. No obstante, la región enfrenta la paradoja de ser un motor exportador mundial que convive con una precariedad laboral y barreras sociales para los sectores más vulnerables.
Riberalta crece sin parar, los últimos datos del Censo 2024 lo confirman, entre 2001 y 2024 la población aumentó un 45%. Hoy la ciudad tiene 110,302 habitantes, con una fuerte concentración urbana el 89% vive en la ciudad, es decir, 98,363 personas. Este incremento también se nota en quienes buscan trabajo, el número de personas de 14 años o más que trabajan se duplicó, llegando a un 85%. Y, cada año, de noviembre a abril, llegan los trabajadores migrantes de la “zafra”, que vienen exclusivamente para la temporada de recolección de la castaña. Más gente, más oferta de mano de obra, pero la demanda no crece al mismo ritmo, generando una tensión en el mercado. En Riberalta, el principal empleador sigue siendo el mismo rubro “la castaña” y no da abasto.

Alrededor de esta cadena productiva gira la economía formal e informal, consolidándose como el motor de la economía, con dominancia regional. Según el Centro de Investigación y Promoción del Campesinado (CIPCA) genera entre el 75% y el 80% del movimiento económico. La mano de obra se emplea en tres etapas de la cadena: La zafra o recolección de la materia prima en los bosques, trabajo mayoritariamente masculino. El procesamiento en las 25 “beneficiadoras”: quebrado, selección y empaquetado con mayor presencia femenina y de jóvenes. Y finalmente, la exportación o comercialización. Sin embargo, este rubro presenta dificultades por la falta regulación laboral. Las personas a penas trabajan unos pocos meses al año, pues el empleo es temporal. Quienes se internan en la selva enfrentan condiciones extremas y de alto riesgo. Persiste el “habilito” (sistema de endeudamiento por adelanto). Se paga a destajo. Todo esto se traduce en las familias que viven al vaivén de la cosecha, generando ciclos de inestabilidad, escasez de efectivo y precariedad cotidiana en las unidades familiares. Para las investigadoras Ferreyra y Pacajes (2022), esta dinámica económica cual montaña rusa financiera no solo afecta a los bolsillos, sino también genera estrés financiero constante, aumenta la tensión doméstica y, como consecuencia, crecen la violencia y el abandono familiar.
La radiografía de la exclusión
Detrás de cada nuez de castaña que cruza fronteras se esconden de trayectorias excluidas. Al respecto, el CIPCA advierte que, quienes sostienen esta cadena productiva se encuentran atrapados en ciclos de pobreza debido a la estacionalidad laboral y la precariedad. Este factor es un componente estructural de la exclusión socioeconómica de la región. Y los jóvenes son parte de esta injusta realidad. Al igual que en el resto del país, la juventud riberalteña afronta la informalidad extrema del mercado ocupacional. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) lo confirma, Bolivia tiene la tasa de informalidad más alta de la región, con más del 96% de sus jóvenes trabajando en empleos de baja calidad y por fuera de la protección y estabilidad laboral. El mismo informe, revela que esta informalidad afecta al 86% de las mujeres, por encima del 83% de los hombres. Al respecto Mariana Ralde, periodista y presidenta del Consejo Municipal de la Juventud de Riberalta, afirma que “Es muy duro el tema laboral, los trabajos son muy informales, pesados y no pagan bien. Los jóvenes trabajan de areneros, cargueros, atención de comercios. No hay muchas oportunidades. Una suerte similar afecta a los jóvenes profesionales, a quienes se emplean en pasantías o consultorías en línea bajo contratos de tres meses.
Realidad que se agudiza para las madres adolescentes quienes afrontan una triple condena:
El estigma de ser mujer y su género que se mide en horas y en bolivianos. Se ve reflejado en el bolsillo. Según testimonios de Mariana y Ami Lousa, directora de la Fundación FEL, las jóvenes tienen jornadas laborales agotadoras (de 08:00 a 19:00) por apenas 50 o 60 bolivianos diarios, monto que no alcanza para comprar un paquete de pañales (98 bolivianos). Muchas terminan trabajando en depósitos de mercados o comercios cerrados, expuestas al acoso de empleadores y a condiciones de explotación. El estigma en horas, la última investigación de la Coordinadora de la Mujer (2025) evidencia que las mujeres dedican 39 horas semanales al trabajo doméstico y de cuidados no remunerados, frente a solo 14 horas de los hombres.
