
Avecita Chicchon es, sin duda, una de las personalidades más descollantes en la lucha por la conservación ambiental. Bajo su mando desde la Fundación Gordon y Betty Moore, esta antropóloga peruana se hizo mundialmente famosa por impulsar la protección con fondos ambientales de más de 400 millones de hectáreas en la Amazonía, un poco más que el tamaño de la India.
Hoy llega a Bolivia, un país que conoce casi como al suyo, con un objetivo fundamental: destacar la importancia de los pueblos indígenas en el proceso de financiamiento para la conservación ambiental, uno de los ejes del Congreso de la REDLAC.
—¿Qué significa, en la práctica, que los pueblos indígenas tengan acceso directo al financiamiento para la conservación?
—Es muy importante que las poblaciones indígenas puedan tener acceso a sus propios fondos para poder decidir sobre ellos dando las prioridades que ellos tengan. Y como conversábamos más temprano, el principal objetivo no es necesariamente de conservación. El objetivo principal es, normalmente, aquel que apunta al bienestar social, cultural y físico de las poblaciones, y la conservación viene como consecuencia de eso. Entonces, es importante que se acompañen estos procesos para que las poblaciones indígenas puedan tener acceso directo a los fondos que puedan servirles para poder tener una vida mejor.

—¿Cómo garantizar que los pueblos indígenas logren los beneficios de todo este sistema financiero en función del medio ambiente? ¿Qué condiciones deben cumplir para que ellos realmente puedan participar de este proceso?
—Tiene que haber un cambio de actitud completamente diferente, ¿no? Porque ahora el control de los fondos de clima y de la biodiversidad está en manos de las unidades multilaterales, desde la filantropía, etc. Entonces tiene que construirse una confianza bastante importante, una confianza mutua para poder asignar fondos a poblaciones indígenas y que lo tomen como un derecho, pero también como una responsabilidad. Hay que ser muy responsables en el sentido de fortalecer los procesos financieros de rendición de cuentas, por ejemplo.
—¿Qué ha pasado hasta ahora? ¿Por qué si los pueblos indígenas son los que protegen buena parte de los territorios, tan pocos de ellos acceden a los recursos directamente de los fondos ambientales?
—Eso no ocurre solamente por los fondos ambientales. En realidad, es una condición histórica que no acceden a muchas cosas de la sociedad y del Estado. Las poblaciones indígenas han estado por mucho tiempo en nuestros países marginadas. Entonces, no es que no tengan solamente acceso a los fondos ambientales, no tienen acceso a muchas cosas. Y no las tienen porque ha habido una distribución de la riqueza que no ha sido igualitaria. En nuestros países los números macroeconómicos pueden ser bonitos porque se piensa y se dice que hay mucha riqueza en un país, pero cuando se distribuye, esa riqueza no llega a las poblaciones indígenas.
Eso tiene que cambiar y eso viene desde lo más arriba que son los decisores políticos, los ministerios de economía y finanzas que desde los gobiernos deciden a dónde van esos recursos.
—¿Qué ventajas tienen los fondos territoriales indígenas frente a los modelos tradicionales de financiamiento?
— Las poblaciones indígenas están en la primera línea de la protección de los recursos naturales y los territorios. Sin embargo, ellos no tienen los recursos financieros necesarios para poder afrontar amenazas a su propio territorio. Entonces, si ellos pudieran tener acceso directo a esos recursos podrían defender mejor sus territorios para ellos mismos y para la conservación de la naturaleza también.
—Usted es parte de una fundación muy importante, Gordon and Betty Moore Foundation. ¿Cuál es el mensaje de esta fundación para América Latina y para este encuentro en particular de la REDLAC?
—Nuestro mensaje principal es de tener una actitud de empatía con las poblaciones indígenas y de ir de la teoría a la práctica. Es decir, buscar la igualdad de condiciones para las diferentes poblaciones y particularmente a las poblaciones indígenas que están en la primera línea de conservar la naturaleza.

—¿Cómo pueden estos fondos fortalecer al mismo tiempo la conservación, pero también los medios de vida de los pobladores indígenas?
—Hay que un poco cambiar la idea de que primero es la conservación. Para los pobladores indígenas lo primero es su situación social y después viene la conservación. Entonces no puede haber uno sin el otro.
—¿Usted podría contarnos sobre alguna experiencia concreta que la gente pueda visualizar donde sí ha habido un “éxito” de este modelo?
—A ver, más temprano, en lo que presenté en el Congreso de REDLAC hablé de un fondo ambiental en el Parque Nacional y Área Natural de Manejo Integrado Kaa-Iya, que está acá en el Gran Chaco, en Bolivia. En 2003 se estableció un fondo público-privado de un millón de dólares para que se codiseñe y se comaneje con los isozeños. Veintitrés años después todavía existe ese fondo y se utilizan los intereses para la protección de un área protegida importante que es una de las más grandes de Bolivia.
—¿Qué más debería hacer el Estado boliviano para poder fortalecer la integración de los pueblos indígenas en todo este proceso?
—Hay una iniciativa, el Programa de Financiamiento para la Permanencia (PFP, por sus siglas en inglés Project Finance for Permanence), que tiene que ver con los fondos financieros para la permanencia de la conservación de las áreas protegidas. Esto también incluye, de alguna forma, una perspectiva de trabajo con los pobladores indígenas. Sería muy interesante y muy beneficioso para Bolivia de asumir ese reto de establecer un fondo permanente para la conservación de la naturaleza.
***
Sobre el autor
-
Carlos Hugo Morales Peña
Es Periodista y Comunicador Social por la Universidad Nacional de La Plata (Argentina). Fue Jefe de Redacción del matutino La Prensa de La Paz y redactor y editor de los medios de comunicación El Deber, Forbes y Asuntos Centrales de Santa Cruz. Especialista en periodismo político e internacional. Fue docente diplomado en las Universidades Católica, NUR, Unifranz y Diakonía. Es autor de dos libros de investigación y no ficción: “Entrevista con la Globalización” (Plural, 2008) y “Chivos Expiatorios: Historias humanas detrás de la migración, e asilo y la búsqueda de esperanza” (UK Publishing House, 2026). Estuvo exiliado en Gran Bretaña entre 2024 y 2026. Colaborador de la revista Nómadas.



