
Hace casi diez años, un encuentro personal y artístico dio vida a Brújula Teatro. Nathalya Santana, con su formación académica y su ímpetu por contar historias propias, y Javier Silva, con su visión lúdica y experiencia corporativa, decidieron que el escenario no era un lugar para esperar llamadas, sino para construir realidades. Lo que comenzó como una búsqueda de independencia profesional se transformó rápidamente en un motor de innovación estética que ha sabido leer el pulso de una ciudad sedienta de experiencias nuevas.
La compañía se ha distinguido por romper la “cuarta pared”, llevando al espectador desde la comodidad de su butaca hasta el centro mismo de la acción. Ya sea a través del ciclo Traslacruz, donde los teléfonos celulares se vuelven herramientas dramáticas, o mediante sus famosas Cenas con delito, Nathalya y Javier apuestan por un teatro vivo e interactivo. Su hito más reciente, la inauguración del Teatro de la Selva con la obra Momo, demostró que su propuesta no teme a los grandes formatos ni a la convivencia con el entorno natural de Porongo.
Más allá de las luces, Brújula Teatro es también un ejemplo de gestión y sostenibilidad en un contexto complejo. Como artistas-emprendedores, han sabido trasladar la sensibilidad del escenario al mundo empresarial, demostrando que el teatro es una herramienta poderosa para la comunicación humana. Con la mira puesta en el cine y la organización del Día Mundial del Teatro 2026, esta dupla sigue navegando con la misma convicción del primer día: hacer del arte un oficio digno, arriesgado y, sobre todo, profundamente compartido.

P. Brújula Teatro nació en 2015. ¿Cuál fue la “brújula” inicial que los guio a fundar la compañía? Es decir, ¿qué vacío o necesidad sintieron que Brújula Teatro debía llenar en el panorama artístico de Santa Cruz y Bolivia, y cómo ha evolucionado esa visión a lo largo de estos casi diez años?
R. Nathalya: A mi me movió mucho la idea de hacer lo propio, de contar mis propias historias, de decir a través del teatro lo que quería y necesitaba decir, de aplicar todo lo que aprendí en mi formación académica, de mis profesores en Colombia y claro, de hacer teatro a mi manera.
No quería seguir esperando a que me “llamen” para ser parte, para crear algo, además tenía necesidad de trabajar, un hijo, muchas ganas de hacer y un deseo profundo de poder vivir de mi profesión. Y además en ese tiempo me conocí con Javier y nos estábamos seduciendo, teníamos mucha atracción y compatibilidad, así que la idea de tener un partner como él me gustó mucho. Empecé a soñar.
Y diez años después sigo soñando con él.
En ese momento para ser sincera no tenía una pretensión de llenar un vacío en la ciudad o el país, sino el mío. Tenía el deseo de actuar, de ser intérprete, de hacer teatro, de hacer cine, de trabajar pro y de ganarme la vida bien con mi oficio, sin ser todera.
La visión se ha ido clarificando, el deseo no, y en este encuentro con Javi, empecé a sentir que había que producir mucho y de calidad, apostar por seguir y no parar, sin depender de fondos y apoyos, sino lanzarse al agua con los recursos que tuviéramos, ósea, ninguno jeje, más que nuestra educación, deseo, capacidad de trabajo, voluntad y ganas de comernos el mundo.
R. Javier: Brújula Teatro nació con nuestro encuentro. Yo venía de dar clase varios años en el Cambridge College de nuestra ciudad y trabajar en el área corporativa. Pero sentía que estaba por fuera del circuito teatral. De la movida, propiamente dicha. Estaba el deseo de encarar un proyecto propio, y al empezar a compartir ese sueño, puedo decir que encontré en Nathalya a un “par”: alguien con quien poder compartir las ganas de hacer e investigar; el trabajo, y sobre todo una ética, una idea y una forma de profesar nuestro oficio en el día a día. Para mí fue lanzarme a la piscina. Asumir que realmente quería vivir del arte y apostar todos mis porotos a que había encontrado con quién hacerlo.
En cuanto a cómo la visión de nuestro trabajo ha ido cambiando, yo pienso que más que eso hemos ido explorando diferentes soportes. Pero de algún modo, nuestro deseo de crecer como compañía, profesionalizarnos cada vez más, y buscar diferentes estéticas y formatos escénicos es una constante. Desde nuestra primera obra quisimos hacer un teatro que traiga nuevo público a las salas.

P. Su trabajo se ha centrado en el teatro de inmersión y la interacción masiva. ¿Qué los atrajo particularmente a estas poéticas y estéticas, y cómo creen que el público boliviano responde a esta ruptura de la “cuarta pared” en comparación con el teatro tradicional?
