
Una obra para leerla y mirarla con ojos de niño fue presentada al público cruceño, con el título de Guardianes de los bosques. Se trata de una iniciativa de la Fundación Amigos de la Naturaleza (FAN), que cristalizó tras meses de un delicado trabajo que suma diversas artes. El resultado, tres libros que buscan sembrar consciencia sobre el cuidado de los bosques en las generaciones más jóvenes. NÓMADAS conversó con su autora, María José Parejas, una personalidad profunda y múltiplemente ligada a las letras.
Detrás de estas páginas hay una apuesta sencilla y poderosa. Antes de decirle a un niño que debe cuidar un bosque, hay que conseguir que quiera entrar en él. María José Parejas lo entendió así al escribir las historias de Mara, Silvio y el duende Toia, un viaje por la biodiversidad, la imaginación y la cultura de Bolivia en el que el conocimiento llega de la mano del asombro.
—Si usted le entregara estos libros a un niño, ¿cómo se los recomendaría para motivarlo a leerlos y que capte el mensaje que tienen?
—Para motivar a un niño a leer hay que entusiasmarlo. Es exactamente igual que cuando queremos que pruebe un alimento nuevo o se anime a jugar un juego que no conoce: primero tenemos que despertar su curiosidad.
Así que, antes de hablarle del mensaje ambiental de los libros, le mostraría sus páginas para que descubra las bellísimas ilustraciones de Romaneth Zárate. Después le contaría, apenas un poquito, de qué se trata la historia. Algo así:
“Mara y Silvio son dos niños que ayudan a su abuelo Silvestre a cuidar su jardín. Un día encuentran entre las plantas a un duende verde, con pelo de árbol y pies de raíz. El duende se llama Toia y, con su flauta mágica, los lleva de paseo por algunos de los bosques más hermosos de Bolivia. ¿Querés saber cómo son esos bosques?”.
Y ahí está el secreto: primero hay que despertar las ganas de saber qué pasa después. Si logramos eso, el niño ya entró al libro.
-—Advierto un gran esfuerzo por lograr en ellos un temprano lazo afectivo con la naturaleza. ¿En qué elementos pedagógicos se basa para lograr ese propósito?
—Creo que el primer vínculo con la naturaleza no se construye necesariamente desde una lección, sino desde el afecto. Un niño difícilmente cuidará aquello que no conoce y, sobre todo, aquello que no siente cercano.
Por eso, en estos libros quisimos que los bosques no fueran solamente lugares que el niño pudiera conocer a través de datos, sino mundos capaces de despertar curiosidad, asombro y cariño. Que los árboles, los animales, las plantas y los paisajes fueran parte de una aventura.
Más que enseñarle al niño qué debe hacer para cuidar la naturaleza, quisimos que primero se enamorara de ella. Porque cuando algo nos importa, naturalmente queremos protegerlo.
—¿Cuál es el propósito pedagógico de estos libros?
-Efectivamente, el propósito de estos libros es transmitir un mensaje de cuidado y respeto por el medio ambiente. Cuando Karina Sauma, de FAN, me invitó a ser parte del proyecto, me explicó que la idea era crear cuentos para niños sobre los bosques y la biodiversidad de Bolivia. Es decir, el propósito pedagógico estaba presente desde el nacimiento mismo del proyecto.
Ahora bien, para mí un libro infantil debe ser, antes que nada, un elemento lúdico. Por eso traté de incorporar el conocimiento, pero siempre bañado de humor, imaginación y literatura infantil.
Mi intención era que estos libros no se sintieran como una tarea, sino como una aventura; que leerlos fuera una diversión. Y que, mientras los pequeños lectores se divierten, también aprendan, descubran, se conmuevan y, quizás sin darse cuenta, comiencen a mirar la naturaleza de una manera diferente.

—¿En qué se inspiró cada una de las tres historias?
Cuando la Fundación Amigos de la Naturaleza (FAN) me invitó a formar parte del proyecto, la institución ya tenía muy claro qué quería: libros para niños cuyos protagonistas pudieran viajar por diferentes bosques de Bolivia, descubrir sus maravillas y, a través de esas historias, despertar en los lectores el deseo de conocerlos y protegerlos.
De modo que la gran inspiración estaba allí desde el comienzo: nuestros bosques, nuestra fauna, nuestra flora y nuestra cultura.
A partir de esa idea, cada historia fue tomando su propio camino. Por ejemplo, me inspiré en la mitología chiquitana para crear a Toia, el duende que acompaña a Mara y Silvio. En la tradición, Toia anunciaba con su flauta mágica la llegada de la cosecha. Yo tomé esa figura de nuestra mitología y la llevé al territorio de la imaginación infantil: le puse pelo de árbol, pies de raíz y una personalidad capaz de conducir a los niños por los bosques de Bolivia.
Creo que eso es justamente lo maravilloso de escribir para niños: la realidad nos da la semilla y la imaginación se encarga de hacer crecer el árbol.
—¿Cómo concibió a los personajes y los elementos centrales de las historias?
—FAN me pidió que los protagonistas fueran dos niños: un niño y una niña. Así nacieron Mara y Silvio, dos primos de ocho años.
También quise que sus nombres tuvieran una relación con la naturaleza. Mara es el nombre de un árbol y Silvio proviene del latín silva, que significa bosque o selva.
Después apareció el abuelo Silvestre. Lo incorporé porque necesitaba que los niños tuvieran un vínculo cotidiano con las plantas y con el cuidado de la naturaleza. Pero también porque, para mí, los abuelos son lo máximo. Tienen esa capacidad maravillosa de transmitir historias, conocimientos y afecto, y me gustaba la idea de que un abuelo fuera parte de esta aventura.
