
Durante tres días, Tarija reunió a periodistas, comunicadores y narradores de distintos lugares del país en torno a una pregunta que hoy atraviesa al oficio con fuerza: ¿cómo contar un territorio marcado por incendios, presión sobre los bosques, conflictos ambientales y disputas por la conservación? Bajo esa premisa se desarrolló Relatar el territorio: periodismo ambiental y narrativa de conservación, un encuentro impulsado por Fundación NATIVA junto a Revista Nómadas, Tarija Dialoga, Redes Chaco y Verdad con Tinta, que apostó por compartir herramientas y experiencias narrativas y abrir una discusión necesaria sobre las formas en que el periodismo mira y relata la crisis ambiental boliviana.
El encuentro se desarrolló los días 28, 29 y 30 de abril, con una agenda que combinó exposiciones magistrales, espacios de intercambio, presentaciones técnicas y una salida de campo. Pero más allá de la estructura, lo que se vivió fue una experiencia de conversación real entre voces distintas, trayectorias diversas y preocupaciones compartidas. Hubo escucha, preguntas, cruces fértiles, ganas de seguir pensando juntos y la sensación, bastante clara, de que este tipo de espacios hacen falta.
La primera jornada abrió con exposiciones de alto nivel que marcaron el tono del evento. Roberto Navia, fundador y director de Revista Nómadas, compartió una mirada aguda sobre la crónica narrativa y la construcción de historias ambientales con espesor humano; Stasiek Czaplicki, economista ambiental y experto en periodismo de datos, puso sobre la mesa la importancia del periodismo de datos y de una lectura crítica de los indicadores socioambientales. Cerramos esa jornada con Maickol Mamani presentando la campaña No Juegues con Fuego, recordando que la comunicación también tiene un rol concreto en la prevención y en la construcción de conciencia pública frente a los incendios forestales.

La segunda jornada profundizó ese camino desde otras entradas igualmente valiosas. Iván Arnold y Waldo Cossio (de NATIVA) acercaron una reflexión amplia sobre el Gran Paisaje Chaco Pantanal, sus desafíos y sus horizontes, en una presentación que ayudó a situar muchas de las discusiones posteriores, mientras Marcela Zamora compartió una exposición sobre el corredor Pilcomayo, abriendo una conversación clave sobre territorio, conectividad y conservación.
Jesús Vargas, de Verdad con Tinta, aportó reflexiones ligadas al periodismo regional, la gestión de medios, la verificación y los desafíos concretos del oficio en contextos locales. También se sumó, desde Argentina y vía Zoom, Nadia Bosch, comunicadora de Redes Chaco, que aportó, junto con Inga Olmos desde Tarija, una perspectiva regional muy pertinente para pensar el periodismo transfronterizo y los vínculos entre territorio, comunicación y articulación en el Gran Chaco. Más adelante, Iván Paredes cerró este evento clave con una ponencia que abordaba sobre la investigación periodística y la cobertura de conflictos ambientales.
Uno de los mayores aciertos del encuentro fue precisamente ese cruce entre miradas narrativas, herramientas periodísticas y contenidos técnicos. No se trató solo de hablar de medioambiente como tema, sino de discutir cómo se lo investiga, cómo se lo escribe, cómo se lo vuelve legible para distintos públicos y cómo se construyen relatos con mayor profundidad, contexto y responsabilidad. En ese sentido, el evento logró algo importante: acercar a periodistas y comunicadores a discusiones que muchas veces circulan por separado, y hacerlo en un ambiente abierto, generoso y verdaderamente participativo.
Las y los participantes respondieron con entusiasmo a esa propuesta. Hubo interés sostenido, conversación viva, intercambio de experiencias y una disposición muy honesta a compartir dudas, búsquedas y aprendizajes. El ambiente que se fue construyendo a lo largo de las jornadas dejó ver algo que vale la pena subrayar: no solo hubo un curso o un taller bien recibido, sino el germen de una pequeña comunidad. Una red de personas que, desde distintos lugares, comparten la inquietud por contar mejor lo ambiental y hacerlo con más rigor, más sensibilidad y más vínculo con el territorio. En ese mismo espíritu, surgió incluso la posibilidad de pensar este espacio como una iniciativa que pueda repetirse cada año, en distintos lugares, creciendo con el tiempo y consolidándose como un punto de encuentro para el periodismo ambiental en Bolivia.

La salida a la Reserva Ecoturística y Monumento Natural Cañón del Pilaya, el tercer día, terminó de darle espesor a todo lo trabajado, como una manera de aterrizar muchas de las ideas conversadas en sala. El recorrido permitió observar de cerca un territorio de enorme valor ecológico y paisajístico, clave también para el trabajo de NATIVA, así como para la fauna y flora de los valles altos. Allí, el intercambio con actores locales y la experiencia de campo ayudaron a volver más concretas preguntas sobre conservación, uso del territorio, observación, registro y construcción de historias.
Como en otras ocasiones, el grupo fue recibido por guías locales, entre ellos don Ademar y María, cuya presencia aportó cercanía, conocimiento del lugar y una hospitalidad que siempre deja huella. Ese contacto directo con el territorio, con sus ritmos, sus voces y sus capas de sentido, recordó algo fundamental: que no se puede narrar bien un lugar sin caminarlo un poco, sin escuchar a quienes lo habitan y sin dejar que el paisaje también enseñe.
La clausura llegó en la bodega Daroca, la más antigua de Tarija, donde una cata de vinos selló la confraternización construida durante esos días. Fue un cierre cálido, a la altura de un encuentro que combinó pensamiento, oficio, territorio y conversación, y que dejó una sensación compartida: la de haber abierto algo valioso. Un espacio donde el periodismo no apareció como una práctica aislada, sino como una forma de vínculo con los territorios, con sus conflictos, sus memorias y sus posibilidades.
Con Relatar el territorio, apostamos por algo que hoy resulta urgente: fortalecer narrativas capaces de mirar de frente la complejidad ambiental sin simplificarla, y de contarla con herramientas más sólidas, más humanas y más atentas a lo que realmente está en juego. Lo que quedó después del encuentro no fue solo una agenda cumplida, sino una conversación que vale la pena sostener.
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