
El bosque perdió una de sus voces más firmes y luminosas. El pasado domingo 1 de marzo, en Santa Cruz de la Sierra, se apagó la vida de Pamela Rebolledo Garín a los 56 años. Sin embargo, su causa permanece encendida: la defensa del agua, de los acuíferos, de las áreas protegidas y de esa biodiversidad que ella no entendía como un simple paisaje, sino como el sustento mismo de la vida. Con su partida, Bolivia no solo despide a una bióloga brillante, sino a una conciencia incómoda y valiente que recordó, una y otra vez, que sin bosque no hay agua, y sin agua no hay futuro.
Bióloga con Maestría en Ecología y Conservación, Pamela dedicó su vida profesional a articular ciencia, gestión pública y acción territorial. Su trabajo se caracterizó por un enfoque estratégico de conservación del paisaje y cambio climático, promoviendo relaciones interinstitucionales entre el sector público, privado y organizaciones de la sociedad civil, así como un diálogo permanente con gobiernos indígenas y organizaciones de base.
Pamela, que nació en Santiago de Chile el 13 de junio de 1969, fue una firme defensora de la seguridad hídrica del departamento de Santa Cruz, donde hizo su cálido hogar con Samuel Sangueza Farah y con quien tuvieron cuatro hijos, tres hombres y una mujer. Durante su gestión como presidenta del Colegio de Biólogos en 2023, lideró junto a los demás colegiados de profesionales ambientales de Santa Cruz y plataformas ciudadanas la defensa científica y técnica de los acuíferos del área protegida Güendá-Urubó y del Parque Nacional Amboró frente al proyecto carretero impulsado por la ABC con financiamiento de la CAF, aportando argumentos técnicos y evidencia sobre los riesgos al sistema hidrológico metropolitano.

Recientemente, brindó a la Asamblea Legislativa Departamental datos científicos claves para la protección del Área de Conservación e Importancia Ecológica Ñembi Guasu y del Gran Paisaje Chaco-Pantanal, territorios de enorme relevancia ecológica e hidrológica para el departamento y el país, frente a la amenaza de un proyecto carretero que pretendería partir en dos esa área protegida.
Desde la Fundación NATIVA, donde trabajaba como técnica en la oficina de Santa Cruz, impulsó el fortalecimiento de la gestión del ACIE Ñembi Guasu y la articulación interinstitucional para la conservación del Gran Paisaje Chaco-Pantanal, con un enfoque especial en la conservación del jaguar en este importante corredor biológico sudamericano para la especie. Asimismo, desempeñó un rol fundamental en la Red Interinstitucional de Restauración Ecológica de Bolivia (RIREB), coordinando esfuerzos entre academia, sociedad civil y entidades públicas.
Entre 2014 y 2017, fue Coordinadora del Programa Departamental de Cambio Climático del Gobierno Autónomo Departamental de Santa Cruz, donde trabajó en la construcción del Acuerdo por el Agua (APA) y el Plan de Gestión Integral de Recursos Hídricos, incorporando la adaptación al cambio climático en la planificación pública y promoviendo procesos de gobernanza hídrica. También dirigió el Programa de Educación Ambiental, fortaleciendo capacidades y conciencia ambiental en el departamento.
En 2020 coordinó la elaboración del Plan de Restauración de las áreas afectadas por los incendios de 2019 en Santa Cruz, con financiamiento del PNUD, articulando trabajo técnico con ministerios, investigadores y organizaciones de la sociedad civil para la evaluación de impactos y planificación de acciones de restauración.
Autora y coautora de múltiples publicaciones técnicas sobre áreas protegidas, restauración ecológica, adaptación al cambio climático y gestión de paisajes productivos, Pamela Rebolledo fue una referente en la generación y gestión del conocimiento aplicado a la toma de decisiones.

