
Bolivia ya atraviesa un nuevo episodio de El Niño. Aunque sus efectos recien se sienten, las proyecciones disponibles advierten que sus consecuencias podrían agravarse durante 2027, especialmente en regiones expuestas a sequías prolongadas, pérdida de humedad y acumulación de material combustible.
La preocupación surge dado que en años recientes marcados por El Niño, como 2016, 2019 y 2024, el país vivió algunas de sus peores temporadas de incendios. Esas emergencias dejaron en evidencia un problema que se repite: Bolivia suele reaccionar cuando el fuego ya está fuera de control, con recursos insuficientes, coordinación tardía y una fuerte dependencia del trabajo de bomberos voluntarios, comunidades y organizaciones de la sociedad civil.
Ante ese panorama, Revista Nómadas consultó a especialistas con experiencia directa en prevención, manejo y combate de incendios para analizar el Plan de Prevención de Incendios Forestales 2026 presentado por el Ministerio de Planificación del Desarrollo y Medio Ambiente.
Uno de ellos es Aaron Borda, bombero forestal del SAR Bolivia desde 2015 e ingeniero ambiental. Se formó en Cochabamba, ha combatido incendios en cinco departamentos y actualmente integra la Segunda Compañía de Bomberos Voluntarios Santa Bárbara, en La Paz. Durante la última década ha combinado el trabajo operativo con el estudio de este tipo de emergencias.
Su análisis es muy valioso para entender el plan de prevencion de incendios actuales y forma mas general como desde el Estado se organiza la prevención y la respuesta frente al fuego, y el rol que ocupan los cuerpos de bomberos voluntarios dentro de dicha planificación.
Desde esa experiencia, Borda advierte que el país continúa sin una estrategia suficiente para enfrentar incendios de gran magnitud. En la siguiente entrevista analiza los vacíos técnicos y operativos del plan gubernamental y plantea los cambios que considera indispensables para evitar que Bolivia vuelva a depender de la improvisación cuando el fuego ya se ha expandido.

— Cuéntame justamente sobre el plan de prevención de incendios 2026 del gobierno. ¿Cuáles son tus apreciaciones técnicas, operativas? ¿Qué te dice la experiencia sobre ese plan? ¿Te parece bueno, muy bueno, insuficiente, podría ser mejorado? ¿En qué partes? Cuéntanos por favor.
— Es lamentable si es que se quiere promocionar como un plan nacional debido a que no cumple con requisitos académicos mínimos en el sentido de una estructura de objetivos simple, y es, incluso, se remite a una brevedad que puede no abastecer para una comprensión tan grande de un fenómeno que tiene la capacidad de doblegar al país. Entonces, empezando de eso, podría, en términos un poco más coloquiales, decir que de mediocre para menos. Ahora, existen muchos apuntes por los cuales se puede criticar y, algunos cuantosn que se pueden rescatar. Vamos a empezar por lo por mejorar.
Da un montón de términos escuetos y sueltos, que al final no terminan conectando; por ejemplo, en los nombres de los bomberos, se los llama de todas formas: desde lista de grupos de salvataje, bomberos forestales de organizaciones de la sociedad civil, agrupaciones voluntarias, brigadas, cuadrillas. No existe una… se nota que la persona que lo ha trabajado está distante o ha tratado de ser demasiado plural en los nombres que puede darle a lo que son los bomberos voluntarios, a la sociedad civil que tiene sus organizaciones también y, bueno, al Estado que los representa por medio de la policía y los militares. Entonces, desde lo conceptual, ahí ya vamos un poco mal.
Por ejemplo, también en esto del planteamiento de los objetivos: un objetivo, desde una perspectiva académica y técnica operativa, tiene que ser cuantificable, medible y específico. En los objetivos específicos, el objetivo número uno es solo un objetivo; el objetivo número dos ya son dos objetivos en dos verbos en vez de solo uno; el tercero peor, son tres objetivos mezclados en uno, tres verbos distintos. Entonces, es complejo porque si uno, cuando trata de establecer un plan, no tiene claras las directrices, el mando no la tiene clara, las acciones a futuro y los resultados de las acciones van a ser igual de dispersas.
Ahora, hace un diagnóstico muy amplio que no necesariamente estaría mal, pero para los entendidos en ciencias ambientales y, sobre todo los bomberos que trabajan —los agentes forestales que creo que le llaman dentro de esta materia— ya es de conocimiento. O sea, sí está bien puntualizar datos, estadísticas, saber que un 17 % de la precipitación se está afectando las últimas décadas, etcétera, como lo menciona; pero es hasta un cierto punto innecesario, ya que lo importante es la estrategia: qué es lo que se va a hacer en materia de prevención y, en el peor de los casos, en acción. Es más, el plan se llama plan de prevención, pero ya te abarca áreas del durante y el después; debería ser en realidad incluso denominado de otra forma.
