
Rutas verdes, experiencias únicas
Una caída de seis metros hacia el fondo rocoso de una quebrada, un cráneo fracturado, una vértebra fisurada y la compañía de uno de los paisajes más bellos del Planeta en el momento más crítico de un hombre. En las profundidades del cañón del Pilaya, un accidente rutinario de investigación biológica se transformó en una agónica odisea de más de 24 horas para salvar una vida. Esta crónica en primera persona de su principal rescatista, narra el rescate del biólogo Romer Miserendino; una travesía donde la solidaridad incondicional de una comunidad campesina se convirtió en el más valioso refugio de la esperanza.
Juan de Dios Garay
La proyectada carretera que atravesaría el área protegida indígena Ñembi Guasu reabre el debate sobre el modelo de desarrollo que necesita Bolivia. Esta reflexión aborda los impactos ambientales, culturales y sociales de una obra que podría transformar para siempre uno de los bosques mejor conservados del país.

A Ramada se llega por un caminito arenoso escoltado por los exclusivos árboles esbeltos del bosque seco Chiquitano de la Bolivia profunda. Solo 18 kilómetros de una ruta imperfecta que nace a un costado de la carretera asfaltada. El camino es angosto y no se necesita más. Hay pozos bocones por aquí y por allá, pero uno no llega a odiarlos porque se imponen los cantos de las aves y los bullicios de la ciudad no existen ni siquiera en los malos recuerdos.

“Los trenes no suenan sus bocinas tan bello como los barcos. Sin embargo, tierra adentro, no hay aguas suficientes para acercar semejantes distancias. Vamos, dilo, y asomaré en tranvía al café de aquella calle de Vinnytsia y programaremos un viaje al fin del mundo”.

Braga era una fiesta —dice Claudio— parafraseando a Hemingway. Caminó por la ciudad histórica que se encuentra al Norte de Portugal. La sintió como sienten los escritores algo que va más allá de las palabras. Y ahora que buena parte del mundo está metido en sus hogares, la recuerda y la comparte.

La vieja casona está en Chile, mirando el mar. Sus paredes son cartas con promesas que no se las lleva el viento.

Abro un mapa que queda corto para Kharkiv, llega hasta Sumy y Kremenchuk. Trato de trazar a lápiz aquel viaje que hice en octubre de 2018 entre una ciudad y otra, entre Odessa y Jarkov, la antigua capital. Del Mar Negro a la casi frontera rusa, medio país hacia oriente. Entonces no usé un mapa y lo desecho hoy, no por inservible, sino porque aparte de unas cuantas referencias geográficas hablaré de gente, impresiones, recuerdo y memoria. El boleto costó 11 dólares.
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