
“Ya no se realizará ninguna apertura de camino. La comunidad entera ha decidir proteger la reserva de las palmeras de cusi y no autorizar la construcción de una vía que amenazaba con destruir nuestra naturaleza”, dice emocionada una representante de la Asociación de Mujeres Emprendedoras “Buscando nuevos horizontes”, de Palmarito de la Frontera, comunidad que se encuentra dentro de la TCO Monteverde.
El viernes 13 de febrero, en una reunión que integró a la Central Indígena de Comunidades de Concepción (CICC), el directorio local y los consejos de fiscalización y justicia, la comunidad de Palmarito de la Frontera, a 75 km de Concepción (Santa Cruz, Bolivia), tomó una postura definitiva sobre su territorio. A través de un comunicado consensuado, se han declarado oficialmente como comunidad defensora del cusi, reconociendo a esta especie como un símbolo del territorio, nido de parabas y fuente de aceite medicinal.

La resolución es clara al establecer que, como indígenas que históricamente han protegido la vida, no permitirán la destrucción de su “Casa Grande” por la construcción de un camino. Esta decisión no solo protege la flora, sino también el hábitat de animales como el jaguar, reafirmando una convivencia pacífica con la fauna silvestre.
Un punto fundamental de este documento es el respaldo explícito a las organizaciones de mujeres. El comunicado reconoce que su labor de recolección de cusi, vainilla, almendra y plantas medicinales es lo que garantiza la alimentación y la economía de la comunidad sin necesidad de destruir el bosque. Con esto, Palmarito de la Frontera invita a las instituciones y a la prensa a valorar su forma de vida y a apoyarlos en este modelo de desarrollo que prioriza la conservación sobre la infraestructura invasiva.

El documento establece cuatro pilares fundamentales que cambian el rumbo del conflicto:
- Protección de la “Casa Grande”: La comunidad rechaza la apertura del camino, argumentando que su identidad como indígenas está ligada a la protección del bosque y que no permitirán la destrucción de su hogar ancestral por una vía de tránsito.
- El cusi como símbolo y sustento: Se reconoce a esta palmera (Attalea speciosa) no solo como un recurso, sino como un símbolo del territorio y un ecosistema vital que sirve de nido para las parabas.
- Convivencia con la fauna: El territorio se reafirma como el hogar del jaguar, destacando que la comunidad ha aprendido a convivir pacíficamente con todos los animales, una armonía que el camino pondría en riesgo.
- Empoderamiento de las mujeres: Se brinda un respaldo total a las organizaciones de mujeres recolectoras. El documento certifica que su trabajo con el cusi, la vainilla, la almendra y las plantas medicinales garantiza la alimentación y la economía local sin destruir el bosque.
La presión externa, según denuncias que hicieron desde la Asociación de Mujeres Emprendedoras “Buscando nuevos horizontes”, de Palmarito, fue el detonante de este conflicto, ya que el proyecto vial estaba impulsado por intereses de colonias menonitas asentadas en la zona. Bajo la oferta de facilitar maquinaria pesada de forma “gratuita”, estas colonias buscaban consolidar un camino que permitiera el tránsito de sus equipos agrícolas hacia el interior del territorio indígena.
La resolución de Palmarito de la Frontera marca un precedente de cohesión social donde la identidad indígena se impuso a la fragmentación territorial. Al unificar los criterios del Cabildo, la O.T.B. y la Central Indígena de Comunidades de Concepción, la comunidad blindó su ecosistema de cusi y restableció un tejido interno que había sido vulnerado por presiones externas. Este consenso devuelve la estabilidad a la zona, demostrando que el diálogo bajo normas propias es la herramienta más efectiva para que los pueblos definan un modelo de desarrollo que no sacrifique su “Casa Grande”.
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