
En el norte amazónico de Bolivia, la zafra de la castaña representa el sustento de miles de familias, como también un periodo de alto riesgo para la salud de niños, mujeres embarazadas y trabajadores zafreros. Accidentes, enfermedades tropicales y desnutrición confluyen en un territorio marcado por la lejanía y la precariedad.
Desde Riberalta, el Hospital Materno Infantil Reidun Roine se ha convertido en un centro de referencia que atiende no solo a la población local, sino también a pacientes del sur de Pando y el norte de La Paz. Su director, el Dr. Rudy Callahuanca, habló sin rodeos sobre las limitaciones del sistema de salud y las urgencias que enfrenta diariamente el personal médico.

—Doctor, un gusto saludarlo
—Igualmente, Soy el doctor Rudy Callahuanca y actualmente desempeño las funciones de director del Hospital Materno Infantil Ray Don Roig, un hospital de segundo nivel del municipio de Riberalta, en el departamento del Beni, Estado Plurinacional de Bolivia.
—Estamos realizando un trabajo sobre la realidad que enfrentan los zafreros de la castaña. ¿Cómo impacta la época de zafra en la salud de esta población, especialmente en niños y mujeres?
—La gestión 2025 fue con innumerables problemas en salud. Según el INE, nuestra población es de 107 mil habitantes, pero en la práctica atendemos entre 150 mil y 200 mil personas.
Nuestro hospital tiene un área de influencia de 54 mil pacientes entre niños y mujeres embarazadas. Atendemos al binomio madre-niño del norte amazónico, incluyendo a los zafreros, y somos hospital de referencia para Riberalta, el sur de Pando y el norte de La Paz.
Sin embargo, la crisis económica nos golpea fuerte. No contamos con el equipamiento ni el personal suficientes, y pese a ello atendemos a todos los pacientes que llegan, muchos en condiciones muy vulnerables. Vienen con problemas de desnutrición, picaduras, malaria, dengue, chikungunya, leishmaniasis y otras enfermedades. Lo más duro es que esta población es de escasos recursos, y muchas veces sentimos impotencia por no poder brindarles la atención que merecen.
—¿Qué tipo de emergencias son más frecuentes y cómo logran atenderlas con tantas limitaciones?
—Recibimos todo tipo de casos: accidentes, picaduras, desnutrición, mujeres embarazadas con complicaciones y niños con traumatismos graves. En el último año, por ejemplo, atendimos a pequeños que llegaron desde las zonas de zafra tras sufrir la caída de cocos sobre la cabeza.
No tenemos neurólogo ni neurocirujano, y a veces debemos hacer campañas para traer especialistas desde otros lugares y poder intervenirlos. También llegan niños desnutridos, porque en los campamentos no hay buena alimentación, y víctimas de picaduras de serpientes. Necesitamos más equipamiento y personal para poder atenderlos adecuadamente.
—¿Cómo logran trasladarse los pacientes desde lugares tan lejanos hasta el hospital?
—La verdad, llegan en condiciones muy precarias: en lanchas, motos o vehículos, muchas veces demasiado tarde. La distancia hace que muchos no alcancen a llegar a tiempo. En mi gestión ya hemos tenido casos de niños con lesiones graves a los que hubo que atender con campañas solidarias para traer especialistas.
Hacemos lo que podemos con lo poco que tenemos. Por eso, aprovecho este espacio para pedir apoyo en equipamiento, recursos humanos e infraestructura. Es urgente.

—¿Qué nos puede decir sobre la mortalidad materna y las enfermedades más recurrentes en la región?
—Vivimos en una zona con alta vulnerabilidad sanitaria. Hay dengue, malaria, chikungunya, Zika, leishmaniasis y enfermedades gastrointestinales como salmonela.
Antes la tasa de mortalidad materna era de 13 casos por año; hoy hemos logrado reducirla a una o dos gracias a políticas de salud, pero la lejanía y la falta de recursos dificultan avanzar más.
Deberíamos tener una unidad de terapia intermedia, pero no contamos con ella por falta de presupuesto. A veces los pacientes llegan tan tarde que no podemos hacer nada por salvarles la vida.
—¿Cuántos médicos y especialistas tienen actualmente en el hospital?
—Para una población de más de 107 mil habitantes, contamos con solo dos cirujanos, cuando deberíamos tener al menos siete. Tenemos ocho ginecólogos en planilla, pero solo uno cubre la atención diaria, quirófano, emergencias y consultas externas. Nos falta mucho personal, y eso afecta directamente la atención a la población.
—El Sistema Único de Salud (SUS) cubre parte de la atención, pero ¿qué ocurre cuando se agotan los medicamentos?
—El consumo de medicamentos es muy alto y se agotan rápidamente. Cuando eso ocurre, los pacientes deben comprarlos con sus propios recursos, lo cual es difícil para la mayoría.
Tenemos la infraestructura básica que exige la norma, pero nos faltan medicamentos y recursos humanos. Ni el municipio, ni el gobierno departamental, ni el nacional logran abastecernos como corresponde.
—Finalmente, doctor, ¿cuáles son las cinco necesidades más urgentes de su hospital?
—Primero, cubrir las áreas críticas con recursos humanos, tanto de enfermería como de especialistas y subespecialistas.
Segundo, renovar el equipamiento médico, ya que muchos equipos tienen entre 15 y 20 años de uso.
Tercero, mejorar la infraestructura para disponer de más camas y servicios adecuados.
Cuarto, reponer urgentemente el equipo de rayos X, que ya cumplió su ciclo de vida.
Y quinto, fortalecer el apoyo interinstitucional y la coordinación con organismos que puedan ayudarnos a mejorar la atención a nuestras madres y niños.
—Gracias, doctor, por su tiempo y por compartir esta realidad que conmueve.
—Agradecido con ustedes por visibilizar nuestra situación. Esperamos que esta entrevista motive a instituciones y personas a tendernos una mano. No pedimos para nosotros, sino para toda una población que confía en este hospital, que es referencia no solo para Riberalta, sino también para el sur de Pando y el norte de La Paz.
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Sobre el autor
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Roberto Navia
Desde hace más de dos décadas transita por el mundo para intentar elevar a los anónimos del planeta al foco de lo visible. Sus crónicas emblemáticas: Tribus de la inquisición y Los Colmillos de la Mafia le han permitido ganar dos veces el Premio Rey de España (2014 y 2017); Esclavos Made in Bolivia, el premio Ortega y Gasset (2007); el documental Tribus de la Inquisición, la nominación a los Premios Goya (2018), Flechas contra el Asfalto y Los Piratas de la Madera desangran el Amboró, dos veces ganadores del Premio de Conservación Internacional, entre otros galardones nacionales e internacionales. Es docente universitario de postgrado, la cabeza de la Secretaría de Libertad de Expresión de la Asociación de Periodistas de Santa Cruz, miembro del Tribunal de Ética de la Asociación Nacional de la Prensa de Bolivia y de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP).



