
La fiesta del cine ambiental comienza hoy a partir de las 19:00 horas. Tras años de incendios devastadores y heridas profundas en nuestros bosques, volver a encontrarse en la penumbra de una sala para mirar juntos el monte y lo que habita en él, es un acto reparador y también urgente. La Fundación Amigos de la Naturaleza (FAN) reafirma que la conservación de la biodiversidad se teje a través de historias compartidas en la pantalla grande.
En la presente entrevista, Karina Sauma, directora de Comunicación de la FAN, nos adentra en las claves del XIII Festival Internacional de Cine Verde 2026, una muestra gratuita de 24 producciones audiovisuales que se proyectará el 27, 28 y 29 de octubre en el Centro Boliviano Americano de Santa Cruz. Sauma repasa las historias de resistencia que conmueven en esta edición, detalla los conversatorios con reconocidos cineastas y fotógrafos, y explica cómo el cine se convierte en la herramienta más potente para enamorarnos de nuestros territorios y comprometernos con su defensa.
—Reencontrarse en una sala de cine a hablar de naturaleza siempre tiene algo de magia. ¿Qué ambiente se respira este año y qué significa para la FAN volver a abrir las puertas del festival?
—En esta versión, como en todas, se respira entusiasmo, pero también el mensaje de urgencia. Llegamos a esta decimotercera versión después de años muy duros para nuestros bosques, con incendios que todavía duelen. Por eso, volver a encontrarnos en una sala tiene algo de reparador: es un espacio para mirar juntos lo que está pasando y también lo que se está haciendo bien. Para la Fundación Amigos de la Naturaleza, FAN, abrir las puertas del Festival Internacional de Cine Verde es reafirmar algo en lo que creemos desde 2011: que debemos conocer para conservar, que la conservación no se hace solo en el campo o en los informes técnicos. También se hace con la gente, con emociones y con historias compartidas.

—A los que lleguen a la sala de cine, ¿con qué se van a encontrar en pantalla? Contanos sobre las historias, las películas, documentales y esos paisajes que nos van a conmover en esta edición.
— Esta versión tiene prevista la muestra de 24 producciones audiovisuales entre cortometrajes documentales nacionales, internacionales, largometrajes y reportajes que han sido seleccionados a través de una convocatoria pública y que forman parte de la muestra 2026. También van a conocer a las mujeres tacana que tejen como las arañas del bosque y dicen que sus manos “escuchan al bosque”. Van a escuchar a un abuelo tacana que antes cazaba al jaguar y hoy lo deja pasar, “que se vaya, que le vaya bien”. Van a mirar a los ojos a Elvira, una mujer ayoreo que nos recuerda que su pueblo es “hijo del monte”. Hay historias de esperanza, como la de una escuela del Bajo Madidi a la que por fin le llegó el agua, o quienes aprendieron a producir sin quemar. También hay humor: un corto donde una higuera, en vez de higos, da una bola de discoteca. Y de fondo, paisajes que conmueven: el bosque nuboso de Alto Beni, los ríos del Madidi al amanecer, la selva de Pilón Lajas. Hay muchas historias, quisiera mencionarlas todas pero ahí está la magia que puedan asistir los tres días de cine y admirar en cada producción el gran talento boliviano plasmado en la pantalla grande.
—El cine no se termina cuando se apaga la pantalla; después viene el diálogo. ¿Qué conversatorios y qué invitados especiales van a estar compartiendo con el público?
—Antes de cada función el día 1 y 2 tendremos conversatorio. El primer día se denomina: “Miradas que transforman: el cine como acción por la naturaleza”, con la presencia de tres panelistas: Gory Patiño, Alejandro Fuentes y Alejandro Loayza bajo la moderación de Roberto Navia y el segundo día el conversatorio se llama: “La naturaleza en foco: fotografía, memoria y defensa de los territorios”, con la presencia deAndrés Unterladstaetter, Daniel Coímbra y Eduardo Franco bajo la moderación de Valeria Bacarreza. Queremos que el público pueda preguntarles directamente a quienes hacen las películas y a quienes viven estas realidades en el territorio. Ahí es donde el cine se convierte en diálogo, y el diálogo en compromiso. El día 3 y cierre además de la proyección de cortos, documentales y películas tendremos la premiación.

—A veces la realidad ambiental abruma o nos deja sin palabras. ¿De qué manera el cine y la fotografía logran tocar esa fibra sensible para que la gente no mire a otro lado y se entusiasme con cuidar lo nuestro?
—Las cifras informan, pero las historias transforman. Uno puede leer que se perdieron millones de hectáreas y quedarse paralizado. Pero cuando ves en pantalla a una niña que sueña con “ser una gran tejedora como mi mamá”, o el rostro de un abuelo que dice “si se termina, no lo veremos”, el problema deja de ser abstracto y tiene nombre y rostro. Lo mismo pasa con la fotografía y aprovecho de mencionar nuestra exposición “Sabores con Raíz”, que está en Manzana Uno hasta el 29 de diciembre, la almendra chiquitana, el totaí o el asaí nos recuerdan que el bosque también está en nuestra mesa. El cine y la imagen no nos piden que miremos la tragedia con miedo. Nos invitan a enamorarnos de lo que tenemos, y quien se enamora cuida.
—Son 13 años sosteniendo este festival. Mirando hacia atrás, ¿cuál ha sido la mayor satisfacción de la FAN al ver cómo creció este espacio en la comunidad?
—Ver que el festival dejó de ser “de la FAN” y se volvió de la gente, de las comunidades, de la ciudad. Al principio mostrábamos películas que conseguíamos de afuera. Hoy recibimos obras de realizadores bolivianos, de estudiantes, de organizaciones y hasta de los propios pueblos indígenas, que se graban a sí mismos y cuentan su historia con su propia voz. Esa es quizás la mayor satisfacción: que el festival ayudó a que más gente se anime a contar su territorio. Y ver cada año a jóvenes que llegan por curiosidad y salen con ganas de hacer algo.
—Llevar adelante un evento de esta escala requiere remar en equipo. ¿Qué alianzas e instituciones hicieron posible que el festival siga vivo y gratuito para la gente?
—Nada de esto sería posible sin quienes reman con nosotros. Queremos agradecer a la Plataforma Ambiental Suecia / Unión Europea en Bolivia, al Centro Boliviano Americano de Santa Cruz que nos dio el espacio, a Conservación Internacional, a los medios de comunicación, y por supuesto a todas las organizaciones, productores, directores de cine que nos confiaron sus obras. Que el festival sea gratuito es una decisión de principio: creemos que el acceso a estas historias no puede depender de cuánto tiene uno en el bolsillo. Cada alianza hace que una persona más pueda sentarse en la butaca.
—Al final de estos tres días, cuando las luces se apagan y la gente vuelve a su casa, ¿qué semilla o qué idea te gustaría que se lleven en el corazón?
—Que el bosque no está lejos. Está en el agua que tomamos, en el aire que respiramos y en lo que comemos. Y que cuidarlo no es tarea de unos pocos, sino de todos, desde lo pequeño. Me gustaría que cada persona salga de la sala con una historia que le haya tocado y con ganas de contársela a alguien más. Si cada uno pone su hilo, juntos tejemos el futuro. Cerrar los tres días con el mensaje que si no conocemos lo que tenemos es muy difícil que se pueda conservar.




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