
La conservación de la naturaleza no termina en los límites de un área protegida. También depende de lo que ocurre en los territorios que las rodean, donde hay bosques, fuentes de agua, comunidades indígenas y actividades productivas. Para Rosa Leny Cuéllar, directora técnica y de programas de la Fundación para la Conservación del Bosque Chiquitano (FCBC), conectar esos espacios es fundamental para mantener el funcionamiento de los ecosistemas y ampliar las posibilidades de proteger la biodiversidad.
En el marco del XXVIII Congreso de la Red de Fondos Ambientales de Latinoamérica y el Caribe (RedLAC Bolivia 2026), la bióloga y conservacionista explica a Revista Nómadas, cómo funcionan las Otras Medidas Efectivas de Conservación (OMEC) y los corredores de conectividad, qué experiencias se desarrollan en Bolivia y cuáles son los desafíos para consolidar estas iniciativas. También advierte que no basta con declarar un territorio como espacio de conservación: hacen falta respaldo legal, planificación, monitoreo y resultados verificables.
—¿Cuáles son esas Otras Medidas de Conservación (OMEc’s) y los corredores biológicos ¿En qué consisten y de qué manera estas alternativas de financiamiento pueden ser importantes para el medio ambiente en nuestra región?
—En la mayoría de los países de Latinoamérica y el Caribe existe un mecanismo de conservación de áreas protegidas a nivel legal, pero es la vía tradicional. Ahora, no podemos hacer gestión de la naturaleza en sitios aislados que no conecten, porque los sistemas ecológicos tienen que tener una funcionalidad. Por eso, se ha pensado en esta conexión de esos territorios que conectan áreas protegidas. Entonces, ahí hablamos de territorios indígenas, hablamos de predios privados, hablamos de otro tipo de territorios que realmente están aledaños a las áreas protegidas, que conservan biodiversidad y que conservan cuencas y que producen agua, donde existen bosques.
Entonces este concepto de las Otras Medidas Efectivas de Conservación (OMEC’s) precisamente se basa en eso, en valorar estos territorios que están fuera de las áreas protegidas para que exista esa garantía de conexión de las funciones ecosistémicas.
—Como usted dice, hasta ahora siempre pensábamos en la solución del problema por el lado de las áreas protegidas, pero el tema ambiental va mucho más allá. ¿Estamos ante un nuevo paradigma que rompe un poco con la idea tradicional?
—Mucho más allá, y fíjese que también depende de cómo adecuamos la conservación al contexto de cada país.
Por ejemplo, en Bolivia, tradicionalmente, el proceso de creación de las áreas protegidas, inicialmente se basó en este concepto de crear áreas protegidas sin gente, es decir, cuidar la naturaleza solamente, pero eso no ha funcionado.
Tuvimos muchísimos problemas porque las áreas protegidas en nuestro país, en nuestro territorio, son con gente.
Entonces, luego cambió ese proceso de creación para darle valor a la conservación pensando en la gente, para la gente y, es más, inclusive por la gente. La gente fue la que empezó a proponer la creación de las áreas protegidas.
Entonces no podemos ignorar esa realidad y precisamente le saco a contexto eso porque fuera de las áreas protegidas es lo mismo. Hay predios privados, necesitamos producir, necesitamos alimentos, necesitamos conservar, necesitamos el agua, realmente tiene que haber una conexión. Por eso el concepto de “corredores de conectividad” y también estos espacios que, en muchos casos, suelen ser territorios privados. Muchas veces hemos ignorado a los privados. Los privados tienen mucho territorio. Y, en muchos casos, los privados están conservando mejor inclusive que las áreas protegidas que están en papeles y que no están haciendo gestión. Entonces, tomando en cuenta todos los actores, vamos a hacer una mejor gestión de la naturaleza para el objetivo común que nos lleva.

—¿Cuáles serían algunas experiencias “exitosas” de esta nueva visión? En Argentina, los Paisajes Productivos Protegidos (PPP’s), que también se están llevando a empezar a llevar adelante en Bolivia, ¿por qué son tan importantes?
—La Fundación ProYungas inició este concepto de paisajes productivos protegidos precisamente porque empezó a entrar a trabajar con los privados que tenían muchos conflictos con el sistema ambientalista. Entonces, en esa época, cuando ProYungas empezó a incidir en la provincia de Jujuy (Argenytina) con la empresa Ledesma y que producía caña de azúcar para producir papel, alcohol, azúcar y tenía conflictos con los ambientalistas, porque necesitaba mayor productividad.
Entonces ahí ProYungas dice, a ver, ¿cómo es el territorio? Hagamos una planificación, ¿qué producen? ¿qué conservan? Y ahí estaba el bosque. Entonces, de 150.000 hectáreas que tenía, por ejemplo, esa empresa conservaba 100.000 hectáreas, solamente producía en 50.000 hectáreas. Así, esa empresa dio lugar a que ProYungas empiece a trabajar con todos los interesados en ese sentido. Imagínense, dos hectáreas de conservación por una de producción.