Y luego apareció el elemento mágico: un duende que pudiera llevarlos de viaje por los bosques. Toia nació de la mitología chiquitana, pero yo le agregué mi propia imaginación: le puse pelo de árbol, pies de raíces y un humor muy peculiar.
Así fueron apareciendo los personajes: un poquito de naturaleza, un poquito de cultura, un poquito de recuerdos y, sobre todo, mucha imaginación.
—Conozco personas muy cercanas a mí que vivieron años o crecieron cerca de alguno de los lugares que citan sus libros. Varias de ellas guardan esa relación casi personal con la naturaleza, algunas incluso con la idea de los duendes y las hadas. Les hablan a los árboles o a los animales, los sienten tristes o alegres, saben de sus conductas previsoras, etc. ¿Cuál ha sido su experiencia en ese sentido, en mayor o menor grado?
—Creo que la naturaleza siempre nos está hablando. Lo que sucede es que muchas veces hemos perdido la capacidad de escucharla. Hay que estar atentos para entender sus sonidos, sus silencios, sus cambios y hasta sus estados de ánimo.
Y si, además, somos capaces de creer que en ella habitan seres mágicos —ya sea que podamos verlos con los ojos, con la mente o con el corazón—, nuestra conexión con la naturaleza se vuelve todavía más profunda.
Quizás por eso la literatura y la naturaleza se llevan tan bien: ambas nos invitan a mirar más allá de lo evidente.
—Cuéntenos cómo surgió y se desarrolló el proyecto.
—Estos libros son el resultado de un hermoso proyecto desarrollado por la Fundación Amigos de la Naturaleza. FAN me invitó a formar parte del equipo, y también convocó a la ilustradora, a la traductora —porque los libros son bilingües, en español e inglés—, a la diseñadora y a todas las personas que hicieron posible que estas historias llegaran a convertirse en libros.
El proyecto, además, contó con el apoyo económico de la Plataforma Suecia-Unión Europea, que creyó en la literatura como una poderosa herramienta para contribuir al cuidado del medio ambiente.
Y creo que ahí está una de las cosas más bonitas de este trabajo: varias personas, con talentos diferentes, trabajando hacia un mismo propósito: acercar a los niños a los bosques de Bolivia y despertar en ellos el deseo de protegerlos.
—Los textos sumaron las habilidades de varios talentos. ¿Qué elementos destaca de la obra completa?
Sobre todo, el enorme talento de la ilustradora Romaneth Zárate.
Sus ilustraciones les dieron vida a los libros. Ella hizo magia.
Cuando vi cómo había interpretado a los personajes, los bosques y, especialmente, a ese pequeño duende que yo había imaginado, sentí que mis palabras habían encontrado finalmente un cuerpo y un rostro.
Creo que ese es uno de los grandes milagros de un libro infantil: cuando texto e ilustración se encuentran, la historia deja de pertenecer solamente a quien la escribió y empieza a convertirse en un mundo que todos pueden habitar.

—Cuéntenos cómo ha sido el trabajo realizado. Sin duda, este tipo de emprendimientos implican un gran esfuerzo personal y de equipo.
-Efectivamente, detrás de estos libros hay todo un equipo que trabajó durante meses, coordinado y acompañado por Karina Sauma, de FAN.
Participamos: textos, María José Parejas; ilustraciones, Romaneth Zárate; diseño, Andriana García. Y a ellas se sumaron las personas encargadas de la traducción y de las distintas etapas de producción que hicieron posible que el proyecto llegara a buen puerto.
Fue un trabajo muy lindo y profundamente gratificante. Y hay algo que para mí es especialmente importante: nunca sentimos que fuera un trabajo pesado. Al contrario, lo disfrutamos muchísimo.
Cada etapa tenía algo especial: imaginar las historias, escribirlas, ver aparecer las ilustraciones, descubrir cómo cobraban vida los personajes, revisar las páginas y, finalmente, tener los libros entre las manos.
Después de tantos años trabajando con libros de otros autores (soy editora hace casi 15 años), tener la oportunidad de crear estos cuentos fue un regalo. Y hacerlo, además, hablando de nuestros bosques, de nuestra biodiversidad y de nuestro país, lo hizo todavía más especial.
—¿Esta obra es apta para mayores de edad? ¿Por qué?
—¡Por supuesto!
Estos libros son aptos para todos los que quieran amar un poquito más a Bolivia.
Son libros para niños, pero creo que un adulto también puede disfrutarlos, emocionarse con sus historias y, sobre todo, recordar algo que a veces olvidamos: que nuestros bosques, nuestros animales, nuestras plantas y nuestra cultura forman parte de una riqueza extraordinaria que tenemos la responsabilidad de cuidar.
Así que sí: son libros para todos. Para los niños que están descubriendo Bolivia y para los adultos que necesitan volver a mirarla con ojos de niño.
- Los interesados en comprar los libros, pueden hacer en las oficinas de la FAN, escribiendo al correo ksauma@fan-bo.org o llamando al teléfono 75495307.
***
Sobre el autor
-
Rafael Alberto Sagárnaga López
Rafael Alberto Sagárnaga López es lingüista y periodista. Trabajó para diversos diarios, revistas y agencias de prensa de Bolivia y el exterior. Se ha dedicado especialmente a realizar crónicas, entrevistas y reportajes. Ha obtenido premios por parte de Conservación Internacional (CI) (2007, 2009, 2015 y 2017), la Asociación Nacional de Periodismo (2015), la Fundación UNIR (2008) y la Alcaldía Municipal de La Paz (2002). Destaca entre estos el premio latinoamericano de CI del año 2007 que logró en co autoría con la periodista Mónica Oblitas. También ha sido docente universitario.



