
En el debate público sobre la Ley 1720 se habla mucho de “pequeños productores”, de “acceso al crédito” y de “modernización” del campo. Pero pocas veces se escucha a quienes supuestamente serían beneficiados por esa norma. ¿Qué significa realmente producir a pequeña escala en la Amazonía? ¿Qué tipo de apoyo demandan las comunidades campesinas? ¿Por qué una ley presentada como oportunidad financiera es leída, desde los territorios, como una amenaza sobre la tierra familiar y comunitaria?
Estas preguntas son centrales para entender la marcha indígena y campesina que llegó desde Pando y Beni hasta La Paz. La discusión no se reduce a un tecnicismo agrario. Lo que está en disputa es si la pequeña propiedad seguirá siendo protegida como base de vida, producción y arraigo territorial, o si será empujada hacia un régimen más expuesto al endeudamiento, al embargo, a la compraventa y a la concentración de tierras.
La voz de las mujeres campesinas permite mirar esta disputa desde un lugar especialmente importante. En los territorios rurales, ellas no solo sostienen familias y comunidades; también participan en la producción de alimentos, en la organización sindical y en la defensa cotidiana de la tierra. Sin embargo, sus voces suelen quedar relegadas cuando el debate se reduce a cifras, leyes o declaraciones oficiales.
En esta entrevista, Niobe Justiniano Suárez, comunaria de Antofagasta e integrante de la Federación Sindical Única de Trabajadores Campesinos Regional Vaca Díez, explica desde su experiencia por qué rechaza la Ley 1720, cómo se vive una marcha de tantos días y qué espera que entienda el país sobre una movilización que no se limita a una demanda sectorial, sino que habla de tierra, alimentos, bosques y dignidad.
—Muchísimas gracias por el espacio que me están dando. Primeramente, un saludo. Mi nombre es Niobe Justiniano Suárez y vengo de la provincia Vaca Díez del departamento de Beni.
—¿A qué organización pertenece?
—A la Federación Sindical Única de Trabajadores Campesinos, Regional Vaca Díez; de la comunidad Antofagasta, para ser exacta.
—Para quienes no han vivido una marcha de tantos días, puede ser difícil imaginar lo que implica caminar desde la Amazonía hasta La Paz. ¿Cómo ha sido este recorrido para usted y sus compañeros?
—Lamentablemente, como campesinos indígenas nos vemos en esta situación. Es bastante el sacrificio que hemos hecho, sufriendo bajo el sol y la lluvia, con hambre, sed, dolores y cansancio. Salimos caminando y hemos recorrido muchos días, pero seguimos aquí de pie. No vamos a rendirnos hasta que este gobierno nos escuche y apruebe la abrogación que estamos pidiendo: la de la Ley 1720. A nosotros como campesinos no nos favorece en nada; más bien, nos quieren quitar la tierra.
—Bolivia tiene una larga historia de marchas indígenas y campesinas que llegaron a La Paz para ser escuchadas. Desde su experiencia, ¿qué siente al tener que volver a recorrer ese camino para plantear sus demandas?
—Lamentablemente, para conocimiento de todos los bolivianos, parece que el presidente no se hubiera criado en nuestro país. Es un extraño para nosotros, porque si él fuera un boliviano neto, habría velado por su pueblo. No habría esperado tanto sacrificio de nosotras como mujeres campesinas, dejando a nuestros hijos en casa —sin saber si comen— para marchar durante tanto tiempo, cansándonos con ampollas en los pies, sufriendo hambre y sed bajo el sol y la lluvia.
Este gobierno no nos quiere escuchar. ¿Por qué él no se pone en nuestros zapatos? No nos entiende y, de alguna manera, quiere favorecer a los empresarios que tienen más dinero para poder pisotearnos. Creo que quiere volver a lo de antes, a empatronarnos, y nosotros no estamos de acuerdo. Somos un país libre en donde ya no queremos que nos gobiernen solo los que tienen dinero.

—Quisiera que nos cuente un poco sobre su comunidad. ¿A qué se dedican usted y sus compañeros? ¿Cómo es la producción en su zona?
—Nosotros nos organizamos de manera conjunta con los demás compañeros. Sembramos y cosechamos arroz, plátano, yuca, fríjol y sandía. Sin embargo, en el oriente el clima a veces no nos favorece, especialmente por la sequía. Solo podemos sembrar y cosechar una vez al año. Con eso tenemos que sustentar a nuestras familias durante todo el tiempo.
Yo le pediría a este gobierno que nos escuche y que abrogue la ley. Si él no tiene familia, no siente. Como le decía, parece que no ha vivido en Bolivia ni ha sufrido como nosotros. Que valore nuestro sacrificio; hemos llegado hasta aquí para verle la cara, así como él fue bueno para pedir nuestro voto. Él llegó a todos lados pidiendo nuestro apoyo y le dimos el voto de confianza, pero ahora nos está traicionando con esta ley que ni siquiera nos comunicó. No tuvo la aprobación de los campesinos para promulgar algo que nos afecta tanto hoy en día.
—Para cerrar, ¿qué quisiera decirle a quienes la escuchan o la van a leer en distintas partes del país y quieren entender mejor esta lucha?
—Yo les quisiera decir: compañeros, hermanos bolivianos, apóyennos. Gracias a nosotros, que somos los guardianes de la Amazonía, respiran aire puro. Gracias a nosotros llegan alimentos a departamentos de Bolivia que no pueden producir ciertos productos. Somos el sustento de Bolivia. ¿Por qué ahora nos quieren imponer una ley que no nos conviene y que busca destruir nuestros bosques y nuestra Amazonía? Eso es lo que nos da el aire para vivir.
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Sobre el autor
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Stasiek Czaplicki
Economista ambiental especializado en cadenas de valor agropecuarias y forestales, con más de 10 años de experiencia. Investigador y activista boliviano enfocado en deforestación y en investigación corporativa y financiera. Cuenta con una amplia trayectoria en ONG nacionales e internacionales, organismos multilaterales y think tanks globales (WWF, FAO, Climate Focus, Oxfam, CIPCA). Actualmente forma parte del equipo de Revista Nómadas donde además de realizar investigaciones periodísticas, ejerce como gerente de proyectos y asesor técnico. Stasiek Czaplicki, junto a Iván Paredes, ha sido galardonado con el Premio al Periodismo de Investigación Franz Tamayo 2024 por el reportaje Bolivia no se baja del podio de países que más monte pierden en el mundo, en el que abordó la alarmante pérdida de bosques en Bolivia durante el 2023.