Pero bueno, fuera de estas cosas de forma, ahora sí vámonos al fondo. Hablando de las estrategias que se mencionan como estrategias de gestión operativa, al final terminan dando un mal entendimiento al que lee una sola vez, o quizás debería ser explicado por una autoridad de mejor manera con estos tres puntos o principios, no sé si serán tres estrategias con las otras siete que las siguen. Te habla de la temporalidad, la claridad de mando y la coordinación y construcción presupuestaria asociativa. Ese es un nombre de jim, porque ahorita lo vamos a desglosar un poco para saber qué es lo que nos quiere decir en realidad.
Sobre la temporalidad, el Estado acaba de inventar el agua hervida debido a que asume como una línea de atención todo el año, permanente en todo el año. Es decir, que están dándose cuenta de lo que hacemos los bomberos voluntarios todo el año. O sea, es básicamente darse cuenta de que una emergencia no es algo que se realiza por temporada, sino es algo que se tiene que gestionar permanentemente. ¿Será un buen cambio? Seguro que sí, es bueno; al menos se está dando, si es que lo ponen como principio o estrategia, que no entiendo cómo queda claro esto, pero es algo que al menos es rescatable a pesar de su tiempo.
El segundo punto es la claridad de mando; dice que es concreta, textualmente dice que es concreta y específica sobre la base de lo legal y normativo. Te habla del Comité Nacional de reducción de riesgos y atención de desastres ante emergencias y se apega a recomendaciones del Tribunal Agroambiental. Pero esto es a conveniencia, ¿por qué? Primero, con respecto a esto, es importante dejar registro de que a este comité nunca han sido invitadas ni partícipes ninguna de las compañías de bomberos voluntarios. Haciendo un paréntesis acá, las compañías de bomberos voluntarios son la unidad mínima operativa de cualquier, en el caso de la ley como lo tipifica, organización voluntaria; aunque en realidad el término formal y técnico a nivel mundial es cuerpo de bomberos, o a nivel nacional es la junta nacional, que todavía no tiene una estructura nacional sólida, pero en su mínima expresión y operativamente dentro de su autonomía están las compañías, que a nivel nacional hay un poco más de una quincena legalmente establecidas operando. Bueno, este comité no contempla justamente esta presencia. Y también en este punto se hace aseveración, por conveniencia, a una sentencia del Tribunal Agroambiental que es la que conviene porque obviamente los obliga a realizar acciones en esta materia, pero arbitrariamente también ignoran que hay una sentencia del Tribunal Agroambiental precisamente para tratar una ley o varias normas respecto a la acción de los bomberos voluntarios y que estamos en pleno derecho de actuación; es algo que se está obviando adrede y solamente se toma esta otra parte.
Y en el tercer punto, de la coordinación y contribución presupuestaria asociativa, si leemos el texto en total hay tres partes clave que nos ayudan a entender: dice que «en la medida que las instituciones, personales y recursos tengan la disponibilidad y la apertura de aplicarlos». Si esto no queda claro, más abajo dice: «Esta condición requiere que los recursos se viabilicen». Si todavía esto no está más claro, más abajo se habla de que en una matriz se tienen que inscribir sus recursos disponibles de toda índole; es decir, que la alcaldía o cualquiera de las ETAs en sus niveles tiene que ser la que ponga a disposición de todo el gobierno y del Estado esos recursos. No necesariamente esto está mal, si es que no fuera que ni siquiera convocaron para el desarrollo de este plan, sino también para ahora disponer de sus recursos cuando se los quiera porque no hay dinero y tampoco les asigna un presupuesto o algo tangible. Entonces, todo depende de la voluntad de esos actores y de que ellos puedan viabilizarlos. Y si no los viabilizan, quedamos mal nosotros por no hacerlo, por no estar enterados de que esto existía o cualquier excusa que el Estado pretenda ahí esbozar.
