
En el amanecer del Aguaragüe, antes de que el monte despierte por completo, un grito atraviesa las serranías del sur de Bolivia. No es el viento. No es un motor. Es el vuelo de la Paraba Militar.
La especie, conocida científicamente como Ara militaris, sigue surcando los corredores ecológicos del Chaco y las serranías subandinas como un símbolo vivo de resistencia natural. Pero cada vuelo suyo también es una advertencia: el bosque cambia, el fuego avanza y el silencio amenaza con ocupar el lugar donde antes había bandadas.
Por eso, durante mayo de 2026, personas comprometidas se movilizaron hacia el Chaco tarijeño para mirar al cielo. Guardaparques, biólogos, fotógrafos, estudiantes, voluntarios y organizaciones ambientales participaron en el IV Censo Binacional de la Paraba Militar, un esfuerzo conjunto entre Bolivia y Argentina que busca comprender cómo vive, se desplaza y sobrevive una de las aves más emblemáticas y amenazadas de Sudamérica.
Esta vez, el operativo tuvo un hecho histórico: NATIVA asumió oficialmente la coordinación del componente Bolivia, fortaleciendo la organización territorial, la logística y la articulación entre instituciones.

El monitoreo se realizó simultáneamente en nueve puntos estratégicos de los municipios de Yacuiba, Caraparí, Villa Montes y Entre Ríos. Desde el Mirador de La Cruz, en Yacuiba, hasta el Campo Ferial de Caraparí; desde El Angosto, en Villa Montes, hasta el Mirador del Cristo, en Entre Ríos, los equipos observaron amaneceres y atardeceres atentos a cualquier silueta verde o llamado atravesando el horizonte.
Y las parabas aparecieron
Durante las jornadas de monitoreo se registraron más de 240 observaciones de Paraba Militar (Ara militaris), además de importantes registros de Parabachi (Primolius auricollis) y otros psitácidos característicos del bosque chaqueño-subandino. El mayor movimiento ocurrió al amanecer del 16 de mayo, cuando el cielo parecía reactivarse con el paso de decenas de aves desplazándose entre serranías y corredores ecológicos.
Detrás de cada registro existe una realidad compleja
La Paraba Militar enfrenta amenazas cada vez más severas: incendios forestales, pérdida de hábitat, expansión humana y tráfico ilegal de fauna silvestre. Su presencia continua en el Aguaragüe confirma que estos ecosistemas todavía conservan condiciones vitales para su supervivencia, pero también evidencia la necesidad urgente de protegerlos.
El censo buscó entender un territorio vivo
Cada observación permitió identificar posibles rutas de vuelo, áreas de alimentación y sectores clave de conectividad ecológica. La ampliación del monitoreo (de cinco sitios en años anteriores a nueve puntos en 2026) representa uno de los avances más importantes del proceso binacional, permitiendo generar información más amplia sobre la dinámica de la especie en el Chaco boliviano.
Más allá de los números
Lo verdaderamente importante ocurrió en el encuentro entre personas comprometidas con la conservación. Jóvenes aprendiendo a observar aves al amanecer. Guardaparques compartiendo experiencia de campo. Fotógrafos documentando vuelos imposibles. Comunidades participando activamente en la protección de su patrimonio natural.
Porque conservar una especie no empieza únicamente en los libros científicos. Empieza cuando una sociedad decide que no quiere perder aquello que la hace única.
Hoy, la Paraba Militar sigue volando sobre el sur de Bolivia. Sigue cruzando montañas, quebradas y bosques secos y corredores ecológicos que aún conectan biodiversidad y territorio entre Bolivia y Argentina, con el verde intenso de sus alas. Y mientras exista gente dispuesta a mirar al cielo para protegerla, todavía habrá esperanza para el Chaco.
El IV Censo Binacional 2026 dejó algo claro: la conservación no es el trabajo de una sola institución. Es un esfuerzo colectivo donde ciencia, territorio y comunidad vuelven a encontrarse para defender la vida.
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