La juventud interrumpida, el índice de embarazo adolescente en Riberalta para la gestión 2023 llegó al 27%, por encima del promedio nacional 17. La responsable del Programa de Salud Sexual y Reproductiva, Salud Adolescente y Violencia de la Red 07, Dina Gisbert, afirmó que “en el municipio llevamos más de diez años con altos índices de embarazo en adolescentes. Adolescentes de 10 a 19 años que acuden a los establecimientos de salud y no precisamente para una atención preventiva, sino para una atención prenatal”. Así mismo, Mariana Ralde manifiesta su preocupación por el número de adolescentes embarazadas infectadas con VIH, “Riberalta es uno de los municipios que tiene los índices más altos de ITS y con VIH, es sumamente preocupante”.
Vivir en la periferia de la amazonia, es una condición adversa no solo por su geografía, sino por cómo el Estado la excluye y posterga. Territorios donde muchas adolescentes son despojadas de sus derechos y son convertidas en “recurso” para el trabajo o el embarazo temprano. Donde las leyes apenas se aplican. Donde el aislamiento ha significado multiplicar las situaciones de alto riesgo, como la adultización temprana.
Probablemente estas son algunas de las razones por las que Riberalta registró una migración negativa de -3841 personas entre 2019 y 2024, lo que significa que miles de personas busquen oportunidades fuera de sus fronteras locales. Pero el flujo migratorio conlleva implicaciones negativas, “muchas jóvenes se van indocumentadas al extranjero, a Chile, a las textileras del Brasil, o al Perú. Es complicado porque a veces ya no retornan, sufren accidentes o mueren, y en el caso de las mujeres dejan en orfandad a sus hijos” asegura Mariana Ralde. Frente a este complejo panorama de exclusión laboral y social emerge en el paisaje urbano el café restaurant Jardín del Edén, como parte de una apuesta más concreta y amplia, con el fin de constituirse en una alternativa de construcción socioproductiva.

El oasis en el caos amazónico
A pocos pasos del mercado central de Riberalta y a media cuadra de la avenida Beni-Mamoré, está el “Café Jardín del Edén”. Un local idílico, que recibe a los comensales con el delicioso aroma a grano recién molido, la serenidad del ambiente, la calma de un estante con libros, los juegos de mesa, y de fondo, suaves melodías, al estilo de Sienna Spiro, “You Stole the Show”. En síntesis, un real cambio ambiental que rompe con el torbellino sensorial de la inquieta Riberalta.
El ambiente invita al encuentro y a la reflexión. A conversar y a quedarse. A simple vista, parece ser un café más; en realidad, es un modelo de negocio social. Un lugar de tranquilidad donde la propuesta va más allá de servir un capuchino bien emulsionado: se trata de evitar que una madre adolescente se vea en la necesidad de abandonar o “ceder” a su hija(o) a algún orfanato. El café Jardín del Eden y la Fundación Futuros de esperanza, representan una alternativa de solución tangible: integran capacitación, educación y una red de apoyo humano para las madres adolescentes. Se trata de una alianza estratégica que intenta resolver los graves problemas sistémicos del mercado y de las políticas estatales, los cuales han dejado en completo abandono a las madres adolescentes.
2022: el año en que la esperanza se sirvió en una taza
La mente creativa detrás de la propuesta es Amy Louisa Schefe, una australiana que llegó a Riberalta con el objetivo de realizar un año de voluntariado en un orfanato de la región. La experiencia vivida en el lugar, durante tres años, la puso frente una dura realidad. Muchos niños que estaban ahí no eran huérfanos, ni abandonados. Eran niños cedidos por familias y madres adolescentes que no estaban recibiendo la ayuda o capacitación necesaria para poder criar a sus hijos. Y, que se habían chocado contra el muro de la exclusión económica y social. También observó que estos niños y niñas crecían en entornos ajenos a su contexto original, siendo testigo del desarraigo cultural.
Ami, tras su retiro del orfanato regresó a su país de origen y un año después retornó a Riberalta con la convicción de poner en marcha la Fundación: Futuros de Esperanza y Logros – FEL. Teniendo como parte de su estructura al Café Jardín del Edén.
