
Refiero un apellido extraño para nuestro medio, sin embargo, a esta esta personalidad es a quien los bolivianos en sus diversas generaciones le debemos una gratitud eterna, porque a través de sus exploraciones y estudios en nuestro territorio durante los primeros años de República, que posteriormente lo transmitió en sus escritos, es que podemos confirmar nuestro amor, con sinceridad y profundidad, a nuestra querida patria Bolivia.
El sabio francés D’Orbigny llegó muy joven (tenía 27 años) a nuestra patria en 1830, cuando Bolivia transitaba por sus primeros 5 años de vida independiente, es decir, al igual que un niño, empezaba a dar sus primeros pasos. Era el Gobierno del Mariscal Andrés de Santa Cruz.
D’ Orbigny en un sencilla carta de fecha 19 de junio de 1930 dirigida al Mariscal Andrés de Santa Cruz, le refiere que: para poder recorrer en el territorio de la naciente Bolivia, efectuando sus trabajos de investigación científica a través de exploración de territorio inexplorado de Bolivia, no necesitaba más que dos jóvenes de apoyo, para integrarse a la pequeña comitiva que le acompañaba, y algunos animales de carga para poder transportar su instrumental de investigación científica. No solicitó el pago de emolumentos, beneficios u otro tipo de dádivas; sólo estaba imbuido de mucha pasión por explorar y descubrir este misterioso territorio Boliviano.
De esta manera, el sabio naturalista y explorador francés, se internó en territorio boliviano durante tres años, que fueron de mucha intensidad y que los reflejó en su escrito “Descripción Geográfica, Histórica de Bolivia”, que fue publicado en París en 1845. Posteriormente, en 1958, el gobierno nacional los publicó nuevamente con el título de “Viajes por Bolivia” y es obligación de todo boliviano leerlo y emocionarse con estos escritos, que hacen que descubramos la magia de nuestro territorio nacional y que, en gran medida, aún se mantiene.
A través de tres años, de 1830 a 1833, D’Orbigny estuvo por La Paz, Potosí, Sucre, Cochabamba, Santa Cruz y Moxos, y no sólo fue naturalista, botánico, geólogo, paleontólogo, antropólogo y poliglota, sino también un excelente ilustrador, de ahí que no sólo podemos apreciar la descripción literal de su incursión por territorio boliviano, en estos tres años intensos, sino también las impresionantes ilustraciones de lo que vio y admiró.
De cada uno de sus viajes, a través de sus escritos, podemos descubrir francamente hechos de noble heroísmo vividos por este insigne sabio francés, que desentrañó con noble profundidad el territorio boliviano. Fue una época en que no existían vehículos automotores, transporte aéreo, ni que se diga del internet…y, peor de la inteligencia artificial. En cuanto a servicios de salud, aún no se había inventando el paracetamol, el ibuprofeno, ni otros medicamentos necesarios e imprescindibles, el internarse en remotas selvas vírgenes o situarse en altitudes inhóspitas, requería de los más elementales insumos médicos, pero nada de aquello existía, y sin embargo la sed de la investigacíón, el conocimiento y el descubrimiento, eran tan grandes que no se constituían en obstáculo para que él, y el contingente humano que lo acompañaba en sus travesías, decidieran adentrarse por los vericuetos más misteriosos del territorio boliviano.
Cada una de las anécdotas en su travesía por territorio boliviano es digna de admirar, por ejemplo, en su recorrido por territorio cruceño, éste insigne europeo soportó la picadura de mosquitos a tal punto que le desfiguraron el rostro al extremo de no poder abrir los ojos, aspecto que le causaba risa, en vez de depresión. Asimismo cuenta, por ejemplo, que en una de sus incursiones selváticas desmotando con hacha la maleza para abrirse camino, un fuerte golpe a una rama seca hizo que el hacha se incrustara en una de sus rodillas dislocándole la rótula, pero aún así tuvo que subir y bajar territorio empinado y cruzar ríos varias veces y de este incidente señala lo siguiente: “Obligado a subir y bajar a pesar de esta herida y a cruzar el río varias veces, me contenté con atarla con mi pañuelo, pero por la noche, completamente empapado y expuesto al fresco del rocío, sentí un vivo dolor que me impidió gustar el reposo”.
Su misión científica no sólo se concentró en la descripción literal y grafica de la riqueza botánica de Bolivia, sino de la riqueza animal, además hizo una descripción excelente de la riqueza geológica de Bolivia, elaboró el primer mapa geológico de Bolivia, además de tener una infinidad de objetos de colección de sus trabajos de investigación. Asimismo su curiosidad científica antropológica no tenía limites, ya que en su escritos describe con un rigor científico excelso la existencia de pueblos indígenas en su recorrido. Asimismo, también tuvo la destreza de aprender algunos idiomas originarios, como el guaraní, que lo hablaba a la perfección.
En su trabajo existe una íntima sensación de defensa de la vida, pues sus descubrimientos y descripciones refieren un infinito amor por la naturaleza, a través de su recorrido por territorio boliviano llega a exclamar que “Bolivia es realmente hermosa”. Fue un firme defensor de la naturaleza, sus escritos reflejan su indignación por la práctica irracional del chaqueo, que ya se practicaba en ese entonces y señaló proféticamente lo siguiente: “No hay duda que si la administración no adopta severos medios de represión con criterio de conservación, esta costumbre prepara una verdadera catástrofe para el futuro”.
El recorrido de Alcide d’Orbygni por territorio boliviano es realmente significativo, pues lo hizo a través de los medios existente correspondientes a la época (1830 – 1833), a falta de una cámara fotográfica tuvo que dibujar de una manera excepcional. En síntesis, su aporte al conocimiento de la historia natural de Bolivia es excepcional.
Aún en Bolivia no se lo ha reconocido como corresponde. Si bien hay muchas calles y plazas que llevan su nombre, sin embargo, aún sigue siendo un personaje desconocido, el reconocimiento del país a este sabio francés debería ser mucho más elocuente, por el significativo aporte que hizo a Bolivia.
Los campos del conocimiento incursionados por Alcide d’Orbygni son variados, y se encuentran reflejados en su monumental obra de 9 volúmenes que títula “Viaje a la América Meridional”, pues, antes de su llegada a Bolivia, también recorrió países como Uruguay, Brasil, Paraguay, Argentina, Chile y Perú.
Retornó a su país Francia a los 31 años de edad y falleció allí a los 55 años de edad el 30 de junio de 1857.
Nosotros, nacidos en esta tierra, debemos aprender a conocer y querer nuestra patria, así como nos lo enseñó Alcide d’Orbigny.
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Sobre el autor
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Hugo Menchaca
Abogado ambientalista, trabajó en el SERNAP, fue Responsable Jurídico Ambiental, y actualmente trabaja en la WCS, como Resposable Legal en Áreas Protegidas.



