Viajes y turismo

Rutas verdes, experiencias únicas

Todas las guerras la guerra
Todas las guerras la guerra

“Canta, oh diosa, la cólera del Pelida Aquiles; cólera funesta que causó infinitos males a los aqueos y precipitó al Hades muchas almas valerosas de héroes, a quienes hizo presa de perros y pasto de aves -cumplíase la voluntad de Zeus- desde que se separaron disputando el Atrida, rey de hombres, y el divino Aquiles”. Homero, La Ilíada.

El aroma del cambio: cómo un café en Riberalta siembra futuro para madres adolescentes

En Riberalta, la precariedad laboral y la exclusión empujan a madres adolescentes a ciclos de pobreza y abandono, en un contexto marcado por informalidad, desigualdad y falta de oportunidades.
Frente a ello, una cafetería se convierte en un modelo de negocio social que combina empleo, educación y apoyo integral para transformar sus vidas y romper el ciclo de la exclusión.

Dimelsa Chavez Tipola
En el Museo de ilusiones fotográficas, en Kharkiv.

Pasé por el campo de sangre

Los viajes, como las crónicas de Claudio Ferrufino-Coqueugniot, empiezan en cualquier punto del camino: “Pero me vuelvo, por ahora, domo la mente de este potro infernal y recurro a un modesto bus de veinte metros de largo y escribo”.

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Lugares extraños y lugares maravillosos

Póngase a la tarea de emprender un viaje largo en pocas palabras. El autor de esta crónica consigue llevarlo por diferentes escenarios y personajes tan distintos y a la vez entrañable.

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Modorra del viernes. Roma

Sigo con Diario del divorcio, cuaderno de viaje. Catarsis después de 30 años de odisea alegre y de gris zozobra. El texto de hoy está entre Madrid y Roma; me alejo un tanto de las estepas del este, de sus mujeres ojos de tártaro azules y retorno a occidente, supuestamente menos salvaje o mejor mimetizado. Divorcio de mí mismo, que esas santas que fueron mis esposas no merecen martirologio. No son ni Jan Hus ni Gonzalo Pizarro, aunque de profetas y guerrilleras tenían al menos un poco.

La realidad, Claudio la convierte en arte.

Odessa nostalgia

De Michale Boganim, vi anoche el documental Odessa… ¡Odessa! Un protagonista dice: “en Rusia hay una palabra: nostalgia”. Así arranca Claudio Ferrufino-Coqueugniot su nueva crónica de viajes que Revista Nómadas publica de forma inédita. Un nuevo viaje que transporta no solo por una ciudad, sino, por todo un mapa de aventuras cargado de libros y varios caminos.

El mercado besarabo.

El despertador de la calle Tolstoi

Decía a Eliana Suárez, en Chañar ladeado, villa de la pampa húmeda argentina, provincia de Santa Fe, que el sonido del despertador de mi teléfono me recuerda Kiev. No me explico, porque nada obligatorio tenía que hacer allí, ni trabajo ni horario.

El viajero Claudio Ferrufino, con Julio Verne, Vigo, España

Preámbulos para el viaje

Mientras preparaba, en el camión de comida, milanesas y chorrillanas, mientras el infierno de la plancha quemaba mis manos detrás del plástico que las protegía, Ligia alistaba maletas y viajaba hacia el sueño de los nietos. Pienso ahora en hombres y mujeres, en doña Irma que me decía, muchísimo atrás en el tiempo y para secar mis lágrimas, que el hombre era “poncho al viento”. Se refería a las ataduras que suele traer la maternidad y de las que el hombre carece.

Vista panorámica de la medina de Meknés.

Fotos: Pablo Cerezal

El ascetismo extremo

El escritor español, Pablo Cerezal, con su prosa perfecta nos lleva de viaje por Meknés (Marruecos), hasta donde llegó coincidiendo con las celebraciones del Mawlid, que conmemora el nacimiento del profeta Mahoma. Él no sabía los detalles de lo que iría a observar. Lo ha registrado todo con sus ojos de cronista y —además— lo supo contar para que todo el que lo lea, viaje con él.

Una de las casas de barro que queda a metros del río que sufre las consecuencias de los incendios. El agua de ese afluente suele llegar con cenizas cuando en las cabeceras llueve con fuerza.

Solitaria y olvidada, Ramada resiste a las amenazas de la pandemia

A Ramada se llega por un caminito arenoso escoltado por los exclusivos árboles esbeltos del bosque seco Chiquitano de la Bolivia profunda. Solo 18 kilómetros de una ruta imperfecta que nace a un costado de la carretera asfaltada. El camino es angosto y no se necesita más. Hay pozos bocones por aquí y por allá, pero uno no llega a odiarlos porque se imponen los cantos de las aves y los bullicios de la ciudad no existen ni siquiera en los malos recuerdos.

Los tranvías están presentes en la crónica de Claudio, viajan al ritmo de sus dedos.

El tren que nunca partió

“Los trenes no suenan sus bocinas tan bello como los barcos. Sin embargo, tierra adentro, no hay aguas suficientes para acercar semejantes distancias. Vamos, dilo, y asomaré en tranvía al café de aquella calle de Vinnytsia y programaremos un viaje al fin del mundo”.

Gracias por llegar hasta aquí.

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