El proyecto nació en septiembre de 2022 con una idea simple y ambiciosa a la vez: ayudar a las mamás adolescentes para que no abandonen a sus niños. Comenzó ofreciendo a la población juvenil de Riberalta un espacio seguro donde puedan reunirse, conversar y sentirse acompañados. En Australia existen ambientes así, donde hay juegos de mesa, papas fritas o algo para comer y tomar. Estos centros cuentan con personas disponibles para quienes necesitan hablar o pedir ayuda. La lógica de estos centros es clara, brindar un espacio propio y seguro, un lugar de donde nadie te bote, con el fin de “Sacar a los jóvenes de las calles, para que no estén haciendo problemas afuera” concluye Ami.

Arquitectura social de la FEL: un diseño de acuerdo a sus necesidades y metas
El Café Jardín del Edén y la Fundación FEL, se presentan como dos vertientes de un mismo propósito. Son como el hilo y la aguja, diferentes, pero trabajan juntos. La cafetería es parte de un modelo de autosostenibilidad social. A diferencia de cualquier otro emprendimiento, las ganancias del Café Jardin del Edén no terminan en cuentas particulares. Cubren los gastos del local y el excedente se destina a los programas de la Fundación. Con el pago de cada delicia que se sirven los clientes se financia parte de los programas de apoyo a las madres adolescentes. Así, “dos bolivianos del costo de mi capuchino es para ayudar a otras personas. Los clientes pueden ver que se está trabajando por otra meta, para ayudar a personas de su comunidad” afirma Ami.
La fundación nació gracias a las donaciones externas – especialmente desde el país de origen de Ami – pero el objetivo es poder llegar a un punto donde no necesiten pedir ayuda, ni depender de las donaciones.
Con un español algo mezclado, Ami amablemente relata sobre el proceso de admisión al programa. El ingreso de las madres adolescentes no es de manera automática. Comienza con la visita de Ami a las Unidades Educativas, o con la distribución de volantes donde se ofrece los servicios gratuitos del programa. Las jóvenes se comunican y se presentan ante Ami. En ese momento se realiza la aplicación de un formulario para registrar datos generales (edad, escolaridad, etc.) y situación familiar. Se prosigue con la entrevista para identificar necesidades y metas de las adolescentes. Finalmente se realiza la visita domiciliaria para conocer su contexto, sus dificultades reales y el entorno de apoyo. Pero, además, Ami concluye que como “trabajamos con menores de edad, necesitan permiso de sus padres”. En base a la información recabada, se sistematiza y diseña, junto a la adolescente, un plan de intervención personalizado.
El programa estima un acompañamiento aproximado de dos años y medio a tres años. Ami lo calcula así: “Normalmente estoy conociendo a las chicas cuando están con su bebé antes de sus seis meses. Apoyamoshasta que el niño tenga tres años. Tiempo en que la madreestá en buen camino, logrando sus metas, termina estudios, se capacita o comienza a trabajar”. La propuesta de Ami no es asistencialista, es integral. El trabajo de la fundación se enfoca en tres áreas estratégicas orientadas a garantizar la independencia de las jóvenes:
Educación: la fundación provee material escolar y el apoyo necesario (orientación, pago de matrículas, uniformes, tiempo y espacio) para que las adolescentes terminen el bachillerato o sigan carreras técnicas.
Capacitación laboral: El café Jardin del Edén funciona como una escuela práctica. Aquí las jóvenes aprenden habilidades desde atención al cliente, comunicación, relaciones humanas, presentación, hasta barismo, panadería, higiene y manipulación de alimentos, y gestión de cocina. Entender el negocio y adquirir el conocimiento básico de todo. Después, según los intereses de cada una se profundiza en repostería, bebidas, etc. Para Ami la clave de esta etapa es el interés, porque “no todas quieren aprender todo, y eso está bien”.
Desarrollo Personal: se brinda apoyo psicológico y diversos talleres (de autoestima, de artesanías, etc.) dirigido a trazar un plan de vida. Un elemento que contribuye al desarrollo personal es la red de apoyo que se ha construido entre trabajadoras del café. Cada trabajadora, no beneficiaria, ha sido seleccionada por su carácter, por ser madre adulta o por ser joven sin hijos. Se fomenta el apoyo mutuo y el intercambio de experiencia sobre crianza, familia y vida en general. Transformando la jornada laboral en un espacio de diálogo que consolida la red de apoyo y contención.
Cuatro adolescentes, cuatro caminos diferentes
Actualmente la Fundación FEL trabaja con cuatro madres adolescentes bajo un diseño personalizado según sus necesidades. Dos de ellas son empleadas en la cafetería. Una tercera dejó el café para trabajar en la zafra, con el sueño de capitalizarse e iniciar su propio negocio. La cuarta, apenas tiene 15 años, y su prioridad es terminar su bachillerato. Ami con notorio optimismo relata “Este año va a salir, con 15 años va a tener su diploma. A fines de año comenzaremos un plan de vida para su futuro”.
