
El sol de la tarde cae de costado sobre el aeropuerto internacional de Viru Viru, y entre taxis, maletas y anuncios de vuelos, un nuevo habitante empieza a dominar la escena. No ruge, pero su presencia es imposible de ignorar. La gran artista Knorke Leaf, con sus manos manchadas de pintura y esa paciencia que solo tienen los que escuchan a los animales, terminó hace unos días un mural que ya detiene pasos y levanta teléfonos celulares. Es el retrato de Yaguara, una joven jaguar que lucha por volver a la libertad.
Yaguara no es un invento. Fue rescatada el año pasado, herida y debilitada, en medio de los incendios forestales que arrasaron parte de la Chiquitanía. Desde entonces, el equipo de la Comunidad Inti Wara Yasi (CIWY) trabaja en algo que nunca antes se había intentado en Bolivia: rehabilitar a un jaguar para devolverlo a su hogar.
“Puede ser la primera jaguar liberada” dice Natalie Conneely, directora de Pachamama Sabia, una de los responsables del proyecto, con un entusiasmo que se contagia incluso en este aeropuerto acostumbrado a despedidas rápidas.
La iniciativa del mural en Viru Viru cuenta con el impulso de Pachamama Sabia, Alas Chiquitanas y el apoyo de Revista Nómadas, que siguió de cerca cada avance de la historia.
Quienes pasan frente al mural no conocen todos estos detalles, pero algo en la mirada de Yaguara les obliga a detenerse un momento. En un sitio hecho para irse, la pintura de Norka Leaf invita a quedarse, a pensar, a cuidar, a recordar que la selva también tiene rostro y que ese rostro pide una oportunidad.
Allí, entre vuelos nacionales e internacionales y anuncios de embarque, Yaguara ya da su primer paso hacia la libertad.



