
Dura y sin tapujos. Cecilia Miranda Chávez es directora del Servicio Nacional de Áreas Protegidas (SERNAP) y asegura que recibió una institución “destrozada” y “devastada” por una supuesta corrupción que involucra a funcionarios de esta entidad y hasta a guardaparques. La directora denuncia que le negaron información y que hasta le intervinieron información confidencial.
Sobre la situación de los guardaparques, Miranda por ahora no ve mejoras en sus salarios ni aumento de personas debido a la limitante del presupuesto estatal, pero dice que trabajará para que las propias áreas protegidas sean auto sostenibles para que se pueda mejorar la economía del SERNAP. También busca herramientas para enfrentar las amenazas que resisten las reservas, como la minería ilegal, el narcotráfico, los avasallamientos o el comercio ilegal de maderas preciosas.
La directora también apunta a redes de extorsionadores y de “maleantes” que todavía están al interior de la entidad que resguarda las áreas protegidas, a las que Miranda ve que están siendo penetradas por grupos criminales.
—¿Cómo está el SERNAP?
—Yo he ingresado al SERNAP el 19 de diciembre del año pasado. Me ha tocado una terrible intervención del SERNAP porque he recibido una institución destrozada, devastada, con una credibilidad muy baja, la institucionalidad totalmente quebrada y con muchos indicios de corrupción. Entonces, mi ingreso ha sido como a un campo de batalla. Diciembre, los pocos días que me quedaba, respeté, por supuesto, la contratación de eventuales porque el SERNAP es una institución que tiene alrededor de unos 580 funcionarios y solo unos 174 tienen ítems.
—¿Cómo está la situación de los guardaparques?
—En el tema de los guardaparques, estamos con una situación de 300 guardaparques, aproximadamente y casi 100 ítems. Entonces, estamos hablando que casi la mitad de los principales funcionarios son eventuales. Hay una situación muy crítica por el tema de los recursos financieros y los malos manejos que ha habido.
Cuando yo entré, repito, fue como entrar a un campo de batalla. Me negaban información, me hicieron cortar los sistemas, me bloquearon, hicieron perder mucha documentación y es por eso también que yo recibo una institución donde no he sido bien recibida y me toca como un mandato restaurar en primera instancia la institucionalidad del SERNAP, reordenar la casa. Y es por eso que también tengo mucha resistencia de los propios funcionarios, de aquí en unidad central y en las áreas protegidas.
Lamentablemente, me he encontrado con redes de extorsionadores, redes de maleantes, me amenazan, me intimidan, sacan información confidencial. Confidencial lo digo, porque es información estratégica para el funcionamiento de las 23 áreas protegidas.

—¿De dónde salen estas redes?
—Las redes son las que hacen infidencia, salen del propio SERNAP, de los propios funcionarios. Entonces, ha sido una guerra interna y la sigo viviendo. He tenido también que empezar, por supuesto, a desvincular gente y todo lo sacan en las redes, y es la propia gente del SERNAP. Además, las personas que estoy despidiendo tienen todo el derecho de defenderse, por supuesto, porque la corrupción no tiene factura, no tengo los comprobantes, pero hay redes articuladas de extorsión, de extorsionadores y todos los funcionarios estaban en esquemas, digo la mayoría, en estos esquemas de extorsión.
Cada día que va pasando en el SERNAP estoy recibiendo denuncias de gente que ha sido sometida a extorsión. Estoy recibiendo contrataciones, consultorías, planes de manejo con serios indicios de corrupción, procesos mal encarados. Por ejemplo, la contratación de directores, más allá de la formalidad de supuestas convocatorias, todo era manipulado y además se hacían cobros irregulares.
Y eso creo que es una información que todo el mundo lo sabe. O sea, yo no necesito probar. Además, usted sabe que en la gestión pública los cargos ejecutivos se compraban, se vendían y eran articuladores políticos. He empezado a despedir, a desvincular a muchos directores también de áreas protegidas, jefes de protección vinculados a estas redes de extorsión y delincuencia. Y por supuesto que me están procesando. Yo no puedo ser víctima como Máxima Autoridad Ejecutiva (MAE).
