
El pasado 4 y 5 de febrero, el Tribunal Agroambiental realizó una inspección in situ por el Rio Madre de Dios -específicamente en las comunidades de Genechiquia y Miraflores- con el objetivo de verificar la presencia de balsas mineras operando fuera de sus cuadrículas permitidas.
Lucio Ayala Siripi, presidente del Territorio Indígena Multiétnico (TIM II), quien ocupa este cargo desde el año 2023 y uno de los actores principales en la presentación de la demanda el pasado 1 de julio, comentaba, justo antes de empezar esta travesía, que su preocupación más grande era no poder constatar la presencia de balsas mineras debido a la crecida del río en esta época:
“Para mí es una preocupación que yo ya le manifesté a los hermanos, de que en esta época de lluvia no vamos a ver nada. No vamos a ver operando las balsas. Si sacan la muestra de agua, no va a salir positiva, porque ahorita los niveles del agua están sumamente crecidas”, advirtió.
La cooperativa minera ASOBAL, que previo a esta inspección el día 2 de febrero emitió un comunicado, entre otras cosas, indicando a todos sus asociados la importancia de prevalecer dentro de sus áreas autorizadas, es parte de esta forma organizativa donde “un grupo de mineros se convierten en socios y trabajadores del emprendimiento minero.”.
Según el investigador y director del Centro de Documentación e Información Bolivia (CEDIB), Oscar Campanini, “investigaciones realizadas han podido advertir que existen élites que controlan muchas cooperativas y sus dirigencias, adquiriendo estas un funcionamiento similar al de pequeñas y medianas empresas que explotan trabajadores en condiciones infrahumanas, desprotegidos social y laboralmente y con retribuciones económicas mínimas.”
La demanda presentada el año pasado ya cuenta con datos importantes que constatan la presencia de mercurio muy por encima del nivel permitido a nivel internacional de una parte por millón, datos que constató Erick Fortón del CEDIB, también presente en esta inspección.
“A partir de un nivel superior a esa cifra, esto puede repercutir sobre la salud de las personas. Nosotros hemos hecho estudios desde el 2021, con el apoyo de la Universidad de Cartagena y hemos priorizado grupos de riesgo como son las mujeres en etapa fértil, y se han determinado valores que han sido 3, 4 y hasta 5 veces por encima de esos límites permisibles. Obviamente, el mercurio no está libre por la naturaleza, sino que es introducido de alguna forma por una acción antrópica del ser humano. Esto se debe específicamente a la actividad minera en todo este sector. Y lo más preocupante es que los hermanos del pueblo indígena Esse-Ejja no están dedicados a esta actividad (la actividad minera), lo cual nos demuestra que esto afecta no solo a las personas directamente involucradas, sino a aquellas que viven en lugares cercanos”, lamentó Fortón.
La inspección, como tal, dio inicio con la comitiva a bordo del barco Tango Mai, alrededor de las 12 del mediodía del día 4 de febrero en la comunidad de El Sena, Pando. Desde ahí se navegó por el río hasta llegar a la comunidad de Genechiquia, donde inicialmente se preveía un recibimiento por parte de toda la comunidad. Sin embargo, por temas logísticos, solo se contó con la presencia de tres comunarios.

Aun así, pudimos escuchar las voces de habitantes de estas comunidades, voces que resuenan con dolor por lo que está pasando en su territorio. Una de ellas fue la de Fátima Mamío Monje, una partera, quien, con visible preocupación, contó sus propias experiencias con abortos espontáneos y los problemas en el parto que muchas mujeres ya vienen enfrentando desde hace tiempo en esta región:
“Nuestros niños ya no nacen como antes”, decía. Entre otras afectaciones, los comunarios informan frecuentes dolores de cabeza, mareos, enfermedades de la piel y malformaciones en los más pequeños.
La comitiva pudo constatar la presencia de barriles de combustible y otros desechos camuflados que pertenecían a la actividad minera; sin embargo, en ese mismo punto no se verificó la presencia de una balsa minera, algo que los comunarios explicaban se debía a la época. No obstante, un grupo reducido de la comitiva —que incluía a tres comunarios de Genechiquía, al Secretario de Tierra, Territorio y Medio Ambiente de la CIRABO, y a dos técnicos del CEJIS— logró embarcarse en una lancha hacia otro punto cercano y, durante el trayecto, visualizar una balsa oculta en un desvío del meandro del río. Durante la inspección se lograron identificar varias balsas fuera del área permitida, tres de ellas a 5 km de la cuadrícula. Al caer la noche, por las luces encendidas era evidente que existían más balsas fuera del área permitida, sin embargo, un conteo exacto no fue posible debido a la distancia y condiciones climáticas. Todos los trabajadores manifestaron pertenecer a la cooperativa ASOBAL.