R. Nathalya: La verdad que vengo de la escuela tradicional y del teatro como un oficio que se desarrolla antes de la escena, en la escena y después de la escena, pero siempre con la claridad de que saldría de la facultad a hacer lo mío, sin estar buscando aprobación de maestros, expertos, críticos, sino a conectar conmigo misma, con el mundo, a seguir capacitándome, a estar presente, atenta, observando, escuchando y aprendiendo de gente grande (no de edad), sino con recorrido, experiencia y gentileza. Javier ha impulsado mucho la idea de hacer un teatro diferente, de explorar este código de inmersión y creo que nuestra versión de La Moribunda, Tragedia en 4 estaciones, dirigida por él y escrita por Tortonese y Urdapilleta, ha revolucionado en mí la idea de apostar por otros lenguajes, de salir de lo tradicional y aunque al principio estaba un poco dudosa me le medí. Soy una persona muy arriesgada y muy sociable. Me encanta la interacción con la gente, la improvisación y ese juego que sucede ahí tan vivo, tan real, tan intenso.
Creo que el público responde muy bien, asiste a nuestras obras, gusta de nuestra propuesta, de nuestras interpretaciones, nos felicitan, nos siguen orgánicamente, quieren consumir y asistir a lo nuestro, ser parte de experiencias que lo movilicen, claro, hay de todo, seguramente hay gente que no le gusta para nada lo que hacemos y es respetable también. No le podés gustar a todo el mundo. Lo que si es que generamos movida y eso nadie lo puede negar. Ya me ardieron las orejas, Roberto jaja.
R. Javier: Siempre me gustó mucho jugar. Videojuegos, juegos de mesa, juegos de rol. Y siempre me gustó la dimensión lúdica de lo teatral. Más allá del como si, la presencia real, el encuentro cara a cara entre actor y espectador, permite investigar una interacción que trascienda los límites de la cuarta pared. Ya en la primera obra de BT, La Moribunda, vamos rompiendo desde adentro las reglas clásicas de “lo teatral”.
Eso, sumado al gusto por la experimentación, pero también a la necesidad de abrir nuevos espacios, ya que no hay tantas salas teatrales en la ciudad y no es fácil sostener temporadas largas en ellas, nos fue llevando a este tipo de búsquedas.
Y creo que donde más lejos fuimos en esa exploración fue con el ciclo Traslacruz. En “habitantes y fantasmas del tercer patio”, que se jugaba en una casona del casco viejo invitábamos a los espectadores, divididos en grupos, a intervenir los monólogos de los personajes con líneas que salían en sus teléfonos. De esa manera les inyectaba funciones dramáticas que modificaban cada función según cómo la gente participaba de la obra. O en Míticos, por ejemplo, que es una obra donde los espectadores poco a poco descubren que son parte de facciones enfrentadas y deben realizar ciertas acciones para lograr o impedir que tres mitos cruceños encarnen esa noche y recorran las calles de la ciudad como antaño.
Luego están nuestras Cenas con Delito: Asesinato en el Besitos Night Ckub y ¿Quién mató a Sara Connor? donde los espectadores juegan como detectives, reconstruyendo un rompecabezas de relaciones y situaciones para descubrir un asesino.
Pienso que sobre todo después de la pandemia, el espectador busca experiencias tangibles, y sentirse parte.

P. Asistí a Momo en el Teatro de la Selva y a ¿Quién mató a Sara Connor? (Cena con Delito). Momo es un cuento mágico sobre el tiempo, en un espacio natural; la otra es una experiencia de thriller inmersivo. ¿Cómo manejan creativamente y logísticamente la diversidad de géneros y formatos que abordan?
R. Nathalya: Esto me alucina, me encanta la diversidad. Alimenta mucho mi creatividad. Poder jugar muchas historias y contarlas de maneras diferentes me parece súper genial. Hace que sea todo más fresco, más vivo. Y no nos encasilla. Hacemos lo que queremos y lo que nos mueve el piso. Y bueno, nos organizamos para ver a qué público está dirigido, cual es el tratamiento, la estrategia, cómo debemos llevar ciertos procesos. Creo que también me acompaña la intuición de cómo encarar.
R. Javier: Creo que cada material viene con su propio reto y desafío. Generalmente partimos de la idea de resolver un montaje con la mínima cantidad de elementos superfluos. Casi todas nuestras obras caben en una maleta. Momo requería de otras dimensiones, de un equipo más grande, pero en general partimos de discutir mucho el material con Nathalya e ir imaginado distintos caminos para concretarlo. También nos mueve mucho lo que queremos decir, Sara Connor y todo ese juego con el mundillo del arte y el chicaneo un poquito a nuestra sociedad y a nuestro entorno es algo con lo que queríamos jugar y compartir. En otros casos ha sido la necesidad de investigar un lenguaje como en el ciclo Traslacruz, donde la exploración era integrar una herramienta tecnológica de interacción masiva que investigamos seis meses durante una residencia con la Fundación Épica de la Fura Dels Baus, dándonos un fuerte desafío en lo creativo y también en lo actoral, porque esa propuesta lanza a los actores sin red. Hay que estar muy despierto y listo para la improvisación, para jalar los hilos que te entregan los espectadores.