Estoy asumiendo todos los respaldos que tengo para desvincular a gente que está vinculada a redes, a redes de extorsión y que todavía siguen funcionando. Entonces es muy difícil la situación.
—¿Estas redes quizás trabajaban con mafias?
—Yo creo que en anteriores gestiones evidentemente los directores, que eran nombrados en el SERNAP, por supuesto, que eran articuladores y eran cuotas políticas. A veces de los interculturales, de la CIDOB, del CONAMAQ. Entonces el SERNAP ha sido como un botín político. Y lamentablemente en algunas gestiones se han ido articulando redes y mafias articuladas que todavía siguen instauradas.
A la medida que voy haciendo la gestión operativa de las 23 áreas protegidas, temas tan sensibles como el tráfico de madera, el tema de los certificados de compatibilidad de uso, que son los CCU, son unos certificados que el SERNAP emite para cualquier actividad, obra o proyecto que se quiera hacer dentro de un área protegida. Y entonces eso no es una autorización, pero sí es ver si tu actividad es compatible o no con la zonificación del área. Eso ha sido susceptible a grandes negociados aquí en el SERNAP.
En temas forestales, en temas mineros, en temas de ingresos, en temas de turismo. Se imaginará la situación de una institución destrozada, desacreditada y con serios indicios de corrupción donde yo toqué. Nos faltan manos, tengo solo tres personas que trabajan en auditoría, estamos empezando a hacer las auditorías respectivas y cajón que abro hay indicios de corrupción.
Encima, el SERNAP está quebrado, porque los presupuestos que nos han dado son muy bajos, por supuesto que el Estado no nos va a incrementar y tengo hasta niveles salariales que el día antes que ingresé han bajado los niveles salariales. Hay que empezar a recomponer equipos técnicos, tengo ciertas limitaciones sobre todo presupuestarias porque yo he recibido un presupuesto aprobado y con pocos fondos.
—¿Hay cosas buenas en el SERNAP?
—No todo es malo, hay cosas muy buenas también dentro del SERNAP. Hay procesos muy interesantes de cómo empezar a mirar la gestión. En los temas interesantes de procesos que estamos reencaminando, el SERNAP es una institución que recibe más o menos como el 20% de su presupuesto del TGN. Entendemos que el Estado ahorita está quebrado y hay muchas limitaciones económicas para pensar cómo vamos a subsistir.
Más que pensar en que el Estado nos tiene que dar más y tener más recursos, la visión del SERNAP es ver las oportunidades de las áreas protegidas para generar ingresos propios, recursos propios, buscar la sostenibilidad. Y en esto por varios años, con el apoyo de la cooperación, con el apoyo de instituciones como FUNDESNAP, WCF y otras instituciones, hay plataformas de aliados que han ido perfilando una propuesta para buscar la sostenibilidad financiera del Sistema Nacional de Áreas Protegidas. Entonces, en ese sentido estamos retomando esas muy buenas perspectivas y ahorita el tema del turismo puede ser un gran potencial.
—¿Cómo lograr esa sostenibilidad financiera?
—Sobre todo, hay que recuperar y reposicionar el rol de las áreas protegidas. En la Constitución del 2009 por primera vez tenemos el reconocimiento de las áreas protegidas con sus cuatro funciones: las ambientales, las sociales, las culturales y las económicas. Tenemos que empezar a cuantificar cuánto es el aporte de las áreas protegidas en las cuentas nacionales y en los servicios ecosistémicos para beneficio de la población, no solo local sino boliviana y del mundo. Pertenecemos a ecosistemas y biomas tan importantes compartidos con los países vecinos como la Amazonía, el Chaco, el Pantanal y en ese sentido nuestras áreas protegidas son representativas de ecosistemas fundamentales para la vida del planeta.
—¿Cómo he visto la situación de los guardaparques?
—Lo de los guardaparques es una prioridad en mi vida profesional. Quiero empezar diciendo que soy fundadora de la Asociación Boliviana de Agentes de Conservación (ABOLAC), que es la representación de los guardaparques. En el año 2000 yo fui una de las fundadoras. Toda mi vida he trabajado con los guardaparques. De los 300 guardaparques, 200 he formado, podría decir, es más, tengo el apodo de ser la mamá de los guardaparques. Hemos desarrollado todo el proceso de profesionalización de los guardaparques.