Y después están siete estrategias que ninguna es una estrategia debido a que son objetivos prospectivos y deberían ser considerados tal vez en lo operativo técnico como tácticas, como objetivos a mediano plazo, pero no como estrategias en sí. Y la más alarmante tiene que ver con el número cuatro para nosotros los voluntarios, al menos desde Santa Bárbara, que es un fenómeno que ya lo vemos replicándose a nivel nacional, que tiene que ver con crear una red institucional pública nacional de atención con personal y presupuesto asignado. Es aquí donde ya otra vez volvemos al mismo vicio que se replica a pesar del cambio de gobierno, en el entendido de que dejan de lado a la formación voluntaria que ya lleva décadas —va a cumplir en una década más cincuenta años— y este expertise y este capital humano, más los recursos y la logística que se tiene, pues sigue siendo soslayada para tratar de nutrir con dinero del contribuyente a entidades que ya tienen una misión constitucional, ya sea militares, ya sea policías y peor, funcionarios públicos de gobernaciones o municipios. Es aquí donde todo termina de caer en justamente esto, que es la misma forma de todos los gobiernos de ver cómo generar trabajo; no necesariamente porque esté mal, sino porque este dinero puede ser utilizado de una forma más eficiente y eficaz en lo que ya existe, fortaleciendo las capacidades que ya tenemos. Eso a grandes rasgos.
Bueno, el último punto de esas estrategias es el manejo integrado del fuego, que es una perspectiva, es un enfoque actual, un poco extendido, todavía no mucho en el país. Algunos cuarteles de bomberos voluntarios están a favor de él, otros no tanto; aquí mi criterio todavía es un poco ambiguo, necesito tener un poco más de estudio al respecto. Entiendo, estoy estudiando un poco sobre esta materia, pero no es algo homogéneo a nivel nacional de los bomberos voluntarios. Pero bueno, eso es lo por mejorar.
Ahora, lo bueno es de que más allá de que han puesto una lista de actores y con números personales que no reflejan una institución precisamente, sino quizás hasta solamente la adhesión a un individuo —que si cambia de número ahí muere esa conexión—, al menos te pinta un panorama de que hay instituciones que son parte. Sin embargo, luego solo se toma en cuenta a dos departamentos, Santa Cruz y Tarija por ejemplo, para esta conformación, al menos en los bomberos voluntarios, de estos números de atención, y se olvida a los otros siete, como si no hubiera incendios en La Paz o el Madidi no pudiera arder o Cochabamba, los valles, el Tunari. Entonces, el plan nacional es uno de sus puntos flacos, si es que no es contraproducente incluso. Eso en la perspectiva general de esto, pero bueno, si gustan podemos dar algunas perspectivas de futuro mejores.

—Y ahora, volviendo entonces a las perspectivas más allá de este plan de prevención, cuéntanos tú: evidentemente, como bien sabemos, la lucha contra los incendios, el manejo integral o la prevención, cual sea el enfoque, es de larga data, varias décadas, y se han ido constituyendo mucha expertise que el día de hoy se contiene en muchos casos, pero que no recibe el apoyo, ya sea en recursos, institucionalidad o normativa. Por favor, cuéntanos tú, desde tu perspectiva cómo te encuentras hoy día, en 2026, con estas perspectivas a futuro de un El Niño que está empezando y que podría tener consecuencias devastadoras, pero que son previsibles el año próximo y este año.
— Sí, como bomberos voluntarios aquí en La Paz y a nivel nacional compartimos este criterio de preocupación, porque lo que entendemos que el Estado va a buscar hacer es aplicar la misma estrategia que se está aplicando a los bloqueos: dejar que las cosas decanten por desgaste. Bueno, es lo mismo que ha pasado el 2024, el 2019, el 2022 en los incendios. Si bien nosotros tenemos un accionar puntual y buscamos que tenga el mayor impacto para que las hectáreas que se consumen sean las menores posibles, las capacidades y la complejidad de la atención hacen que en algunos sectores la efectividad de los recursos tenga un cierto margen; eso no quiere decir que el trabajo no se haga, sino que buscamos ser lo más eficientes con lo posible.
Pero a nivel macro, un gran ejemplo es el 2024, donde se han quemado —bueno, estimaciones del Estado son 12 millones de hectáreas, estimaciones extraestado son de 16 millones—; fuera de ello, de la cantidad de hectáreas que se han quemado, lo que ha pasado ahí es que los incendios se han consumido, han acabado porque no había donde más, o los lugares donde se han podido contener por mucho esfuerzo y quizás por algunas brillanteces estratégicas, tanto de los comandos conjuntos como de bomberos voluntarios, han tenido un alcance de no más del 20 % en ese tipo de resultados. Es así que una prospectiva de un Niño o de una Niña —bueno, este fenómeno del ENOS que tiene que ver con la sequía o las lluvias, en el caso de Bolivia con la sequía—, lo más probable es de que se vuelva a recurrir a esa estrategia del desgaste en el sentido de que va a dejarse que se queme lo que se tenga que y vamos a tener limitaciones gravísimas como ya se han visto, no solamente de logística, incluso sociales y de presencia del Estado.
