
El Bosque Seco Chiquitano y el Gran Chaco boliviano tienen algo en común, además del monte: los dos guardan bosques que regulan agua, capturan carbono y sostienen a comunidades enteras, pero cuyo valor necesita financiamiento. Ese es, justamente, el nudo que Bolivia llevará este septiembre a Puerto Iguazú, Misiones, donde Forest Stewardship Council (FSC) realizará el II Foro de Servicios Ecosistémicos FSC América Latina, bajo el lema “Del impacto medido al impacto financiado”.
¿Qué son los servicios ecosistémicos y por qué se habla tanto de ellos ahora?
Un bosque no solo da madera o paisaje: regula el ciclo del agua, almacena carbono, protege el suelo, mantiene la calidad del aire y resguarda valores culturales que muchas veces son invisibles hasta que se pierden. A ese conjunto de aportes se los conoce como servicios ecosistémicos, y verificarlos, medirlos, certificarlos, ponerles un estándar es la manera que ha encontrado FSC de mostrar, con evidencia, cuánto vale un bosque en pie. Ese es el desafío que el Foro busca empezar a resolver: convertir bosques certificados en proyectos capaces de atraer inversión real.

¿Qué garantiza en realidad el sello FSC?
FSC es ese sello que a veces aparece en un cuaderno, una caja de cartón o un mueble de madera, garantizando que ese producto viene de un bosque manejado de forma responsable. Lo que es menos conocido es que la misma organización certifica también áreas protegidas, y ahí el sello significa algo distinto: no que se extrae madera de forma sostenible, sino que un equipo de auditores independientes revisó, con estándares internacionales, que los servicios ecosistémicos de esa área : el agua que regula, el carbono que almacena, el suelo que protege son reales y verificables. Es un proceso técnico, exigente y repetible, que convierte algo tan intangible como “este bosque nos cuida” en un dato que un gobierno, una empresa o un organismo internacional puede usar para decidir dónde invertir. Esa es la razón por la que el sello importa.
Tucabaca: el sello que ya está, y la pregunta que sigue
La Unidad de Conservación y Patrimonio Natural (UCPN) y Refugio de Vida Silvestre Departamental (RVSD) Tucabaca, en el Bosque Seco Chiquitano, fue el año pasado la primera área protegida de Bolivia y la más grande de Latinoamérica en obtener la certificación FSC. Sus números siguen siendo contundentes: 262.305 hectáreas, 94,5% de cobertura boscosa natural, 45 ríos y 30 quebradas, más de 1.198 especies de flora y fauna, y más de 12 millones de toneladas de carbono almacenado. La certificación verifica cinco servicios ecosistémicos : carbono, agua, suelo, aire y valores culturales, estos últimos ligados a sitios con arte rupestre y beneficia de forma directa a más de 18.700 habitantes del municipio de Roboré.

Pero el sello, insiste María Luisa Salvatierra, directora de FSC Bolivia, es un punto de partida y no de llegada: “El sello es un punto de partida, no de llegada. Sin financiamiento sostenido para guardaparques, equipamiento y monitoreo, incluso un logro de esta magnitud puede perder continuidad”. Detrás de la certificación hay una alianza que incluye a la Gobernación de Santa Cruz, el Gobierno Autónomo Municipal de Roboré, el Comité de Gestión, las comunidades locales del territorio, CFV/FSC Bolivia y la Fundación Amigos de la Naturaleza (FAN) como patrocinador inicial. Esa misma alianza es la que ahora busca sostener en el tiempo lo que costó años construir.
Kaa-Iya, la segunda apuesta boliviana
La otra experiencia que Bolivia llevará al Foro es el Parque Nacional y Área Natural de Manejo Integrado Kaa-Iya del Gran Chaco, actualmente en proceso de certificación FSC de manejo y de verificación de sus servicios ecosistémicos. Con 3,4 millones de hectáreas, es el área protegida más grande del país: conserva cerca del 95% de su superficie en bosque, alberga dos sitios Ramsar que suman más de 1,4 millones de hectáreas, y una biodiversidad que incluye 108 especies de mamíferos, 344 de aves, 37 de anfibios, 66 de reptiles, 105 de peces y 534 de flora. Es también territorio de tránsito de Pueblos Indígenas en Aislamiento Voluntario (PIAV) y guarda sitios de profundo valor cultural para los pueblos indígenas vinculados al territorio.

Para Kaa-Iya, el paso por Iguazú tiene un objetivo concreto: movilizar patrocinio e inversión que permita fortalecer el Plan de Protección y Vigilancia, consolidar su Sistema de Monitoreo y reforzar la protección de los PIAV.
Puerto Iguazú, el punto de encuentro
El Foro, organizado por FSC Argentina y FSC Brasil, con el apoyo de la Unidad de Marketing y Mercado de FSC Internacional y FSC América Latina reunirá a gobiernos, empresas, comunidades, academia y organismos internacionales durante dos días en un territorio simbólico: el área contigua a los parques nacionales Iguazú (Argentina) e Iguaçu (Brasil), uno de los corredores de biodiversidad más importantes de la región. Esta edición, dice Helena Pavese, directora regional de FSC América Latina, quiere ir un paso más allá: “Dar visibilidad a las evidencias del impacto ambiental, social y económico es el punto de partida; el siguiente paso es crear las condiciones para que ese impacto pueda movilizar recursos y alcanzar escala”.
Como parte del Foro se realizará también la Feria de Proyectos de Servicios Ecosistémicos FSC, con más de 20 iniciativas de países como Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México, Ecuador, Perú, Guatemala, Panamá y Bolivia, buscando conectar sus proyectos con potenciales aliados y fuentes de financiamiento.
Que Bolivia llegue con dos áreas protegidas : una certificada, otra en camino, no es un detalle menor. Es la muestra de que el país tiene con qué demostrar que sus bosques valen, y de que ahora necesita, sobre todo, que ese valor se convierta en recursos concretos para quienes los cuidan cada día en el territorio.
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