Cada caso tiene sus particularidades y la idea es ir avanzando paso a paso. No se pueden solucionar todos los problemas, ni satisfacer todas las necesidades de golpe. Para Ami está claro “Si la necesidad principal son ingresos, empezamos por el trabajo. Si es estudiar, priorizamos el colegio”. Recuerda enfáticamente a las trabajadoras que “esta cafetería no es tu vida”, este empleo no es el destino final, es secundario y solo es un peldaño para mejorar sus futuras oportunidades.
Diseñar estrategias a medida para las adolescentes, implica que la cafetería tenga flexibilidad, esté dentro de la norma y tome distancia del mercado laboral convencional e informal. En Riberalta impera lo que Ami denomina la “cultura del despido”, práctica normalizada donde una mujer es despedida si pide permiso, o tiempo, para estudiar, atender a su hijo o para resolver algún problema familiar. Por el contrario, trabajar en el café Jardín del Edén es diferente. Aquí los horarios se cuadran alrededor de las clases del colegio o el instituto, y se permite la presencia de niños en el espacio laboral. Habilitando ambientes para el cuidado, la recreación y el juego, permitiendo unir el hogar y el trabajo. En oposición al mercado laboral de la explotación, Jardín del Edén plantea un modelo de reciprocidad comunitaria.
Variable
Mercado Laboral Informal
Modelo Jardín del Edén
Flexibilidad
Despido fulminante por enfermedad del hijo.
Permiso de cuidados y acompañamiento.
Estabilidad
Despidos preventivos para evitar aguinaldos.
Estabilidad garantizada y beneficios de ley.
Educación
Jornadas de 11h; la familia y el estudio se castigan.
Prioridad absoluta: turnos adaptados a clases y a las necesidades emergentes.
Relación Laboral
Desechable, de explotación y con riesgos de acoso.
Capacitación, inducción y red de apoyo.
Historias de éxito: de la exclusión a la independencia
Los resultados de este modelo hablan por sí solos. Responden a una intervención integradora y gradual, que entrelaza dos dimensiones: La primera dimensión, es el modelo de negocio del Café del Edén que redefine su productividad desde una óptica humanista. Así el espacio, además de ser comercial, es un centro estratégico de capacitación y aprendizaje especializado. La segunda dimensión es el fortalecimiento del capital humano, un proceso de evolución gradual que se sustenta en la capacitación básica, el respaldo de redes colaborativas de apoyo y el soporte a la formación académica. Desde la perspectiva de Ami el modelo desmitifica la idea de que la maternidad temprana sea el fin de todo. Además, considera que parte del éxito del proyecto está en conseguir integrar la maternidad en el espacio de trabajo. La intervención de la FEL, junto al Café del Edén, permiten la ruptura de los ciclos intergeneracionales de pobreza.
Cambiando historias de vida: dos testimonios de resiliencia
El empleo digno actúa como un catalizador de bienestar. Para estas jóvenes, el café es el lugar donde dejan de ser “el problema social” para convertirse en sujetos de derechos. El aroma del cambio es una invitación a entender que el futuro de una madre adolescente puede ser tan robusto y estimulante como el café espumante. En este caso, el cambio comienza con una taza a la vez.
El proceso que rompe el círculo de la pobreza
Harumi recuerda que, de niña, veía a su madre trabajar 11 horas al día por apenas 50 bs. Parecía ser un destino ya trazado para ella. Madre adolescente, sin redes de apoyo y, viviendo en una ciudad donde le mercado laboral es implacable. Pero un encuentro inesperado cambió su historia y cortó con el ciclo.
Para esta joven madre todo comenzó cuando una extranjera de piel muy blanca, llamada Ami, llegó a su colegio a reunirse con la directora y las cinco jóvenes que ya eran madres. Ella recuerda, muy honestamente, su primera impresión: «Yo pensé, cómo ella que es blanca, cómo se podía interesar en nosotras, si ella es una persona rica». El desconcierto inicial se disolvió, cuando Ami las invitó al café Jardín del Edén para celebrar el Dia de la madre. Ahí les ofreció ayuda y Harumi no dudó en pedir trabajo.