Posteriormente, la comitiva abordó nuevamente la embarcación y navegó durante toda la noche hasta llegar, temprano a la mañana siguiente, a la comunidad de Miraflores, una de las zonas más afectadas. Allí —en las instalaciones de un colegio de la localidad— se inició con la audiencia correspondiente, aproximadamente a las 8 de la mañana, con la participación de todos los miembros del Tribunal Agroambiental, autoridades territoriales y comunales, así como representantes institucionales y habitantes de la localidad.
Como bien lo mencionó la presidenta del Tribunal Agroambiental, se trataba de una inspección ocular cuyo objetivo era verificar, con observación directa, distintos elementos que pudieran constatar lo ya estipulado en la demanda. Por esta razón, la comitiva se trasladó —acompañada por comunarios— hasta la orilla del río, donde se visualizó una balsa minera estacionada, aunque sin operar.
Sin embargo, como explicó Manuel Menacho, del CEJIS —organización que ha sido un actor clave en esta demanda, acompañando de cerca al TIM II—, si bien esta balsa se encontraba dentro de la cuadrícula permitida, dicha cuadrícula está sobrepuesta al territorio del TIM II y afecta directamente los chacos y la producción de las comunidades de Miraflores.
Al retornar de esta caminata, por invitación de Lucio Ayala, se pudo escuchar los testimonios de varios de los habitantes de esta comunidad. Varios de ellos llevaban a mano los resultados de las pruebas de niveles de mercurio elaboradas hace tiempo por el CEDIB y han sido también presentadas como evidencia en la demanda. Entre estos testimonios se destacó el de Mario Guari, un productor de cacao, “Nuestra actividad fundamental es sembrar el cacao, el chocolate llámese, hemos sido ganadores inclusive a nivel internacional, a partir del 2013 y 2015 hemos ganado el premio en París. Desde ahí es que venimos discutiendo que se nos respete también el margen del río Madre de Dios. Ese río es forma de vida para nosotros y no solamente para nosotros, sino para todo aquel que navega. Nosotros no utilizamos otro químico para ver el agua. La contaminación de nuestros árboles, nuestros peces. Todo eso va al mercado, a nivel nacional estamos mandando de aquí pescado y fruta. Nuestras hijas que están embarazadas, desde ahí vienen nuestros niños ya contaminados”.
Asimismo, otra escalofriante evidencia de la contaminación, fue escuchar el testimonio de otro habitante de la comunidad, quien explicaba cómo se puede ver la contaminación del mercurio inclusive en el fruto de cacao, presentando como evidencia algunos que tenían una apariencia negra y podrida.
Los comunarios también comentaron que jamás habían tenido este problema con sus cultivos y se lo atribuían enteramente a la presencia del mercurio. Otra de las preocupaciones de muchos, es que el Ministerio de Salud no se ha pronunciado de ninguna forma para tratar de acompañar y ofrecer un tratamiento adecuado para estos altos niveles de mercurio.
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Sobre el autor
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Aina Martínez
Aina Martínez es economista de profesión y se especializa en las áreas de economía del desarrollo y economía sostenible. Se define como una curiosa insaciable, apasionada por conocer nuevas personas y estilos de vida ajenos al suyo, una inclinación que atribuye a la influencia de los "personajes extravagantes" encontrados en sus lecturas favoritas. Para Martínez, el periodismo y la literatura se encuentran intrínsecamente entrelazados, pues ambas disciplinas comparten la capacidad de conectar con las personas, ofrecer una plataforma a quienes más lo necesitan y contar historias desconocidas, ocultas, crudas o difíciles tal y como son las del mundo real. Forma parte del equipo de Nómadas, con cuyos valores de sustentabilidad y justicia social se identifica plenamente. A través de sus reportajes, espera contribuir a la misión de la revista y a su compromiso con un mundo más justo y consciente.



