Casa Verde

El mundo al otro lado de la ventana

El café que crece con el bosque en Caranavi
El café que crece con el bosque en Caranavi

El café es una planta caprichosa, pero en algunas fincas del municipio de Caranavi (La Paz) lograron hacer que esa mata produzca granos de alta calidad. Todo influye en su producción, mucha sombra, puede matarla, mucho sol, hace lo mismo. Necesita de cuidados, pero en Caranavi lograron tener granos que llegan hasta 90 la puntuación en taza. La mata crece, produce, y aprovecha de aquellos árboles frutales y maderables que dejan caer sus hojas que le dan humedad y dejan el paso a los rayos del sol.

“Más que enseñarle al niño qué debe hacer para cuidar la naturaleza, quisimos que primero se enamorara de ella”

La autora de Guardianes de los bosques, una obra de la Fundación Amigos de la Naturaleza que reúne literatura, ilustración y biodiversidad boliviana, habla sobre el desafío de acercar a los niños a la naturaleza. María José Parejas cuenta cómo nacieron Mara, Silvio y Toia y por qué, antes de enseñarles a proteger el bosque, quiso despertar en ellos curiosidad, asombro y cariño.

Rafael Alberto Sagárnaga López
Detalle de la cabeza del nuevo murciélago Fotos: Luis H. Acosta

Descubren una nueva especie de murciélago en Bolivia

El hallazgo tuvo lugar en Santa Cruz. El nombre de esta nueva especie de murciélago, Eptesicus langeri, hace honor al sacerdote dominico Fray Andrés María Langer (1938-2015) quien fue párroco de Pampa Grande, gran conocedor de la fauna local y ferviente conservacionista del área del Parque Amboró.

Cosecha del elixir (agua y aceite) desde un tubo en el tronco del Copaibo.

Un elixir para salvarnos del fin del mundo

En el corazón de la Chiquitania hay una isla. Una isla de árboles de Copaibo en un mar verde de bosque nativo. Los gigantes están apretaditos para cuidarse de todo mal, sus guardianes nos cuentan la riqueza de estos árboles más allá de la madera.

Un tractor recorre los cultivos de la zona Este de Santa Cruz, esparciendo un herbicida a lo largo y ancho del terreno.

Foto: Clovis de la Jaille

El apetito por los agroquímicos creció 471% en 20 años

Desde el 2000 hasta el 2020, Bolivia ha consumido 2.110 millones de kilos de fungicidas, insecticidas, fertilizantes y herbicidas. A ello hay que sumar 63 millones de kilos más que ingresó por contrabando. El uso de químicos por hectárea aumentó en 178 %, mientras que el rendimiento de ese pedazo de suelo creció solo en un 16%.

En su hangar de la zona Este del departamento de Santa Cruz, con un letrero que Hebart lee cada vez que eleva su mirada al cielo.

Foto: Matías Vargas

“Nos negaremos a fumigar con agroquímicos letales para las abejas y el ecosistema”

El piloto ha decidido no callar lo que ocurre en el mundo poco conocido de la fumigación y uso de agrotóxicos en los campos de cultivos de Bolivia. Dice, por ejemplo, que hay agroquímicos chinos genéricos y letales que están entrando a Bolivia sin control, que los aviones de fumigación aérea no registran plan de vuelo, que ninguna autoridad del Estado fiscaliza la letalidad de las aplicaciones en el campo. Se compromete a gestionar reuniones con el sector productivo para evitar que vuelva a registrarse la muerte masiva de abejas como ocurrió en Santa Cruz el 27 de mayo.

El biólogo y su entorno. Una vista panorámica a su espalda.

“Perder sabanas, pastizales o matorrales es tan nefasto como perder bosques”

Juan Carlos Catari, master en Biodiversidad, nos mete en la piel de los animales que sufren —invisibles y silenciosos— los efectos de la deforestación: “Cuando la oruga baja su pala y la introduce en el suelo, en ese accionar comienza a descuartizar toda la fauna subterránea de reptiles y anfibios, se suele ver culebras cortadas a la mitad, cutuchis aplastados, lagartijas sin colas o cabezas y algunos roedores destrozados”.

El virus de los desmontes no conoce cuarentena

Solo el año pasado se desmontó en San Ignacio de Velasco (Santa Cruz, Bolivia) un equivalente a cuatro veces el tamaño de París. Desde 1986 hasta el 2020, las manos del hombre y sus maquinarias, han deforestado 555.234 hectáreas, 50 veces más que el tamaño de la capital francesa.

Las polinizadoras primero empezaron a ponerse violentas unas a otras. El insecticida las aniquiló en poco tiempo

El veneno cayó del cielo

La fumigación aérea en campos de cultivos en Santa Cruz, Bolivia, desató el desastre en la apicultura. Una docena de productores perdió el cien por ciento de 450 colmenas y 200 núcleos que iban a dar una cosecha de 15 toneladas de miel. Estiman que la ráfaga de veneno mató a más de 27 millones de polinizadoras. Otro duro golpe que recibe el medioambiente.

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