
El Día Internacional del Jaguar es un recordatorio de la majestuosidad de este felino y, a la vez, una fecha para reflexionar sobre las graves amenazas que lo acechan. En Bolivia, la Comunidad Inti Wara Yasi (CIWY) se ha convertido en un refugio para aquellos cuya libertad fue robada.
Nena Baltazar, fundadora de CIWY, compartió la conmovedora historia de nueve jaguares que han pasado por sus cuidados a lo largo de los años. Actualmente, cuatro permanecen bajo su protección, tres de ellos de forma permanente.
“Hemos cuidado de nueve jaguares. De los cuales todavía tenemos cuatro, tres que viven con nosotros ya muchos años en un recinto bastante grande, lo más cerca de su hábitat natural, que son Kusiy, Amira, Katie y Yaguara,” explica Baltazar.
Kusiy: Quince Años víctima de la cacería
El caso de Kusiy, un jaguar macho rescatado hace casi 15 años, es paradigmático. Su madre fue asesinada para el tráfico de su piel en el Chapare. El cachorro, herido y lleno de parásitos, fue encontrado en el patio trasero de una casa, viviendo con perros y gatos, hasta que las autoridades lo confiscaron.
“Era superpequeñito Kusiy, ¿no? Tenía una lesión en el ojito, lleno de parásitos,” relata Baltazar. A pesar de una cirugía ocular exitosa y de vivir ahora en un recinto muy amplio con árboles, Kusiy nunca podrá ser libre.
“Kusiy lamentablemente por egoísmo del ser humano, víctima de la cacería furtiva y el tráfico, terminó en un recinto, en un centro. Y cuando él debería estar cumpliendo su rol ecológico en en libertad”, lamenta.
Baltazar describe a Kusiy como un “jaguar increíble,” con una personalidad única: “Es un ser muy noble, pero con una gran fuerza.”
Historias de mascotismo y vejez
Las hembras Katie y Amira representan otra amenaza recurrente: el mascotismo. Katie llegó a CIWY como resultado de ser mantenida como mascota y, con 18 años, es una de las “viejitas” del centro. Amira fue rescatada en Riberalta, encadenada en un patio como un “ostentoso de tener un jaguar de mascota”.
Ambas ahora disfrutan de la atención de veterinarios y cuidadores, una vida longeva que, irónicamente, no podrían alcanzar en la selva debido a las amenazas de la actividad humana.

Yaguara: La esperanza de la libertad
Frente a estas historias de cautiverio, surge un rayo de esperanza con Yaguara. Rescatada el año pasado de los voraces incendios forestales, esta joven hembra es el centro de un proyecto inédito en CIWY: su rehabilitación para la liberación.
“Yaguara, la que ha sido rescatada el año pasado de los incendios, en la que estamos trabajando en el proceso de rehabilitación para poder liberarla”, afirma Baltazar con entusiasmo. “Va a ser la primera jaguar liberada. Está siendo un reto bastante grande, pero vamos a vamos a lograrlo.”
Un llamamiento a la acción
La tristeza de estas historias radica en que estos jaguares, al igual que muchos otros en santuarios bolivianos, “no deberían estar ahí, deberían estar libres en la selva”, recalca Baltazar.
El mensaje de CIWY es claro: la deforestación, los incendios, la cacería furtiva, y el tráfico de partes de jaguar son una amenaza existencial. La organización hace un firme llamado a las autoridades para que actúen:
“Que se regulen las leyes, [que] haya más control y se abroguen esas leyes incendiarias que que la verdad ocasionan un gran dolor para los felinos grandes, para muchos otros animales que pierden la vida, pierden su hábitat”.
En este Día Internacional del Jaguar, el destino de Kusiy, Amira, Katie y el futuro incierto de Yaguara, simbolizan la batalla por la conservación en Bolivia y la urgente necesidad de proteger al felino más grande de América.
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