
Semanas antes de que el gobierno de Luis Arce Catacora deje el poder se reactivó el interés por explotar el Cerro Manomo, conocido por albergar yacimientos de tierras raras y uranio
La tensión social no ha bajado en la provincia Velasco tras el reciente pronunciamiento de la Asociación de Cabildos Indígenas del Alto Paraguá (ACIAP). En un cabildo realizado el pasado 6 de septiembre en la comunidad de Tirari, representantes de 13 comunidades indígenas declararon un rechazo rotundo a cualquier actividad extractiva en su territorio, denunciando que el Estado boliviano ha avanzado en proyectos mineros sin cumplir con la consulta previa, libre e informada exigida por la Constitución Política del Estado.
El conflicto surge a raíz de los trabajos de prospección en el Cerro Manomo, un yacimiento identificado por el ex Ministerio de Minería y Metalurgia como un punto estratégico para la obtención de tierras raras, minerales críticos para la tecnología global. Según denuncian los representantes de 13 comunidades de la zona, existe un informe técnico del Ministerio, fechado en julio de 2025, con los estudios preliminares en el área no solo han confirmado el potencial minero, sino también la presencia de materiales radiactivos.
En el Alto Paraguá se encuentra el Cerro Manomo, con su pico a 684 m de altura y su macizo de 6 km sobre 4 km. Aquel gigante se sitúa en el municipio chiquitano de San Ignacio de Velasco, al norte de Santa Cruz, conocido por ser el municipio con mayor deforestación en Bolivia y, al mismo tiempo, albergar el Parque Noel Kempff Mercado, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.
Ese mismo Cerro, según indica un comunario del Alto Paragua, es esencial a la recarga hídrica del Rio Paragua y Tarvo y Bahia Marfil. Ademas registros recientes de especies de fauna reportan una riqueza de especies muy ata, con por ejemplo mas de 200 especies de aves repertoriadas.
Es importante destacar que el cerro Manomó no solo tiene un valor ecológico local, sino que es una pieza clave en la política internacional de conservación de Bolivia. El cerro se encuentra situado en el área núcleo de la propuesta para la nueva Reserva de la Biosfera “Alto Paragua-Marfil”, la cual fue presentada formalmente ante la UNESCO el 30 de septiembre de 2025.
Esta propuesta, enviada por la delegación permanente del Estado Plurinacional de Bolivia en París, es el resultado de un trabajo conjunto entre el Ministerio de Medio Ambiente y Agua, el Gobierno Autónomo Municipal de San Ignacio de Velasco y las comunidades de Alto Paraguá. El reconocimiento de esta área ante el programa MAB (Hombre y la Biosfera) de la UNESCO busca proteger un territorio que cumple con todos los requisitos técnicos para ser un referente mundial de conservación, lo que choca directamente con las intenciones de actividad minera en la zona.
Este cerro es conocido por su topografía, que lo hace resaltar en medio de un área forestal importante con vegetación de tipo Cerrado en su cima, rodeado por bosque seco chiquitano a sus pies e incluso con pampas estacionales inundables en ciertas partes. El sitio está clasificado por el Royal Botanic Garden de Londres como un Área Tropical Importante de Plantas. Entre otros valores, es el sitio endémico de una planta única, la Mikania manomoi, y una de las fuentes principales de la cuenca alta del río Paraguá. En otras palabras, se trata de un sitio ecológicamente único, con alto valor y funciones ecosistémicas hídricas claves para toda esta región, que a su vez sufre de sequías repetidas y severas en los últimos años.

Sin embargo, este cerro también alberga algo más: minerales. Entre ellos se sabe de la presencia de uranio, pero no solo eso; ahora también se suman las tierras raras. Se tenía esperanzas que con un nuevo gobierno, las intenciones de explotación mineral podrían cambiar de rumbo y que se atenderían las propuestas y pedidos de desarrollo de esta zona como de eco turismo. Sin embargo hoy vuelve como espectro en plena crisis económica con por ejemplo el candidato a Gobernador de Santa Cruz Otto Richter indicando en su campaña que:
‘’Vamos a explotar el Cerro Manomo que es la reserva más grande del mundo en tierras raras. Con las tierras raras es que se hacen los cohetes que van a la Luna, los aviones, los submarinos hasta los celulares. Todas las nuevas tecnologías usan tierras raras, y las tenemos nosotros en Santa Cruz.’’
Desde luego, esas afirmaciones carecen de sustento y toda la información respecto a reservas a tierras raras indican que Bolivia no se sitúa ni en la lista de los países con más reservas. Además es importante recordar que dependiendo del tipo de tierra raras los procesos de extracción suelen ser altamente impactantes ambientalmente, incluso de fuentes de agua y es altamente costoso.
Las comunidades del Alto Paraguá afirman que “no han sido informadas ni consultadas” y que se encuentran en un estado de indefensión ante medidas que afectan directamente su medio ambiente, sus fuentes de agua y su cosmovisión del “Vivir Bien”.
El pronunciamiento de las instancias orgánicas indígenas exige la suspensión inmediata de todos los trámites, contratos o permisos de explotación minera y forestal en la zona del Alto Paraguá. Los líderes locales advirtieron que la defensa de la biodiversidad de este gigante es innegociable, posicionándose firmemente contra lo que consideran una “amenaza extractivista” impulsada por acuerdos técnicos, incluso con asesoría de expertos internacionales.
***

Sobre el autor
-
Stasiek Czaplicki
Economista ambiental especializado en cadenas de valor agropecuarias y forestales, con más de 10 años de experiencia. Investigador y activista boliviano enfocado en deforestación y en investigación corporativa y financiera. Cuenta con una amplia trayectoria en ONG nacionales e internacionales, organismos multilaterales y think tanks globales (WWF, FAO, Climate Focus, Oxfam, CIPCA). Actualmente forma parte del equipo de Revista Nómadas donde además de realizar investigaciones periodísticas, ejerce como gerente de proyectos y asesor técnico. Stasiek Czaplicki, junto a Iván Paredes, ha sido galardonado con el Premio al Periodismo de Investigación Franz Tamayo 2024 por el reportaje Bolivia no se baja del podio de países que más monte pierden en el mundo, en el que abordó la alarmante pérdida de bosques en Bolivia durante el 2023.



