
En una anterior publicación en Revista Nómadas, sobre la publicación del Libro Rojo, detallamos que esa importante obra consistía en cinco volúmenes, que categorizaba a las especies nativas de fauna según su riesgo de extinción y que resumía el conocimiento de cada especie en una ficha ilustrativa. Cada volumen del libro se refiere a un grupo biológico (anfibios, aves, mamíferos y dos de reptiles), evaluado por prestigiosos especialistas nacionales y extranjeros estudiosos de la herpetología (anfibios y reptiles), ornitología (aves) y mastozoología (mamíferos) en Bolivia. Las evaluaciones técnicas se organizaron en talleres separados por grupo especialista, con base en lineamientos internacionales de la Unión Internacional de Conservación de la Naturaleza (UICN) y con métodos adaptados al país y consensuados con las autoridades.
La obra fue trabajada por el Ministerio de Planificación del Desarrollo y Medio Ambiente, con el apoyo del PNUD, decenas de científicos de los principales centros de investigación de Bolivia y la colaboración de varias fundaciones, ongs y fotógrafos.
El producto de este esfuerzo no solo es útil para cumplir con acuerdos internacionales y guiar políticas ambientales en Bolivia, sino que constituye ‘la fuente nacional’, técnica, actualizada, creíble y accesible sobre la fauna nativa. Esto es de vital importancia en la era de la información digital, donde la explosión de videos ‘educativos’ erróneos, noticias falsas e imágenes ficticias creadas con inteligencia artificial confunden al público, tergiversando la realidad biológica. Recomendamos la obtención y consulta de los libros rojos a las personas interesadas en identificar especies de la fauna nativa (muchas de ellas que aparecen en las redes sociales y “noticias”), a los periodistas, ‘influencers’ y creadores de contenido que publican en diversos medios, y a los tomadores de decisión que afectan al ambiente. En este espacio de Opinión de Revista Nómadas, trataremos de explicar en publicaciones sucesivas los elementos principales de la temática de conservación de biodiversidad que a menudo se confunden o son objeto de polémicas.

El estado de conservación de una especie se estima según criterios propuestos por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) asignándola a una de ocho categorías oficiales. En la evaluación nacional se consideraron las mismas categorías que se describen a continuación, y se estimó la pertenencia de las especies a cada una según la suma de puntajes en el procedimiento MEGA.
- Una especie ‘extinta’ (EX) es la que luego de una búsqueda exhaustive no se encuentra ningún individuo vivo en su ambiente natural, y una ‘extinta en vida silvestre’ (EW) es la que sólo sobrevive en cautiverio o en una población fuera de su área de distribución original. En Bolivia se ha extinguido al menos un pez del lago Titicaca, el humanto, y se sospecha la extinción de al menos cinco especies de ranas. Antes se consideraba que la chinchilla era una especie EW por su agotamiento en su hábitat y la cría en cautiverio para uso de su piel, pero se encontró una población silvestre relictual en Sajama.
- Las categorías siguientes incluyen a las ‘especies amenazadas’ en sentido estricto, las que en tres grados de riesgo decreciente son ‘en peligro crítico’ (CR), ‘en peligro’ (EN) y ‘vulnerable’ (VU). Estas se explican indicando que la especie enfrenta un riesgo extremadamente alto de extinción en un futuro inmediato (CR), un alto riesgo en un futuro cercano (EN), o un riesgo moderado de extinción o deterioro poblacional a largo plazo (VU). Estas categorías tienen un rango de puntajes en el método MEGA. La evaluación se realizó valorando descriptores y subcriterios correspondientes a cuatro criterios primarios que eran: la distribución de la especie, su estado poblacional, vulnerabilidad biológica intrínseca y las principales amenazas que enfrenta.
- Las especies ‘casi amenazadas’ (NT) no llegan al riesgo o al puntaje indicado para que sean vulnerables, pero podrían hacerlo si sus condiciones persisten.
- Una especie es de ‘preocupación menor’ (LC) cuando es evaluada y no califica para una categoría de amenaza ya que presenta poblaciones amplias y estables.
- Si al evaluar una especie no se halla información suficiente para ubicarla en una categoría, esta se considera DD, pero no amenazada, indicando la necesidad de más estudios. Si no se intentó evaluar a una especie, esta queda como ‘no evaluada’ (NE).
En un panorama donde la realidad de los ecosistemas bolivianos se ve amenazada tanto por la crisis ambiental como por la distorsión informativa de las pantallas, la existencia de este diagnóstico riguroso es vital para atender la advertencia de las categorías de mayor riesgo, y también, profundizar en aquellas especies de las que aún nos faltan datos. Este es el único camino confiable para que las decisiones políticas y ciudadanas se basen en la verdad de nuestra biodiversidad y no en ficciones.
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Sobre el autor
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Damián I. Rumiz*
Investigador Asociado del Museo de Historia Natural Noel Kempff Mercado y Editor Científico del Centro Ecopedagógico Simón I. Patiño. confauna880@gmail.com Teléfono: 709 61971



