
Si se curiosea en Google Earth y se traza una línea recta de unos 40 Km al oeste de Laguna Marfil, se verá una porción de tierra que se eleva caprichosamente en medio de la llanura para dar forma a una serranía notablemente aislada y que los chiquitanos bautizaron como Manomó.
Jürgen Riester en su “Habla popular del oriente boliviano”, indica que Manomó, significa “el dormilón”, bautizado así porque visto desde cierto ángulo se asemeja a un hombre echado.

Llegar a esta serranía implica, primero, llegar a San Ignacio de Velasco y luego a la comunidad chiquitana de San Simón, en la que habitan unas 60 familias. De San Simón, la serranía está a unos 25 Km transitables en vehículo de cuatro ruedas, moto o a pie… La ruta atraviesa extensos soyales que gradualmente se siguen comiendo el monte y una reja de una estancia que eventualmente está cerrada y bajo llave.
Pasando alrededor de un kilómetro de dicha reja, el paisaje te restriega en la cara “el Manomó” y sus onduladas “jorobas” que provocan subirlas. Se sigue la ruta y sin pensarlo estas en la base de la serranía con todo el impulso y adrenalina para subirla.
La cuesta en general no es exigente en extremo y más bien llevadera, aunque… según el estado físico del caminante. El trayecto gradualmente te va develando un paisaje sorprendentemente acogedor con laderas tapizadas hermosamente por pastizales naturales misturados con bloques rocosos que al desprenderse de la roca madre se fueron ubicando caprichosamente.

De tanto en tanto, el ruidoso aleteo de las perdices rompe el silencio envolvente de la serranía. Hermosas “lenguas de bosquecillos” que incursionan entre los pastizales sientan presencia con arbolitos de ramas tortuosas y corteza gruesa, típicos de ambientes con suelos pobres y que están adaptados a eventuales incendios naturales, los mismos se agrupan en manchones algo densos o se los ve solitarios en las laderas a las que “adornan”.
A medida que se gana altura, el viento y la niebla se hacen sentir al punto de súbitamente borrar con blanco el paisaje o envolverte y aislarte en plena ladera si optaste por escalar atajos naturales de alta pendiente y que son de exigencia extrema. Estos “atajos”, ameritan el cuidado y condición física respectivos.
El pedregullo y rocas sueltas pueden hacer que resbales y que caigas golpeándote en el trayecto. Sin duda es muy duro… pero la recompensa está al llegar a la cima cuando el viento y las nubes te dan de lleno, y todo un paraje nuevo se brinda a ser explorado.

El Manomó es, sin duda, uno de los fascinantes íconos naturales que guarda el Bosque Seco Chiquitano, y que, en este caso, evidencian un escenario que va más allá de su potencial minero, constituyéndose en un motor de agua, una isla singular en su biodiversidad guardando a plantas endémicas como la Mikania manomoi, herbácea exclusiva de los pastizales naturales de esta serranía, un paisaje muy particular de gran valor, anidado en el Alto Paraguá, una región que entre la expansión de la soya y el asedio de la minería, lucha porque los ecos chiquitanos subsistan y se sigan escuchando…
Nota del autor. – El Manomó es un sitio categorizado como Area Tropical Importante para Plantas (TIPA por su sigla en inglés) dado que alberga una especie únicamente registrada en este sitio (Mikania manomoi), y porque es un punto importante de conectividad entre la Chiquitania y la Amazonia por el río Paraguá. Más detalles al respecto, en esta publicación de Kempffiana: https://museonoelkempff.org/museo/wp-content/uploads/2023/12/19_2_166-175.pdf
(Texto divulgativo, fotos y Video: Huáscar Azurduy/Programa de Estudios-Fundación para la Conservación del Bosque Chiquitano-FCBC).
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Sobre el autor
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Huáscar Azurduy
Como biólogo, realizó expediciones e investigación zoológica y paleontológica con el Museo de Historia Natural Noel Kempff Mercado, en áreas como taxonomía, biogeografía y biología evolutiva. Dictó cátedras en Paleontología, Evolución, Geología, Etología, Etnopsicología, Agua y ambiente, en la Universidad Autónoma Gabriel René Moreno. Trabajó en el Instituto Marino Costero de la Universidad de Alaska, Estados Unidos. Fundó e impulsó la revista científica Kempffiana. Publicó artículos científicos, trabajos divulgativos y libros en evolución e historia natural. Actualmente dirige el Programa de Estudios y la Unidad de Conservación y Restauración en la Fundación para la Conservación del Bosque Chiquitano (FCBC).



