
Entre las hojas largas y los tallos que filtran la luz, una madre manechi mira de frente a la cámara. Su pelaje rojizo resplandece bajo los claros del sol. Detrás de ella, casi escondido, asoma el rostro de su pequeño, aferrado a su cuerpo como si el mundo entero cupiera en ese abrazo.
La fotografía fue tomada por Anke Drawert en su bosque de Juan Deriba, en la provincia Sara de Santa Cruz. En la se percibe la confianza de una cría que encuentra seguridad en su madre y la vida que se abre paso entre la vegetación.
Los monos manechis forman parte de la fauna de los bosques bolivianos. Allí encuentran alimento, refugio y ramas por las que desplazarse. La continuidad de esos espacios naturales es esencial para que las madres puedan criar a sus pequeños y las nuevas generaciones crezcan en libertad.
Por un instante, esta madre y su cría nos permiten mirar el bosque desde otro lugar, como un mundo vivo, donde cada rama sostiene una historia y cada criatura tiene un lugar que necesita conservar.
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