
Imágenes que revelan el pulso del Planeta
Nomadeando: La vegetación del bosque seco reclama su lugar sobre la memoria de un océano desaparecido.
Huáscar Azurduy
En una decisión conjunta, Palmarito de la Frontera se declara comunidad defensora del cusi por encima de la construcción de una vía que iba a destruir su patrimonio natural y el sustento de sus familias.

Las lavanderas del río Negro en Baures, Beni, Bolivia, trabajan en comunidad, manteniendo viva una tradición cultural.

Un osezno perdido en Los Yungas y el encuentro con guardaparques y el fotógrafo Reynaldo San Martín, revelan la silenciosa labor de conservación en Bolivia.

Elena Mendoza Torrico expone la lucha desesperada de una mujer contra los incendios en La Esperanza (Ascensión de Guarayos), denunciando la destrucción de la vida silvestre y el impacto de la indiferencia humana, y llamando a la acción para salvar la naturaleza en Bolivia.

No se le ve el rostro. Pero uno puede imaginar el tamaño del espanto en su rostro, en su mirada. Arrodillado en el suelo, con

La serranía de Santiago (Santa Cruz, Bolivia), antes vibrante y llena de vida, ahora está envuelta en una capa densa de humo, producto de los voraces incendios forestales. En medio de esta desolación, una pareja de parabas surca el cielo, sus siluetas resaltando contra el fondo gris.

Las puertas del infierno están instauradas en los bosques de Santa Cruz (Bolivia). La raza humana ha puesto su veneno una vez más y lo ha hecho sin misericordia.

Ante la denuncia presentada por el alcalde del Gobierno Autónomo Municipal de San Ignacio de Velasco, Ruddy Dorado, con relación a los asentamientos ilegales en el Bajo Paraguá y la solicitud de desalojo, el Instituto de Reforma Agraria (INRA) emitió un informe técnico-legal el 18 de junio, mediante el cual confirmó que el Área Protegida…

Miren cómo avanza la deforestación, cómo muerde con furia el ecosistema.

Hubo un tiempo en que existía en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, un humedal que era la casa de capiguaras, de peces y de otros animales silvestres que vivían sin sobresaltos porque la mano dañina del hombre todavía no había llegado con sus modales de barbarie.

El veneno, un agroquímico aún no identificado, cayó del cielo el 27 de mayo.
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