
El sol de la mañana se filtra con una intensidad dorada a través del espeso follaje amazónico, bañando de luz una baranda de madera donde la ropa puesta a secar cuenta la historia de un breve descanso en la travesía. En este rincón de Palestina, Pando, el aire huele a selva húmeda y a la resina de los árboles que custodian la ruta de los castañeros, un camino de resistencia y esfuerzo en el corazón del norte boliviano. Hasta este refugio de tablones gastados y sombras alargadas llegó el equipo de Revista Nómadas, deteniendo el tiempo entre el murmullo del bosque y la sencillez de una cotidianidad que, lejos de las ciudades, se rige únicamente por los ciclos de la luz y el rigor de la zafra.
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