
Rutas verdes, experiencias únicas
La Ruta de la Mujer Tacana fue reconocida en Berlín por su modelo de turismo comunitario sostenible, desarrollado por mujeres indígenas en el norte de La Paz. El proyecto integra producción local, saberes tradicionales y conservación ambiental en el área del Parque Nacional Madidi.
Roberto Navia
Un grupo de 60 zafreros en Pando perdió su fuente de sustento tras ser bloqueado por avasalladores armados que les impidieron acceder a las áreas de cosecha de castaña. Los trabajadores, que se retiraron por temor a la violencia, demandan urgentemente auditorías de la ABT y el INRA a las comunidades acusadas de acaparar ilegalmente la tierra.

Decía a Eliana Suárez, en Chañar ladeado, villa de la pampa húmeda argentina, provincia de Santa Fe, que el sonido del despertador de mi teléfono me recuerda Kiev. No me explico, porque nada obligatorio tenía que hacer allí, ni trabajo ni horario.

Un viaje sin moverse de casa, sin una mochila en la espalda. Una crónica gastronómica rica en aromas, historias visuales, origen y mucha cebada.

Mientras preparaba, en el camión de comida, milanesas y chorrillanas, mientras el infierno de la plancha quemaba mis manos detrás del plástico que las protegía, Ligia alistaba maletas y viajaba hacia el sueño de los nietos. Pienso ahora en hombres y mujeres, en doña Irma que me decía, muchísimo atrás en el tiempo y para secar mis lágrimas, que el hombre era “poncho al viento”. Se refería a las ataduras que suele traer la maternidad y de las que el hombre carece.

El escritor español, Pablo Cerezal, con su prosa perfecta nos lleva de viaje por Meknés (Marruecos), hasta donde llegó coincidiendo con las celebraciones del Mawlid, que conmemora el nacimiento del profeta Mahoma. Él no sabía los detalles de lo que iría a observar. Lo ha registrado todo con sus ojos de cronista y —además— lo supo contar para que todo el que lo lea, viaje con él.

A Ramada se llega por un caminito arenoso escoltado por los exclusivos árboles esbeltos del bosque seco Chiquitano de la Bolivia profunda. Solo 18 kilómetros de una ruta imperfecta que nace a un costado de la carretera asfaltada. El camino es angosto y no se necesita más. Hay pozos bocones por aquí y por allá, pero uno no llega a odiarlos porque se imponen los cantos de las aves y los bullicios de la ciudad no existen ni siquiera en los malos recuerdos.

“Los trenes no suenan sus bocinas tan bello como los barcos. Sin embargo, tierra adentro, no hay aguas suficientes para acercar semejantes distancias. Vamos, dilo, y asomaré en tranvía al café de aquella calle de Vinnytsia y programaremos un viaje al fin del mundo”.

Braga era una fiesta —dice Claudio— parafraseando a Hemingway. Caminó por la ciudad histórica que se encuentra al Norte de Portugal. La sintió como sienten los escritores algo que va más allá de las palabras. Y ahora que buena parte del mundo está metido en sus hogares, la recuerda y la comparte.

La vieja casona está en Chile, mirando el mar. Sus paredes son cartas con promesas que no se las lleva el viento.

Abro un mapa que queda corto para Kharkiv, llega hasta Sumy y Kremenchuk. Trato de trazar a lápiz aquel viaje que hice en octubre de 2018 entre una ciudad y otra, entre Odessa y Jarkov, la antigua capital. Del Mar Negro a la casi frontera rusa, medio país hacia oriente. Entonces no usé un mapa y lo desecho hoy, no por inservible, sino porque aparte de unas cuantas referencias geográficas hablaré de gente, impresiones, recuerdo y memoria. El boleto costó 11 dólares.
©2025 – Todos los derechos reservados. Diseñado y desarrollado por Revista Nómadas
¡Mantente al día con lo último en sostenibilidad, turismo y viajes! Suscríbete a nuestro newsletter y recibe directamente en tu correo las noticias más relevantes, consejos prácticos y aventuras inspiradoras.