Esta joven conoce muy bien la dureza económica y emocional del mercado informal. La ha vivido junto a su madre y la ha visto en Ángela, su amiga que vende pan todo el día por 60bs. También conoce las exigencias de los empleadores, quienes demandan experiencia que se niegan a dar.
Estas lógicas del mercado son desafiadas por el café Jardín del Edén, incorporando a su dinámica a jóvenes como Harumi. Madre de 18 años con un hijo de dos años, que se distrae en el espacio seguro del café, mientras su mamá atiende las mesas. Lleva más de un año trabajando y su madre, dice, estar contenta por ella.
Harumi dejó de elegir entre el sustento y su hijo; pudo terminar su bachillerato gracias a esta red de seguridad. Para ella el café y Ami son una esperanza de vida. Con gratitud reconoce todo el apoyo que le fue brindado: «doña Ami es una buena persona, me ha ayudado bastante. Me dio trabajo, me ayudó con el bebé, me dio ropa y me dio el permiso de traerlo a mi bebé, porque no tenía con quien dejarlo… Me dio la oportunidad de aprender, ella nos capacita con una paciencia grande… yo no tenía experiencia de trabajar en una cafetería y ella me enseñó». Aunque la intervención social en Harumi continua en proceso, ella compartió su reflexión de esperanza, subrayando que la mirada hacia los hijos es el impulso definitivo para el cambio:«A las mamás como yo les digo que sí se puede salir adelante. Siempre hay personas buenas dispuestas a ayudar».

El tránsito de pañales, al sueño de la medicina
La segunda historia es de Alejandra, joven de 22 años de edad y un hijo de 3 años. Ella llegó a la fundación siendo estudiante de secundaria, con un bebé de meses en brazos, al borde del abandono escolar, y según relata: «sin saber hacer nada». Hoy es ayudante de cocina, ha terminado tres carreras técnicas y planea trabajar para estudiar la Carrera de Medicina en Santa Cruz.
Todo comenzó durante una campaña de salud en el barrio lejano de La Amistad, zona ubicada en los márgenes periurbanos, a 15 km de Riberalta. En esa ocasión la hermanita de Alejandra recibió un folleto con información del proyecto. Movida por la curiosidad, Alejandra decidió llamar al número que la comunicaría con Ami. La respuesta fue inmediata, el proyecto actuó en dos frentes: soporte práctico y urgente (pañales, leche, ropa, medicinas) para quitar la presión apremiante, y soporte estratégico (orientación psicológica continua).
La joven madre comenzó trabajando pocas horas en el café. Empezó de cero, fue barista, y de a poco fue conociendo más tareas, ahora es ayudante de cocina. El proceso genero en ella estabilidad, que le permitió sostenerse mientras crecía su hijo. Durante este periodo Alejandra logró construir y consolidar su perfil profesional. Se graduó como bachiller, continuó estudiando hasta obtener la doble titulación en la Cruz Roja como técnico auxiliar en enfermería y de farmacia. Sus padres, dicen estar orgullosos de ella y reconocen el gran apoyo que significa la fundación, no solo para Alejandra y su hijo, sino también para sus cinco hermanas menores.
Hoy Alejandra no solo tiene un trabajo, un espacio seguro para su hijo y tres carreras técnicas. Tiene algo que el sistema niega a las familias: una red de apoyo material y contención afectiva, «A mí me gusta mucho estar aquí, porque aquí conocí una amistad con las chicas, con doña Ami. A ellas las tomo como unas hermanas, una familia». Tiene su mirada hacia un nuevo futuro en Santa Cruz y sabe que su historia puede ser un espejo para otras madres adolescentes que hoy están donde ella estuvo, sin saber cómo salir adelante, a quienes manda un mensaje, «A las chicas que tienen sus bebés les digo que sigan adelante, que no se rindan y que todo se puede».

El eco del éxito y la cafetería que conquista Riberalta
En tres años las metas planteadas han comenzado a materializarse y los logros del modelo se hacen visibles. Con total satisfacción Ami afirma, «veo los resultados en ellas y vale la pena. Así que sí, si estoy muy orgullosa de ellas». Se percibe la sorpresa de la mentora al escuchar los relatos de las jóvenes y ver su crecimiento. De no poder pagar un paquete de pañales a planificar una carrera como médica es un gran salto. El cambio es posible gracias a la combinación de esfuerzos entre la Fundación Futuros de Esperanza y logros (FEL) y el café Jardón del Edén. Una intervención de éxito que no contempla formulas estandarizadas, sino acciones apropiadas al momento vital de cada joven.