Y es aquí donde al menos yo visibilizo tres salidas, tres posturas que pueden mejorar todo esto. Un poco primero saliéndome de mi sesgo, porque todos tenemos un sesgo y mi sesgo es la institucionalidad bomberil voluntaria; un poco saliéndome de mi sesgo, el primer cambio trascendental que tiene que sufrir Bolivia para que los incendios en la magnitud que se ven, a un promedio de 3.5 millones de hectáreas por año, se acaben es que el Estado tenga presencia real, contundente y permanente en todas las reservas forestales, áreas protegidas, tierras fiscales, y erradique de forma permanente y continua a todos los grupos que se encargan desde el tráfico de tierras hasta la fabricación de narcóticos. Entonces, esa es una de las soluciones estructurales: tener una presencia real con los militares y la policía en esos puntos; erradicar a toda esa gente.
La segunda solución estructural tiene que ver con una abrogación de un paquete normativo que aún sigue vigente; no se han abrogado todas las normas incendiarias en su macro. Hay alrededor de unas once normas, entre las cuales están la ley 337, la 502, la 740, 741, 1098, 1171; hay decretos supremos, el 3467, 3874, 3973, entre otros que seguro se me pasa alguno, que siguen vigentes, que permiten la expansión de la frontera agrícola, que permiten facilidades para el cambio de uso de suelo, entre otros. A medida que la normativa permita y fomente en realidad una expansión y un socavamiento a este tipo de actividad, pues la estructura no va a cambiar. Estructuralmente serían dos.
Y la última, ahora sí desde mi sesgo, es dejar precisamente o inhabilitar esta estrategia número cuatro que pretende el Estado de generar, bueno, de pagar
a personal y contratar instancias que ya existen. Eso es mirar un poco afuera: ver cómo lo hace Paraguay, ver cómo lo hace Chile, ver cómo lo hacen un montón de países que tienen una estructura de bomberos voluntarios igual centenaria que es respaldada por el Estado, donde los municipios, en nuestro caso, o las gobernaciones les asignan un presupuesto; porque de por sí el gasto más grande que se da siempre en cualquier expensa mensual es la de salarios, generalmente es entre el 40 al 60 % de las planillas. Eso es lo que se comen de ahorro los bomberos voluntarios para el Estado. Entonces, en vez de que se utilice ese dinero para precisamente fomentar el crear trabajo —que no es que esté mal, sino que en otras cosas se puede dar trabajo—, se utiliza ese dinero para fortalecer esas capacidades. Pregúntense cuántas compañías de bomberos voluntarios ha construido el Estado, cuántos cuarteles: en Bolivia, en 150 años de historia, cero de bomberos voluntarios, cero. ¿Cuántos vehículos han donado? Un par, dos. Y eso es estructural, y no me refiero con dar cosas solamente, sino desde la legislación: la capacidad de que los trabajos no se vean afectados, generar normativa que respalde a los bomberos cuando vayan a hacer su labor y después vuelvan a un trabajo que no los ha despedido, tener facilidades para seguros de vida, etcétera. Como les digo, solo basta ver alrededor del mundo, en Estados Unidos también, en Europa también se da: los bomberos voluntarios a nivel mundial corresponden a más del 70 % de las planillas de bomberos en todo el mundo, y entre más avanzada es una nación, mayores prestaciones se les da. Entonces, bueno, esas son mis tres soluciones estructurales que pueden quizás tomarse en cuenta. De todas formas, veamos cómo se da este año.
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Sobre el autor
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Stasiek Czaplicki
Economista ambiental especializado en cadenas de valor agropecuarias y forestales, con más de 10 años de experiencia. Investigador y activista boliviano enfocado en deforestación y en investigación corporativa y financiera. Cuenta con una amplia trayectoria en ONG nacionales e internacionales, organismos multilaterales y think tanks globales (WWF, FAO, Climate Focus, Oxfam, CIPCA). Actualmente forma parte del equipo de Revista Nómadas donde además de realizar investigaciones periodísticas, ejerce como gerente de proyectos y asesor técnico. Stasiek Czaplicki, junto a Iván Paredes, ha sido galardonado con el Premio al Periodismo de Investigación Franz Tamayo 2024 por el reportaje Bolivia no se baja del podio de países que más monte pierden en el mundo, en el que abordó la alarmante pérdida de bosques en Bolivia durante el 2023.



