
A medida que el humo de los incendios se espesa y persiste en el aire de las mayores ciudades del país y del campo, cuesta mantener y construir una perspectiva más amplia y critica sobre algunos elementos claves para entender los mega incendios forestales y deforestación que están ocurriendo.

Ahora mismo en Bolivia, los bosques y sabanas y otros ecosistemas no boscosos, están sufriendo incendios forestales de magnitud alarmante. Algo que típicamente se limitaba al mes de septiembre.

El pasado miércoles 23 de agosto, Trase supply chain, una organización de investigación británica lanzo su herramienta de mapeo de las cadenas de valor de soya boliviana y su deforestación asociada: El 2020 y 2021, el “grano de oro” ha sido el culpable de la deforestación de 182.700 hectáreas de bosque, una extensión que equivale a un poco más que todo el municipio de Santa Cruz de la Sierra. Además, dicho estudio revela que la soya boliviana es la que más deforestación genera en la región, ya que, en el 2021, por cada 1000 toneladas producidas, causó 31,8 hectáreas de deforestación, es decir, cinco veces más que en Paraguay, siete veces más que en Brasil y 30 veces más que en Argentina.

Más de 200 familias de menonitas compraron 14.400 hectáreas de bosque en los Bañados de Isoso que colindan con el área protegida nacional. Para deforestarlas, construyeron en silencio, sin autorización del Gobierno ni estudio sobre el impacto ambiental, un puente de 150 metros de largo sobre el río Parapetí, que les costó medio millón de dólares. Ya metieron 15 orugas y deforestaron 3.000 hectáreas.
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