La portada es la cafetería Jardín del Edén. Los clientes del café coinciden en dos cosas: la calidad del producto y la paz del entorno. «Excelente, tiene un sabor único, peculiar, diferente», resume uno de los visitantes habituales.El lugar no solo seduce el paladar, varias personas destacan la ausencia de ruido y el ambiente acogedor. Con opiniones por demás positivas de clientes nuevos y recurrentes:«Es bonito, nunca había visto un café así». «Es un lugar ideal para venir con amigos a conversar». «No se escucha el bullicio. Hay juegos de mesa, se puede leer, charlar. En sí, es un lugar tranquilo». «Vengo casi tres veces por semana. La comida y las bebidas son deliciosas».
Pero hay un detalle que muchos desconocen. Detrás de cada consumo, hay una red de rescate que se desplaza para ayudar a madres adolescentes. Así, la confitería transforma el acto de compra en un acto de apoyo y conciencia social. Al enterarse que el consumo apoya a madres adolescentes, los clientes desarrollan una lealtad que va más allá del sabor y el servicio, «es un motivo más para venir». La experiencia de un buen servicio que promueve hábitos de consumo consciente en los riberalteños. Mariana Ralde destaca el valor del proyecto por su impacto multidimensional en las madres adolescentes.
A pesar de los logros, Ami reconoce que es un trabajo de largo plazo donde los resultados no son inmediatos. La hoja de ruta del proyecto de aquí a cinco años es: aumentar la atención de 10 a 15 jóvenes de manera simultánea. Contar con una infraestructura para tener un Centro Infantil y una casa de acogida para emergencias. Fomentar emprendimientos propios de las jóvenes. Abrir sucursales gestionadas por las propias beneficiarias, duplicando el modelo de autonomía.
Los grandes problemas como la desigualdad extrema y los fallos del estado parecen monstruos que paralizan. El reportaje revela que a veces la solución está en la microintervención local y sostenida. Donde el impacto se mide en la capacidad de cambiar positivamente las trayectorias de vida. Para Ami las jóvenes “solo necesitan un poco de ánimo y la creencia de alguien en ellas”; pero en realidad se requiere aplicar sentido común, empatía, flexibilidad y redes de apoyo.
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Esta investigación fue realizada con el apoyo del Fondo Concursable de la Fundación para el Periodismos (FPP) en el marco del proyecto Periodismo de Soluciones.
Ficha técnica
Reportaje: Dimelsa Chavez Tipola.
Ubicación: Riberalta, Beni, Bolivia.
Fotografías: Archivo del reportaje Magaly Luz Chavez y archivo @jardindeledenriberalta
Fuentes: Organización Internacional del Trabajo (OIT), Centro de Investigación y Promoción del Campesinado (CIPCA), Coordinadora de la Mujer (2025) y testimonios recogidos
Ficha del testimonio: Ami Louisa Schefe, impulsora de la fundación “Futuros de Esperanza y Logros” y administradora del Café Jardín del Edén, Riberalta, Bolivia.
Ficha del testimonio: Annet Jarumi Méndez Cordero, beneficiaria del proyecto “Futuros de Esperanza y Logros” y trabajadora del Café Jardín del Edén, Riberalta, Bolivia.
Ficha del testimonio: Alejandra Ascui Roca, beneficiaria del proyecto “Futuros de Esperanza y Logros”, trabajadora del Café Jardín del Edén, técnica en enfermería y aspirante a estudiar medicina. Riberalta, Bolivia.
Ficha del testimonio: Domitila Rada, madre de una de las beneficiarias del proyecto.
Ficha del testimonio: Lic. Dina Gisbert, responsable del Programa de Salud Sexual y Reproductiva, Salud Adolescente y Violencia de la Red 07, Riberalta, Bolivia.
Ficha del testimonio: Mariana Ralde, periodista y presidenta del Consejo Municipal de la Juventud de Riberalta, Bolivia.
Sobre el autor
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Dimelsa Chavez Tipola
Dimelsa Chavez Tipola es Investigadora social, licenciada en Trabajo Social por la Universidad Mayor de San Andrés, con formación en Derechos Humanos, Género, Interculturalidad y Derechos Sexuales y Reproductivos. Cuenta con experiencia en gestión de proyectos socioeducativos, coordinación de estrategias de prevención de violencia y fortalecimiento comunitario, promoción de equidad, educación popular y sistematización de experiencias.