He trabajado como 15 años haciendo los programas de formación que los manejaba el SERNAP, entonces, realizamos desde programas formales hasta la currícula que fue aprobada con el Ministerio de Educación, que también mi persona la facilitó. Ahorita quiero decir una buena noticia en todo este desastre, que parece de contexto institucional. Tenemos un convenio con la Universidad Mayor de San Simón (UMSS), con la Escuela Forestal y estamos aprobando una currícula para facilitar la formación que quedó trunca: el técnico medio de los guardaparques y también un nivel de técnico operativo con miras a proyectar la formación.
De los 300 guardaparques que tenemos en las áreas protegidas nacionales, es gente que de alguna manera ya está cumpliendo su jubilación, se van a retirar, es gente que yo también he formado, pero tenemos la necesidad de formar gente nueva, no solo en las nacionales sino en las subnacionales, con una nueva visión de lo que es el reposicionamiento de las áreas protegidas. Entonces, un proceso de formación de los guardaparques es vital. Tenemos que recuperar los valores institucionales, éticos y de compromiso laboral con el tema de las áreas protegidas. Se ha perdido la línea institucional, se ha quebrado la institucionalidad, entonces recuperar eso no es automático, es un trabajo que día a día lo estoy realizando, con muchos obstáculos, peticiones de informe, imposiciones, hay una cultura en Bolivia revuelta, entonces el poner orden en una institución sí me está costando mucho.
—Bueno, con la carrera que tiene y la experiencia ABOLAC, debió haber visto que el trabajo de los guardaparques, más que todo en la Amazonía es precario. ¿Cómo se puede ayudar a eso?
—Bueno, hemos tenido una reunión con los guardaparques el 16 de enero, lamentable que no haya salido en las redes, no ha salido porque ni el día que me posesionaron salieron en las redes porque no tenía ni comunicadora, entonces lamentablemente yo no tengo personal ni equipo de comunicación. Recién hace una semana, ustedes podrán ver lo que sale en el SERNAP, tenemos el apoyo de una sola comunicadora, a pesar que es una institución tan importante y debería tener un equipo de comunicación, entonces no tenemos.
—Y en el manejo de las áreas protegidas, hemos visto amenazas que enfrentan las reservas. ¿Cómo manejar esa situación?
—Sí. La más terrible es la minería. Mire, en realidad estamos haciendo como un diagnóstico rápido del estado situacional y es terrible el nivel de las amenazas. Tenemos grandes amenazas como la minería, la extracción forestal, tenemos otra de las serias amenazas, como los incendios. El tema de asentamientos, avasallamientos, el tema de pesca ilegal tenemos, hay un desorden en el tema de la gobernanza, los mecanismos de participación social también se han desestructurado, pero las principales son el narcotráfico, el incremento de coca excedentaria en áreas protegidas. También la zonificación en áreas, por supuesto que las actividades extractivistas merecen un tipo de tratamiento en el marco de la legalidad, ahorita hay una fuerte polémica con el tema de la actividad hidrocarburífera, sobre todo en Tariquía, pero ese tema también tiene que ser analizado en el contexto de las prioridades nacionales que el propio gobierno está estableciendo como recursos estratégicos.
Entonces, hay amenazas que tenemos que enfrentar y nos han vulnerado mucho porque las áreas protegidas se han convertido en 20 años en territorios de nadie, cuando se ha roto la institucionalidad, se les ha quitado la autoridad a los guardaparques, son como territorios que han sido gobernados por redes de ilícitos. El tema del narcotráfico está en zonas muy peligrosas, hay espacios donde nadie puede entrar, se han proliferado
—¿Dónde es la zona más peligrosa del narcotráfico?
El narcotráfico lo tenemos en muchas zonas, solo por mencionar una y que a mí me duele mucho el corazón saber es el parque Noel Kempff Mercado, en el Madidi también hay pistas clandestinas, y en muchas otras zonas. Lamentablemente no tenemos recursos para hacer sobrevuelos, pero la actividad del narcotráfico también hay en Tariquía, ahí tenemos problemas de narcotráfico. Y en Carrasco, por supuesto.
