
El mundo al otro lado de la ventana
Organizaciones indígenas y autoridades municipales de San Ignacio de Velasco activaron una alerta ante anuncios políticos que reactivan la intención de explotar el cerro Manomó. El Concejo Municipal rechazó de forma unánime cualquier actividad minera por los riesgos ambientales e hídricos que implicaría, mientras comunidades indígenas denunciaron exclusión y vulneración de sus derechos colectivos. Las autoridades locales coinciden en una exigencia común: defender el territorio, el agua y la vida frente al avance de intereses extractivos.
Stasiek Czaplicki
En una reunión de emergencia en Trinidad (Beni), las tres subcentrales del Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure (Tipnis) emitieron una resolución conjunta para ratificar a sus autoridades legítimas ante intentos de exautoridades de actuar en nombre del territorio. El documento busca frenar gestiones externas ante el Estado y medios de comunicación sin el aval de las bases.

Organizaciones, comunidades y científicos trabajan contra reloj para exigir la aprobación del Corredor del Pilcomayo, última esperanza para salvar el río amenazado por deforestación, contaminación y cambio climático.

Los incendios forestales en 2024 que consumieron millones de bosques nativos, dejaron a muchos pueblos de Riberalta en la Amazonía boliviana sin agua para beber, ni para cultivar y sin ríos donde pescar. Más de 50 familias tuvieron que desplazarse para no morir de sed. Las quemas y la deforestación para expandir la frontera agrícola y las políticas públicas que las estimulan son responsables de la disrupción extrema del ciclo hídrico. Sin árboles, sufre la capa vegetal ni hay recarga de los acuíferos y con ellos viene la sequía extrema y las inundaciones.

En este mes aniversario de Revista Nómadas, el corto documental Mi cuerpo, mi territorio, tendrá funciones gratuitas y abiertas al público el miércoles 19 de junio en Concepción, el jueves 20 en San Ignacio de Velasco, y el martes 24 en Santa Cruz de la Sierra, a las 18:30 en la sala de cine del CBA. Después de cada proyección, se realizará un conversatorio con las mujeres lideresas protagonistas, guardianas del bosque chiquitano y voces vivas de esta historia de resistencia.

Esta crónica visual denuncia, a través de tres impactantes gráficos construidos con huellas dactilares reales, cómo el poder minimizó el mayor desastre ambiental de la Bolivia reciente. Más de 12 millones de hectáreas ardieron en 2024, dejando cicatrices que deben quedar en la memoria colectiva, para exigir que nunca más se repitan.

La Universidad de Maryland y Global Forest Watch (GFW) dieron a conocer el estudio que revela sobre la pérdida de bosque en el mundo. El 2024, Bolivia perdió 1,8 millones de hectáreas de bosque y el 81% es monte primario, lo que lo convierte en el subcampeón a nivel planetario.

El documental Mi cuerpo, mi territorio, dirigido por Roberto Navia, se estrenará en Concepción (19 de junio), San Ignacio de Velasco (20 de junio) y Santa Cruz (24 de junio, 18:30, CBA). Tras cada proyección, un conversatorio con estas mujeres valientes, que luchan por proteger el bosque chiquitano, invitará al público a unirse a su causa. El tráiler, un destello de su relato, ya está disponible en las plataformas de Revista Nómadas.

La Gesellschaft für bedrohte Völker (Sociedad para los Pueblos Amenazados) presenta el conmovedor documental Cuando el bosque arde, del director Roberto Navia Gabriel, junto a la película Utama, de Alejandro Loayza Grisi, en dos proyecciones que entrelazan las voces indígenas y la problemática ambiental de Bolivia. Se proyectarán el 27 de mayo en el Kino Bambi de Düsseldorf y el 28 de mayo en el Kunsthaus Rhenania de Colonia (Alemania).

• Se accedió a los registros de migración argentina y se confirmó que Jorge Néstor Noya salió de la capital argentina rumbo a Brasil y de ahí ingresó a Bolivia ilegalmente en avioneta o vía terrestre. La ruta que hacía era de Buenos a Aires a Sao Paulo y de ahí hasta Cuiabá. Luego pasaron a suelo boliviano para matar jaguares. En la información se nombra a uno de sus acompañantes y se muestran tristes imágenes de los jaguares muertos y la sonrisa del asesino, posando sin pena.

En Roboré, corazón del bosque seco chiquitano, más de 36.000 hectáreas han sido autorizadas para el desmonte entre 2016 y 2024 por la Autoridad de Bosques y Tierra (ABT). De ellas, 21.000 hectáreas están en zonas que deberían destinarse a manejo forestal sostenible, pero que hoy figuran en documentos oficiales como tierras desmontadas. Según datos obtenidos por el Movimiento en Defensa del Valle de Tucabaca, la deforestación avanza con sello del Estado, y su impacto se extiende sobre fuentes de agua, especies únicas y comunidades que han aprendido a vivir en equilibrio con el bosque. Esta es la historia de una destrucción que devora la vida.

Es oficial: el Ministerio de Medio Ambiente confirmó que en 2024 se quemaron 12.658.157 millones de hectáreas, el 11,5% del territorio nacional. Por primera vez desde 2010, más de la mitad de la superficie afectada fue bosque: casi 7,2 millones de hectáreas.
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