
Hay muchas cosas en la vida que me cuestan entender, muchas de estas están relacionadas con injusticias hacia personas, animales, y el planeta. Quizás si hubiese seguido los pasos de mi madre y me hubiese formado como psicóloga, el día de hoy mi comprensión sería distinta. Sin embargo, navego mi existencia como mujer boliviana, como especialista en desarrollo y gestión de desastres, y como feminista anti especista. Estos lentes con los que vivo influyen la manera en la que me muevo por el mundo, como lo experimento, como lo entiendo, o no.
Una de las muchas cosas que no comprendo es por qué culturalmente en Bolivia, y más ampliamente en Latinoamérica, no adoptamos una postura más proactiva en el tema de los desastres y emergencias. Pensemos en el fenómeno de El Niño por ejemplo, el fenómeno oceánico-atmosférico recurrente que se produce cuando el patrón de circulación normal del aire sobre el Océano Pacífico se debilita o revierte, lo que trae como resultado el calentamiento de la superficie del océano, lo que a su vez altera el ciclo de auto regulación de temperatura del mar.
Y ¿Qué significa esto para nuestro país sin litoral? En Bolivia El Niño puede traer consigo cambios en la temperatura, y tanto sequías como lluvias muy abundantes como impactos directos, y deslices e incendios como impactos indirectos. Esto ya es información conocida. Lo novedoso es que este año los modelos ambientales sugieren que se están formando las condiciones para que se dé un “Super El Niño” lo que se viene escuchando desde Marzo. Ya hemos sido testigos de la devastadora pérdida de vida que generan los incendios, la seguridad alimentaria que tambalea, los hogares y familias que se ven devastados ante inundaciones, y la gigantesca pérdida económica que esto representa.
Sabemos que como país, en este momento, no tenemos la capacidad ni los recursos necesarios asignados a la respuesta de desastres. ¿Pero para la reducción y gestión de riesgo tampoco? ¿Ni aunque salga más barata? Las Naciones Unidas y el Banco Interamericano de Desarrollo indican que el costo de la respuesta a desastres es entre 4 a 7 veces más alta que la prevención.
Entonces, volviendo al comienzo de esta columna; esto no lo puedo comprender. Tenemos información de fuentes confiables de los posibles impactos de El Niño en Bolivia que empieza en tan sólo unos meses, también tenemos una infinidad de ejemplos que muestran que actualmente no tenemos la capacidad necesaria de respuesta a desastres, y además, sabemos que es más barato invertir en la prevención y reducción de riesgo que en la respuesta. Entonces, me pregunto ¿Por qué no hacemos nada al respecto? ¿Por qué esperamos a lamentarnos de las pérdidas que este evento puede traer? ¿Por qué estamos dispuestos a ser testigos nuevamente del sufrimiento? ¿No merecemos algo mejor como país?
Tal vez soy ingenua, pero yo sí creo que merecemos algo mejor, como país y como habitantes de este planeta. Y también creo que el momento de accionar es ahora. Ahora cuando recién cruzamos el umbral a una nueva realidad regida por el cambio climático. Ahora cuando nuestra Amazonia recién ha sido tomado por industrias ilegales y carteles. Ahora que nuestras tierras son arrasadas por incendios voraces. Ahora que aún tenemos agua potable que tomar, aire limpio que respirar, fauna para abrazar, y flora para acompañar. Ahora que estamos vivos. Ahora que podemos.
Entiendo que no es suficiente “merecer algo mejor” hay que trabajarlo, organizarse, crear las condiciones para generar el cambio, cambio que quizás ni vayamos a atestiguar en nuestras cortas vidas. Pero de nada sirve quejarse o repudiar en Instagram. Es hora de cambiar nuestro paradigma cultural que hemos heredado como población y dejar de normalizar y aceptar la destrucción de nuestro país y futuro con tanta indiferencia.
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Sobre el autor
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Ana Carola Terrazas
El amor por la naturaleza, desarrollado desde la adolescencia, ha sido la estrella que ha guiado su recorrido de vida y profesional. Esta claridad y compromiso la llevaron a Canadá donde estudió Geografía, Desarrollo Internacional, y Gestión de Desastres y Emergencias. Luego de trabajar para las agencias de las Naciones Unidas, y la Cruz Roja en contexto post-desastre y en esfuerzos de reducción de riesgos, Ana Carola quedó sorprendida por la manera sistemática en la cual los animales no humanos estaban excluidos de los programas humanitarios y de desarrollo. A raíz de estas experiencias, conjunto a su profunda empatía, y a su creencia en que todas las personas tenemos la capacidad de ser agentes de cambio positivo para el planeta; Ana Carola decidió crear conciencia, inspirar acción y educar en pro del bienestar animal a través de su iniciativa Inclusión Animal en Desastres LatAm donde trabaja para reducir el sufrimiento de los animales.



