
Ni apocalipsis, ni guerra mundial, ni el infierno que nos mandan los dioses, ni un castigo divino. Lo que años atrás hemos vivido y soportado en el departamento de Santa Cruz es la acción irresponsable, sádica y ambiciosa del ser humano. Y para que no se repita este año, van estas provocaciones e impertinencias dirigidas a los protagonistas de los incendios forestales: autoridades de todos los niveles del Estado y los incendiarios (colonos, agroindustriales, ganaderos, avasalladores, interculturales, menonitas, etc.).
Esa ambición los llevó a incendiar los bosques, contaminar los ríos, carbonizar a los animales, desplazar a originarios de sus lugares a otras ciudades. Sí, ellos, los incendiarios, nos regalaron hace años y meses poderosas lenguas de fuego que no pudieron ser apagadas, ni sofocadas, ni disminuidas. Avanzaron y avanzan, destruyendo, quemando, pulverizando lo que encuentran a su paso. Han propinado una herida de muerte a la Madre Tierra, Pachamama o como quieran llamarla.
Claro que estos hechos contundentes no son obra de un fenómeno extraterrestre, o de algún Lucifer que está metido en el monte, o de un rayo que alguien mandó desde Marte o Júpiter. Tienen nombres y apellidos, son de carne y hueso, son hombres y mujeres a quienes les importó un carajo la vida y la Madre Tierra para encender las chispas e irradiar el fuego en la región cruceña, fundamentalmente en el área rural. Ellos están allí, son reales.
Los incendios forestales no son un desastre natural, es un acto vergonzoso y trágico del ser humano, para quien las leyes no importan, porque saben los autores que el país donde viven, si bien tiene un montón de leyes, en la realidad no se aplican, o con un poco de dólares, regalado en sobresitos o en QR al que le corresponde, ellos no entrarán a la cárcel ni recibirán sanción alguna. Tantos años de incendios, y usted, amable lector, no encuentra entre rejas a ni un solo incendiario.
La situación estuvo descontrolada. La ciudad de Santa Cruz cada día amaneció inundada de humo, cada vez más denso y más pesado, que seguramente afectó la salud de los niños y de los ancianos. Ante ello, y a modo de prevención, vamos a intentar algunas especulaciones filosóficas para afrontar desde la individualidad los efectos de esta tragedia del ser humano contra el ser humano.

En el entendido de que los miles y miles de ciudadanos inquietos no pueden ir a los lugares de incendios para colaborar con un balde de agua —lo cual puede ser peligroso, tomando en cuenta que hay gente experta para este trabajo—, puedes hacer algo desde el lugar en que te encuentres, y acá va la propuesta.
Nuestro manual de supervivencia empieza por plantearte que no te desesperes con el humo. Tampoco te encierres con tu celular o tablet para tratar de conocer todas las noticias o informes que puedan ir proporcionando. Aunque luego debes saber usar la tecnología para la expansión del ser.
María Baghramian, filósofa iraní, en torno a la sobredosis de información que paraliza el conocimiento, nos dice que “cada uno de nosotros tiene ahora acceso a fuentes de información que coinciden bastante con nuestros prejuicios previos y, por lo tanto, no los cuestionamos (…) el problema, más bien, está en nuestra incapacidad de disponer de herramientas epistémicas adecuadas para distinguir entre información buena y ‘falsa’ o engañosa”.
Las autoridades han tenido un año, desde julio-agosto de 2024 hasta la actualidad, para activar los mecanismos que eviten las lenguas del fuego que arrasaron con millones de hectáreas y asesinaron a miles de animales silvestres, situación que no debe ni puede repetirse a estas alturas, después de tantos golpes a la Madre Tierra y sus seres vivos. Pero mientras eso sucede, mi querido lector, le sugiero algo de lectura para que no se desespere.
Toma un libro de filosofía o una novela, cuento, poesía o ciencia ficción. Te ayudará a sobrellevar el escenario gris que todos los días vemos y del cual somos parte. Al fin y al cabo, nada es absoluto, ni caso cerrado. Si bien los incendios y el humo acabarán, ya los recordaremos en nuestros calendarios. Quería sugerirte dos libros, uno de filosofía y otro de literatura: Bruno Latour, Dónde aterrizar, y de Dino Buzzati, El secreto del bosque viejo. Te garantizo que te gustarán y te calmarán el alma.
Los médicos dicen que hay que beber mucha agua, bastante. Claro, es imprescindible. Ya el filósofo griego Tales de Mileto dijo que el primer elemento del nacimiento de la vida en el universo fue el agua, y otro (Heráclito) nos dijo que “nadie puede bañarse dos veces en el mismo río”. Pues, como podrás apreciar, con agua buscan apagar los incendios, y con agua puedes sofocar tu calentura y el fuego que recorre tu cuerpo y tu ser, enojado e indignado por esta situación que llevó al gobierno a declarar desastre nacional en 2024, cuando ya murieron más de 10 millones de animales silvestres y se quemaron más de 7 millones de hectáreas de bosque.
Otra recomendación: no te quedes callado. Participa, opina, muestra tu alegría y tu malestar con una opinión precisa y actual. Para ello tienes a tu alcance las poderosas redes sociales, y las debes utilizar. No podemos ser cómplices con nuestro silencio o apatía. El filósofo alemán Friedrich Nietzsche nos decía: “Callar es peor; todas las verdades silenciadas se vuelven venenosas”. Así que expulsa lo que piensas y lo que quieras que el poder se entere.
Y por último, no busques culpables ni apuntes al colla intercultural, al empresario agroindustrial, al menonita o al campesino como los responsables de los incendios. Eso déjaselo a las autoridades gubernamentales y a la justicia; deben hacer su trabajo. Concéntrate en pedir respuestas claras y urgentes a la gran pregunta: ¿Qué hacer? ¿Qué planes tendrán los ministerios, la gobernación y los municipios para evitar que este desastre sea otra vez el protagonista en 2025, así como lo fue este año, en 2023, 2022, 2020, 2019?
Y juntos busquemos alternativas a la pregunta que se vienen haciendo en varias partes del mundo, ante lo cual no podemos quedar al margen, porque estos incendios le han hecho un grave daño a la Tierra y a sus seres vivos, con la esperanza de que este año no se repita su paso destructor e incendiario:
¿Cómo sobrevivir en el futuro?
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Sobre el autor
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Hernán Cabrera M.
Licenciado en Filosofía y periodista. Ciudadano de la democracia y activista de derechos humanos, de la Madre Tierra y sus seres vivos.