P. Momo, basada en la novela de Michael Ende, habla del verdadero valor del tiempo. En un contexto como el nuestro, impulsado por la prisa, ¿por qué sintieron que era el momento clave para llevar esta historia al escenario? ¿Qué reto supuso adaptar una obra tan profunda y presentarla en un espacio escénico tan singular como el Teatro de la Selva en Porongo?
R. Nathalya: Pues mirá Roberto, es re loca la pregunta que me haces, porque si bien la obra habla de eso y era importante reflexionarlo más que bajar línea, poder mostrar con imágenes concretas ciertas realidades que vivimos todos, la necesidad de conectar de verdad, de compartir calidad de tiempo, pues en la vida real y en lo operativo estábamos apurados, teníamos prisa por llegar en tiempo y forma, por cumplir a nuestro compromiso, con una bebé en brazos, un adolescente, un equipo de dieciochos personas entre actores, bailarines, diseñadora de luces, maquillista, utilero y en pareja, etc, y para que no nos boten jejeje. Entonces es una paradoja.
Y la idea de esa historia nos pareció muy apropiada porque sucedía en un anfiteatro y con un bosque hermoso alrededor. Era idónea y Brian Reale del Teatro de la Selva, se enamoró de la idea enseguida.
R. Javier: Ser profundo no es lo mismo que venirse abajo. El mayor desafío era mantener el espíritu de lo original sin olvidar que es un cuento infantil. Encontrar la manera de aggiornar (actualizar) esa novela que tiene cincuenta y tres años, traerla a nuestro tiempo, a nuestro entorno y a un lenguaje que sea ágil sin perder el corazón de lo que la novela cuenta.

P. Estrenar Momo fue un hito al ser la obra inaugural del hermoso Teatro de la Selva en Porongo, un espacio que fusiona arte y naturaleza. ¿Qué significó para Brújula Teatro ser la compañía elegida para este evento histórico? Y en términos de la poética, ¿cómo influyó la experiencia de trabajar al aire libre, bajo la selva?
R. Nathalya: Significa mucho para ambos. Como vos bien lo decís, es un evento histórico en nuestra ciudad y realmente nos sentimos muy honrados y agradecidos por esta oportunidad. O sea, como te digo, es un impulso para seguir haciendo, una esperanza. Siento que estoy comenzando a ver los frutos del trabajo, de la dedicación, del esfuerzo, de la perseverancia, constancia y el amor por lo que hacemos. De que todo lo que das vuelve y el hecho de que una persona nos vea, valore el arte, valore lo nuestro y quiera trabajar con nosotros de manera seria y profesional es un montón. Y más allá del boom y las redes sociales, me gusta mucho que hayan logrado semejante proyecto y que tengamos un lugar tan lindo en la ciudad y en el país.
Nosotros hemos sido siempre muy todoterreno. Ambos hemos vivido en la montaña aquí en Bolivia y yo también en Argentina, entonces no ha sido algo tan fuera de la realidad ni tan lejano. Nos gusta la naturaleza (un ratico si jeje), nos adaptamos a las condiciones y hacemos con lo que hay. Entonces a mí me ha parecido muy chévere que actuemos al aire libre. Es la primera vez que me presento en un anfiteatro de estas características con un proyecto propio. Y que la obra comience con la puesta de sol y después termine en la noche, me ha parecido espectacular.
R. Javier: Tal como dice Natha, para nosotros como compañía ha sido muy especial esta posibilidad. Después de tantos años en este país, esta oportunidad de alguna manera es un reconocimiento al trabajo que venimos haciendo y estoy muy agradecido por ello.
P. Brújula Teatro no solo hace arte; también aplica la intervención artística en Team Building, Imcoproaching y eventos corporativos. ¿Cómo se traduce la disciplina y la sensibilidad teatral en herramientas efectivas para el desarrollo personal y la evaluación de personal en el ámbito empresarial? ¿Ven esto como una forma de sostenibilidad artística o como una extensión natural de la capacidad comunicativa del teatro?
R. Nathalya: Pienso que todo lo que hacemos tiene arte, porque hay piense, creatividad, sensibilidad, estética y poética, solo que está en diferentes contextos. Los tiempos y requerimientos son distintos y hemos aprendido a ser muy operativos y prácticos. He aprendido mucho de Javi en la línea corporativa, ya que él había incursionado antes en esa área. Y personalmente como productora así lo veo y como intérprete me adapto a la necesidad que hay, y me encanta el escenario, el set, el espacio que haya para la interpretación. También hay cosas que realmente como compañía no nos interesan y no queremos hacer, por supuesto que hemos pasado por ahí, pero cada vez menos.