—¿En Tariquía?
En Tariquía también hay extracción forestal, pesca ilegal y narcotráfico, también ligado a marihuana, o sea lamentablemente hemos perdido el control. Tenemos grandes áreas protegidas que también cubren grandes áreas fronterizas, entonces todas las que limitan son zonas de contrabando. En el altiplano y en las tierras altas, por ejemplo, en la frontera con Chile y Argentina, en la reserva Eduardo Abaroa, es una zona de contrabando de autos chutos, ahí tenemos una serie de ilícitos como caminos ilegales, que es otra de las amenazas.
Entonces, ahora se está empezando a retomar una institución quebrada y empezando a intervenir con los ilícitos, lo que es un reto muy grande porque tampoco tenemos los recursos, no es pronto, y es muy peligroso. Yo no puedo arriesgar a la gente. Hace dos o tres semanas entraba la maquinaria pesada al municipio de Apolo (en La Paz) y, por supuesto, todo el mundo lo sabía. ¿El SERNAP qué va a hacer? Es difícil enfrentar a esas redes. Para mí precautelar la seguridad del personal es en primer lugar. Yo hablé con la gente en Madidi y dije que no ofrezcan resistencia, los mineros están acostumbrados en 20 años a hacer y deshacer e imponerse y maltratar. Tenemos un cuerpo desarmado y en Apolo solo hay tres policías.
De igual manera nosotros estamos siguiendo procesos judiciales, hacemos las sanciones respectivas y estamos con juicios para los que están infringiendo en las áreas protegidas, pero es una tarea bastante complicada, delicada, que yo necesito trabajar con fiscales, con jueces, con fuerza pública y con otros ministerios que nos apoyen, porque empezar a encarar la lucha contra los ilícitos es algo que va a llevar tiempo, recursos y la interacción con otras instancias de gobierno. Quizás lo más importante es el presupuesto, los recursos y que, en el Estado, las instituciones del Estado, sintonicemos nuestra visión y entendimiento en el marco de nuestras competencias sobre cuál es el trabajo de las áreas protegidas.
Estamos empezando por los sectores del propio gobierno. El vulnerar un área protegida implica hacer un daño ambiental, por un lado, pero las áreas protegidas también cumplen funciones sociales, culturales y económicas. Entonces, tenemos que tener una visión integral. Tenemos que posicionar y darle el respeto que se merece al trabajo que realizamos en las áreas protegidas. Es un trabajo muy difícil, porque han estado muy vulneradas, muy sueltas y son territorio de nadie. Y ahora, cuando usted habla de quienes trabajan en las áreas protegidas, es personal muy desacreditado.
—¿Cómo lograr ese cambio de chip?
—Por un lado, es recobrar institucionalidad, es reforzar los ámbitos de trabajo con eficiencia y transparencia. La misión del SERNAP es la gestión de las áreas protegidas nacionales. Yo creo que hay que recuperar ese perfil técnico, pero con un manejo eficiente.
Tenemos grandes limitaciones presupuestarias, pero en vez de estar quejándonos, tenemos que buscar las alianzas estratégicas y desarrollar mecanismos que nos permitan construir la sostenibilidad. Y, por supuesto, devolverle la credibilidad a quienes estamos trabajando dentro de las áreas. La gente tiene que volver a creer en el SERNAP.
Tenemos que reconstituir el reposicionamiento con comunicación, con difusión, con transparencia. Yo creo que en la juventud hay mucha sensibilidad ambiental, pero también tenemos modelos de desarrollo que se contraponen y ahí tenemos que buscar esos equilibrios entre conservación y desarrollo. Hay necesidades de las comunidades que tenemos que responder, pero el SERNAP no es una institución de desarrollo, pero tenemos que coadyuvar con las instancias competentes para también llevar beneficios, mejorar condiciones de vida, trabajar en medios de vida, pero que sean totalmente sostenibles y en el marco de la conservación.
Entonces, es un reto grande cuando no tenemos recursos, pero poco a poco yo creo que vamos a ir logrando porque la misión es muy noble. La misión del tema ambiental ahora se está construyendo en esta nueva visión del Estado, que es la importancia de conservar el patrimonio natural y cultural.
***



