
En las profundidades del Bosque Seco Chiquitano, del Chaco y del Pantanal boliviano, el agua dulce ya es un bien escaso y urgente. Los humedales se secan, mientras la sed avanza al ritmo de la deforestación y de los incendios forestales. A pesar del tamaño de la crisis climática, quienes habitan este universo natural de Bolivia, se levantan cada día, decididos a emprender ésta que es una de las batallas más duras de sus vidas.
En Cotapata, un cafetal en armonía con el bosque demuestra que es posible producir sin destruir. El café de altura de Luis Flores no solo conquista paladares, también protege el agua, la biodiversidad y abre caminos al turismo vivencial.
En las profundidades del Bosque Seco Chiquitano, del Chaco y del Pantanal boliviano, el agua dulce ya es un bien escaso y urgente. Los humedales se secan, mientras la sed avanza al ritmo de la deforestación y de los incendios forestales. A pesar del tamaño de la crisis climática, quienes habitan este universo natural de Bolivia, se levantan cada día, decididos a emprender ésta que es una de las batallas más duras de sus vidas.
Hay lugares, como Miraflores, entre las poblaciones chiquitanas de San José y San Rafael, donde el agua que se extrae de los bolsones profundos de la tierra—literalmente— ya se vende, como se vende el pan y la gasolina.
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