Si, es una forma de sostenibilidad y también una extensión natural de la capacidad comunicativa del teatro como lo mencionás, y creo que la gente necesita nutrirse con este tipo de estímulos para hacer la vida y la jornada laborar más dinámica y más llevadera.
R. Javier: Ambas cosas. El teatro no solamente existe en la escena, sino que hay un montón de técnicas y procedimientos que sirven para construir el grupo previamente, para desarrollar la comunicación y para fortalecer la toma de decisiones y la espontaneidad, que son parte del proceso previo en cualquier montaje y que son herramientas muy útiles en el contexto organizacional. En cuanto a las situaciones de evaluación hemos encontrado que nuestro acompañamiento genera una disrupción que produce en la persona evaluada una baja de las resistencias, una vez superado el pánico inicial, se ponen a jugar con nosotros y es muy positivo para estas actividades.

P. Como artistas que gestionan una compañía que abarca teatro, eventos y coaching, ¿cuáles son los mayores desafíos y las mayores satisfacciones de ser un artista-emprendedor en Santa Cruz de la Sierra?
R. Nathalya: No abarcamos todo, solo tenemos distintas líneas de trabajo. Pues creo que los desafíos son bravos. Uno de ellos es poder mantener a nuestra familia viviendo exclusivamente de lo que hacemos. Y otro es que la misma sociedad nos del valor y el respeto que nos merecemos como artistas. Que la gente entienda que ser actriz/actor es una profesión tan digna y seria como cualquier otra.
Y una de las mayores satisfacciones de ser una artista emprendedora es que yo genero mi propio trabajo. Nosotros inventamos lo que hacemos, lo creamos, lo vendemos y lo hacemos realidad. Y además podemos mantener nuestra familia con nuestra profesión, aunque hay meses más duros que otros obviamente.
R. Javier: Para mí lo primero es vivir de lo nuestro, de lo que sabemos hacer. Poder encontrar un equilibrio en esas dos ramas de nuestro trabajo, mantener una cartelera permanente y seguir creciendo, creo que esos son los desafíos y al mismo tiempo las satisfacciones del trabajo que hacemos.
P. Después de explorar diversas poéticas, formatos y aplicaciones, ¿cuál es el siguiente gran reto creativo que se ha fijado Brújula Teatro? ¿Hay algún nuevo género, tecnología o espacio que les interese explorar en el futuro cercano?
R. Nathalya: Seguimos en la exploración del lenguaje inmersivo, pero sobre todo en darle fuerza y vida a las historias que queremos contar, seguir acompañando nuestra búsqueda creativa con lo humano y lo ético y también trabajar más en cine como actores. Y personalmente seguir profundizando en la actuación y la interpretación que es lo que más me mueve. Quisiera tomar más talleres con duros del teatro y del cine. Ese cambio de código actoral me encanta.
Ahora mismo estamos preparando los festejos para el Día Mundial del Teatro 2026, porque nos han pasado la posta como compañía organizadora. Y claro, estamos cocinando nuevas movidas con la compañía…Déjame que no te cuente… jejeje.
Gracias Revista Nómadas por vernos, por este espacio de diálogo escrito. Por volver a la raíz de porqué estoy haciendo lo que hago.
R. Javier: Bueno personalmente, a mí me gustaría completar el ciclo Traslacruz con una tercera obra que involucre a los espectadores y sus teléfonos celulares. Creo que la dramaturgia del espectador es algo que me interesa profundizar cuando se den las condiciones para ello. Seguir explorando lenguajes, creando nuevos materiales. Comparto con Natha el gusto por el cine y el deseo de trabajar más en esa área. En cuanto a los próximos pasos, como Natha contó, estamos pensando en cómo vamos a celebrar el año que viene el Día Mundial del Teatro.
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Sobre el autor
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Roberto Navia
Desde hace más de dos décadas transita por el mundo para intentar elevar a los anónimos del planeta al foco de lo visible. Sus crónicas emblemáticas: Tribus de la inquisición y Los Colmillos de la Mafia le han permitido ganar dos veces el Premio Rey de España (2014 y 2017); Esclavos Made in Bolivia, el premio Ortega y Gasset (2007); el documental Tribus de la Inquisición, la nominación a los Premios Goya (2018), Flechas contra el Asfalto y Los Piratas de la Madera desangran el Amboró, dos veces ganadores del Premio de Conservación Internacional, entre otros galardones nacionales e internacionales. Es docente universitario de postgrado, la cabeza de la Secretaría de Libertad de Expresión de la Asociación de Periodistas de Santa Cruz, miembro del Tribunal de Ética de la Asociación Nacional de la Prensa de Bolivia y de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP).



