
Imágenes que revelan el pulso del Planeta
Un recorrido por los bosques nublados de Cotapata donde cada encuentro con la vida silvestre revela las relaciones invisibles que sostienen uno de los ecosistemas más diversos de Bolivia. Esta crónica inmersiva de Reynaldo San Martín, propone mirar la conservación desde una certeza olvidada: no somos espectadores de la naturaleza, sino parte de ella.
Reynaldo San Martín
El artista Leoni Antequera, el botánico Alejandro Angulo y la representante de Guaytú, Cecilia Iñíguez, debatieron sobre la migración de los árboles, la convivencia entre especies y la conservación de los bosques. El encuentro unió arte y ciencia para reflexionar sobre la crisis ambiental que enfrenta Bolivia.

En un día de lluvia, los pontones que cruzan hacia San Ignacio de Moxos tuvieron de fondo un arco iris que embelleció el cielo amazónico.

Una noche sin energía eléctrica en Villa Montes permitió capturar una imagen única de la naturaleza, que se convierte en metáfora y llamado urgente a defender los bosques del Chaco boliviano.

En el corazón del Chaco tarijeño, el cielo se abrió como un presagio: el ojo de Dios miró en silencio el bosque herido, implorando acción antes de que continúe la destrucción.

En el Valle de Tucabaca, la belleza del bosque chiquitano se enfrenta a una devastación legalizada que avanza sin freno, dejando cicatrices profundas en un ecosistema que alguna vez respiró sin miedos a las manos del hombre.

Aferrado al cuerpo sin vida de su madre, debilitado por el humo tóxico, Tara sobrevivió a la tragedia que cobró la vida de miles, quizá millones, de animales silvestres durante los macabros incendios forestales del 2024.

Las lavanderas del río Negro en Baures, Beni, Bolivia, trabajan en comunidad, manteniendo viva una tradición cultural.

Un osezno perdido en Los Yungas y el encuentro con guardaparques y el fotógrafo Reynaldo San Martín, revelan la silenciosa labor de conservación en Bolivia.

Elena Mendoza Torrico expone la lucha desesperada de una mujer contra los incendios en La Esperanza (Ascensión de Guarayos), denunciando la destrucción de la vida silvestre y el impacto de la indiferencia humana, y llamando a la acción para salvar la naturaleza en Bolivia.

No se le ve el rostro. Pero uno puede imaginar el tamaño del espanto en su rostro, en su mirada. Arrodillado en el suelo, con

La serranía de Santiago (Santa Cruz, Bolivia), antes vibrante y llena de vida, ahora está envuelta en una capa densa de humo, producto de los voraces incendios forestales. En medio de esta desolación, una pareja de parabas surca el cielo, sus siluetas resaltando contra el fondo gris.
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