Para Brújula Teatro, actuar no es representar, es habitar. Lo que comenzó como un encuentro personal en 2015 se convirtió en la urgencia de crear realidades propias allí donde el teatro tradicional no llegaba. Nathalya Santana y Javier Silva fundaron esta compañía con la premisa clara de no esperar a que el teléfono suene y lanzarse a la piscina con lo que se tiene a mano. Hoy, esa visión los ha llevado a poner en escena obras que se funden con el bosque tropical o los espacios de un restaurante, donde la ficción se confunde con la respiración del público y los cantos de los pájaros.
Al inaugurar el Teatro de la selva, en Porongo, con Momo, lograron que el atardecer sobre el Amboró fuera parte de la iluminación y que el murmullo del bosque fuera la banda sonora. Pero esa misma capacidad de integración se traslada a la ciudad con sus “Cenas con delito”, donde el espectador deja de ser un observador pasivo para convertirse en detective. Es un teatro que no pide permiso, que utiliza la creatividad del público y que exige a los actores una verdad absoluta a escasos centímetros de la mirada ajena.
Este especial desglosa una década de autogestión y ética profesional. Santana y Silva reflexionan sobre el desafío de ser “artistas todoterreno” en Santa Cruz, equilibrando la vida familiar con la dirección de elencos multidisciplinarios. Aquí se revela la esencia de una búsqueda que no se encasilla en géneros. Ya sea bajo las estrellas de Porongo o entre copas de vino y comida, la compañía demuestra que el teatro boliviano de alta factura es aquel que logra atraparnos en el aquí y el ahora, transformando el espacio común en un momento histórico.
Crónica
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Entrevista
“Que una obra comience con la puesta de sol y termine en la noche, es espectacular”
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