No podemos ignorar, no podemos ignorar esta realidad.
Entonces, eso fue trascendiendo fronteras, no solamente en Argentina, sino también en otros países.
—¿Cómo ha sido la experiencia en Bolivia?
—Nosotros, como Fundación para la Conservación del Bosque Chiquitano (FCBC), juntamente con Prometa, hemos arrancado un proyecto de implementación de los Paisajes Productivos Protegidos (PPP’s), donde se trabaja con muchos productores privados en la Chiquitania y en el Chaco, y eso ha hecho ya que se dé lugar a la conservación de más de 200.000 hectáreas de estos espacios productivos protegidos donde producen ganadería, agricultura, y además son territorios indígenas.
Y ahí se aplican y se implementan estas prácticas y estas iniciativas productivas sostenibles que restauran el suelo, que restauran los bosques, que mejoran la productividad, que conservan el bosque. Entonces hay un manejo sostenible de esos espacios que se llaman Paisajes Productivos Protegidos,precisamente por eso. Estamos produciendo, pero también estamos conservando.
—¿Qué desafíos económicos y financieros se enfrentan hoy los denominados corredores biológicos? ¿Cómo funcionan estos corredores?
—El mayor desafío, desde mi punto de vista, es poder concatenar entre todos los actores un plan de gestión, que tenga una planificación donde todos los actores participantes de esos paisajes productivos protegidos o de esos corredores puedan establecer ahí cuáles son sus compromisos, pero también sus responsabilidades. Pero también los beneficios que tienen cada uno de los actores. Porque, generalmente, mientras no se vea el beneficio hay muchos que no se atreven a ingresar y a ser parte de eso.
El Estado es muy importante también en estos espacios, porque son los que tienen que generar toda la plataforma política, la normativa, exacto, toda la normativa para que haya una seguridad de que esas acciones que se planifiquen hacer sean realmente bien establecidas. Para mí estos desafíos son importantes. El Estado, todos los actores que están siendo parte de la gestión.

—¿Se necesitaría una ley específica para ese tema o ya dentro de la legislación que tenemos en Bolivia está la posibilidad de fortalecer estos corredores?
—Bolivia está avanzando en ese sentido. En Montreal, en el año 2022, Bolivia fue parte de un convenio donde se establecen ya estos espacios protegidos como importantes para la conservación y la conectividad. Bolivia ha tenido un evento este año, en agosto, con representantes de varios países y donde se ha debatido esta temática de los corredores y de los espacios OMEC’s, así se llaman. Y bueno, se ha establecido ahí como una meta importante para el Estado boliviano trabajar en formalizar estos espacios protegidos.
—¿Espera usted que con la nueva gestión gubernamental pueda avanzarse en ese sentido para profundizar el marco legal que permite fortalecer este proceso?
—Por supuesto. Hay un compromiso nacional ya de, por ejemplo, tomar en cuenta estos espacios para cumplir la meta internacional del 30×30, es decir, 30% de espacios protegidos al 2030. Entonces vamos avanzando en esos debates y seguramente lo vamos a concretar. Bolivia está muy cerca a esa meta porque tenemos muchas áreas protegidas y obviamente estos espacios confirman que el país tiene un objetivo de conservación.
—¿Qué fortalezas y qué debilidades todavía tienen estas otras medidas de conservación OMEc’s en Bolivia y cuáles son los principales riesgos para que no puedan seguir avanzando?
—Hablando de fortalezas, siempre, cuando hay una conjunción de actores, hay una complementariedad. Lo que tendríamos que hacer ahí es identificar claramente qué se cuida, para qué se cuida, qué se produce, tener todo claro el espacio territorial, cuáles son los actores. Hay una fortaleza ahí porque hay una diversidad de actores, sean productores privados, sean del Estado o sean pueblos indígenas.
Por otra parte, yo veo como debilidad, por ejemplo, esta falta de la formalidad todavía del establecimiento legal, jurídico de estos espacios. Hasta ahora lo único que conocemos como formal es la creación de áreas protegidas tradicionales, pero no de estos PPP’s. Falta que Bolivia formalice más.
Los riesgos que yo podría identificar, por ejemplo, es que, en estos espacios, para que haya sostenibilidad, se necesita que haya un seguimiento, un monitoreo, una planificación.
—No es nomás ponerle el cartel…
—No, no es nomás ponerle el nombre. Tiene que haber información, tiene que haber datos, tenemos que hacer un monitoreo para ver si realmente estos espacios están cumpliendo con resultados efectivos. Porque si no, el riesgo puede ser de usar esa plataforma como succionadora de recursos, pero para otra cosa. Entonces, creo que eso es un riesgo y deberíamos hacer un seguimiento, un acompañamiento para que realmente esto se logre con resultados tangibles que denoten una sostenibilidad a largo plazo.
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