
La Serranía Santiago en su fisiografía resguarda sitios aún desconocidos. Sus espectaculares cañones albergan farallones de caída libre, cuevas excepcionales para pernoctar, laderas de alta pendiente, lajas laterales que ante la ausencia de senderos ayudan en el recorrido, hermosas torres rocosas labradas caprichosamente por la erosión y el viento, y siempre estará el monte luchando y reclamando espacio entre la roca… en medio de ese conjunto de elementos hay formaciones inesperadas y altamente desafiantes como son las grietas rocosas.
¿Qué hacés si encontrás una grieta rocosa estrecha y profunda en el trayecto y no hay forma de evadirla?
Obviamente tenés que analizar y medir lo mejor posible tus decisiones, pero generalmente al final podría haber dos opciones: concluir la incursión y volver sobre tus propios pasos, o saltar la grieta y continuar.
La primera es la más segura y recomendable, y la segunda, implica riesgo y es la menos recomendable… Dicho aquello, cada quién evaluará sus posibilidades según su contexto, situación y capacidades para tomar la determinación que mejor aplique.
En una de esas incursiones a la Serranía Santiago, estuve ante esa situación y opté por la segunda opción, es decir, saltar la grieta, y es que del lado donde me encontraba, por los paredones verticales, no había chance de avanzar, ya sea a la derecha o izquierda, solo hacia atrás…, pero, en la otra orilla, la situación era diferente y se prestaba muy bien para avanzar macheteando hacia adelante, o sobre la orilla de la grieta. Un detalle interesante aquí, era que la orilla opuesta tenía una ligera pendiente hacia la grieta per se, un factor que terminó siendo importante en la ecuación…
Saltar la grieta implicaba, antes, lanzar la mochila y el machete hacia la otra orilla y luego ver cómo iba el salto… cosa que hice: Lancé el machete (cayó algo lejos y bien), luego, la mochila pesada que llegó a la otra orilla, pero por la leve pendiente, el pedregullo y cosas de la física, al final la mochila cayó a lo profundo de la garganta rocosa.

Interesante la sensación de ver caer a tu “hermano” de viaje. Eso cambió completamente la situación, más si estás en medio de la nada… (en la mochila está el agua, los frutos secos y otras pilchas menos importantes pero útiles al fin).
Bueno, objetivamente estás sin agua y alimento. Podrías (siendo sensato) abortar el plan y volverte a un lugar más seguro, o saltás y orillando con el machete buscas algún punto en el que se pueda descender la garganta y tratar de recuperar la mochila, eso sí, considerando que vas a estar sin agua y un resultado incierto sobre tus hombros (aquí enfatizo y subrayo que la línea entre la estupidez y la osadía es muy delgada). Opto por la segunda opción y salto a la otra orilla, cosa que sale bien con todo y la ligera pendiente. Luego, voy por el machete y recorro “macheteando” la otra orilla de la grieta buscando algún punto para descender. La búsqueda se hace prolongada, extenuante… el sol hace sentir sus “delicados” y candentes rayos, la sed aumenta y el agotamiento no se deja esperar, pero… hay también la adrenalina típica de estos casos.
En lo más duro de la circunstancia, veo la luz al final del túnel, y no es una “escalinata” de piedra o un derrumbe por el cual se pueda bajar, es un entramado de raíces gruesas por las que se puede descender y llegar hasta una saliente rocosa que luego puede facilitar llegar hasta el fondo. Una vez llego al fondo de la garganta rocosa, el recorrido hacia la mochila se dificulta por grandes bloques rocosos que obstruyen y obstaculizan el avance, pero esto es así. El tramo final para “rescatar” a mi hermano de viaje, es el que se ve en este video:
Nota del autor. – Conocer el Bosque Seco Chiquitano en su intimidad puede implicar ir más allá del camino, sendero o límites delineados en un mapa o la propia mente, dado que en terreno desconocido es donde está lo oculto, lo escondido o lo que está esperando ser descubierto… Esa tarea puede tener sus riesgos y desafíos, pero es la misma que ha tenido todo explorador desde el inicio de los tiempos, el punto es que es una forma en la que podemos tener la solvencia vivencial de decir que: conocemos algo, de este fascinante sistema natural…
(Texto, fotos y video: Huáscar Azurduy/Programa de Estudios-Fundación para la Conservación del Bosque Chiquitano-FCBC).
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Sobre el autor
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Huáscar Azurduy
Como biólogo, realizó expediciones e investigación zoológica y paleontológica con el Museo de Historia Natural Noel Kempff Mercado, en áreas como taxonomía, biogeografía y biología evolutiva. Dictó cátedras en Paleontología, Evolución, Geología, Etología, Etnopsicología, Agua y ambiente, en la Universidad Autónoma Gabriel René Moreno. Trabajó en el Instituto Marino Costero de la Universidad de Alaska, Estados Unidos. Fundó e impulsó la revista científica Kempffiana. Publicó artículos científicos, trabajos divulgativos y libros en evolución e historia natural. Actualmente dirige el Programa de Estudios y la Unidad de Conservación y Restauración en la Fundación para la Conservación del Bosque Chiquitano (FCBC).