Su conocimiento y su voz resonaron en distintos escenarios de toma de decisión, tanto en su paso como presidenta del Colegio de Biólogos como en su ejercicio profesional. Intervino en espacios ante la Gobernación de Santa Cruz, la Asamblea Legislativa Departamental, Brigada Parlamentaria de Santa Cruz e incluso ante la Asamblea de la Cruceñidad del Comité Cívico Pro Santa Cruz, donde aportó datos científicos clave en la defensa frente a los incendios forestales y en la protección de nuestros bosques y sistemas hídricos.
Frente a la Asamblea de la Cruceñidad convocada en noviembre de 2023, frente a actores conocidos del ámbito agrícola y ganadero, su intervención fue contundente y clara:
“Quisiera que se queden con el desafío de los pantalones bien puestos para ver qué vamos a hacer…. Mientras no conservemos el bosque, señores, no va a haber agua. Y sin agua, no sólo que no hay vida, no hay desarrollo. No es posible el desarrollo sin agua. Y sin bosque, así de sencillo, no hay agua.”
Esa convicción ha marcado su trayectoria. Sus argumentos técnicos fueron fundamentales en la defensa de los acuíferos y de áreas protegidas estratégicas para sostener el ciclo hidrológico y garantizar el agua para la ciudad de Santa Cruz y el departamento.
Su legado trasciende cargos y proyectos. Deja una huella profunda en la construcción de políticas orientadas a la resiliencia climática, la conservación y el desarrollo sostenible en Bolivia. Su trabajo demostró que la ciencia puede y debe ponerse al servicio del bien común.
Hoy, su partida deja un vacío profundo en la comunidad científica y ambiental del país. Pero también deja una responsabilidad colectiva: continuar defendiendo con rigor, valentía y coherencia aquello que sostiene la vida.
Pamela Rebolledo no solo aportó conocimiento; sembró conciencia.
Ese legado permanecerá en cada decisión que priorice el agua, el bosque y la vida por encima de cualquier interés coyuntural.
Su voz seguirá resonando donde haya que defender la naturaleza.
Voces que honran su legado
Iván Árnold, director de la Fundación NATIVA, la recuerda a Pamela como una persona que vivía la conservación con una entrega absoluta. “Quienes tuvimos el privilegio de compartir el día a día con ella en NATIVA sabemos que Pamela no venía simplemente a cumplir con los proyectos que tenía a su cargo; ella les entregaba el alma”, afirma. Para Árnold, en el camino de la conservación es poco común encontrar a alguien con la integridad y la coherencia que ella demostraba cada día. “Su compromiso iba mucho más allá de un trabajo formal o un horario; era una vocación de vida inquebrantable”, señala. Por eso, dice, más allá del dolor por su partida, queda la certeza de haber compartido con una persona extraordinaria: “Esta pérdida hace aún más grande el vacío que deja como compañera de trabajo, pero más que llorar su muerte, corresponde sobre todo celebrar su vida”.
El biólogo Romer Miserendino la recuerda desde los pasillos del antiguo Museo de Historia Natural “Noel Kempff Mercado” de la UAGRM. “Nos conocimos en 1989, cuando éramos auxiliares ad honorem. Desde entonces nació una linda amistad”, cuenta. Años después, volverían a coincidir en la Maestría en Ecología y Conservación del Instituto de Ecología de la UMSA. “Siempre fue líder y apasionada por la conservación de los ecosistemas”, dice, evocando los estudios de biodiversidad que compartieron, la directiva del Colegio de Biólogos de Santa Cruz 2023-2024 —con Pamela como presidenta— y, más recientemente, el trabajo conjunto en Fundación NATIVA por la conservación del Gran Paisaje Chaco-Pantanal.
A ese recuerdo se suma la voz quebrada de Daniela Justiniano, fundadora de Alas Chiquitanas Voluntarios, quien habla desde la amistad y la gratitud. “Todavía tengo un nudo en la garganta y un profundo dolor en el alma”, confiesa. Para ella, el paso de Pamela no solo marcó el activismo ambiental articulando ciencia y compromiso ciudadano, sino también su vida personal: “Su calidad humana, su luz como mujer de fe, sus palabras de aliento en un momento difícil, hacen que me cueste aún más su partida”.
Daniela lamenta que todavía no se dimensione el vacío que deja su voz. “Santa Cruz pierde una profesional invaluable”, afirma, recordando su defensa incansable de los acuíferos, de Ñembi Guasu y del Gran Paisaje Chaco-Pantanal, su trabajo por la restauración de bosques, la biodiversidad y los pueblos indígenas. “Demostró tener más pantalones que muchos”, dice, evocando cada intervención pública en la que Pamela llevó datos y ciencia como una verdadera cátedra de planificación y futuro sostenible.
En medio del dolor, rescata el privilegio de haber compartido con ella hace pocos meses en Santiago de Chiquitos y de haber documentado una extensa entrevista que pronto será difundida para que su voz siga guiando. “El mejor homenaje es que sus palabras no caigan en saco roto”, sostiene. Y la despide con gratitud: “Celebro su vida, su legado y su amor por lo que vale la pena luchar. Es y será única. Gracias, Pame”.
A las voces que la despiden se suma también la de Jorge Rodrigo Sea Ugarte, técnico de NATIVA, quien la recuerda desde el aprendizaje cotidiano y el trabajo cercano. “Para mí fue mucho más que una coordinadora”, afirma. “Fue quien me enseñó con paciencia, con ejemplo y con confianza a creer en mi trabajo y en mis capacidades”.
La describe como una guía firme pero cercana, exigente y al mismo tiempo profundamente humana. “No solo pedía dar lo mejor, sino que acompañaba y apoyaba para lograrlo”, señala. En esa forma de liderar dejó una marca indeleble. “De ella aprendí a trabajar con responsabilidad y coherencia en la conservación. Gran parte de lo que hoy soy profesionalmente tiene su huella”.
También el periodismo y el mundo audiovisual sienten su partida. Roberto Navia, director de la Revista Nómadas y documentalista, la recuerda como una voz imprescindible en tiempos de incendios, sequías y decisiones apuradas. “Pamela era un ser humano fantástico que no hablaban por hablar. Cada palabra tenía sustento, cada advertencia llevaba datos, contexto y una ética inquebrantable”, señala.
Navia destaca además que su aporte trascendió las entrevistas y las coberturas periodísticas. Fue clave en la escritura del guion del documental Tata Guasu, donde su mirada científica y talento cinematográfico ayudó a sostener la narrativa sobre el fuego, el bosque y las responsabilidades colectivas frente a la devastación. “Su capacidad para traducir la ciencia en un lenguaje claro y contundente fue fundamental”, afirma.
“Nos enseñó que el periodismo ambiental no puede ser tibio cuando lo que está en juego es el agua y el bosque. Su claridad nos ayudó a entender que la conservación no es un capricho, sino una condición para la vida y el desarrollo”. Para la Revista Nómadas, concluye, su voz fue brújula en más de una cobertura y su legado seguirá marcando el camino.

Maicol Albert Mamani, quien compartió oficina con Pamela durante casi cuatro años, en Fundación NATIVA, la recuerda no solo como una colega, sino como una fiel amiga y una “segunda mamá”. En sus palabras, ella era una verdadera “Madre de Dragones”: una mujer con autoridad, justa e implacable cuando se trataba de defender lo correcto.
Maicol destaca que gran parte de lo que él es hoy profesionalmente está marcado por la guía y la sabiduría —tanto técnica como espiritual— que Pamela le brindó día tras día. Para él, su legado es el de una mujer que amaba desde el ser más pequeño hasta los paisajes más inmensos, y cuya presencia será permanente en su vida.
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