
En medio de una Bolivia asfixiada por los incendios forestales, donde cada año las hectáreas reducidas a cenizas en la Chiquitania, el Pantanal y la Amazonía parecen imposibles de dimensionar, hay un territorio del Gran Chaco que ha logrado resistir. El Área de Conservación e Importancia Ecológica (ACIE) Ñembi Guasu (Santa Cruz, Bolivia), suma cuatro años consecutivos sin que los megaincendios forestales vuelvan a propagarse dentro de sus más de 1,2 millones de hectáreas.
El resultado trasciende la importancia de lo que en sí ya representa ser el bosque seco más grande del mundo. Evitar la quema de este territorio impidió la liberación de millones de toneladas de carbono a la atmósfera, un indicador verificado mediante metodologías internacionales que hoy coloca a Bolivia y al Gobierno Autónomo Indígena Originario Campesino (GAIOC) de Charagua Iyambae en condiciones de consolidar el acceso a uno de los mayores mecanismos de financiamiento climático del país: un monto mayor a 200 millones de dólares según cálculos conservadores y cotizaciones actuales en el mercado regulado.
ART TREES (The REDD+ Environmental Excellence Standard) es uno de los principales estándares mundiales para reconocer y certificar reducciones verificadas de emisiones derivadas de la deforestación y la degradación de los bosques. A diferencia de otros mecanismos, exige evidencia científica, monitoreo satelital independiente y salvaguardas sociales y ambientales para garantizar que las reducciones de carbono sean reales, medibles y permanentes. Cumplir esos requisitos permite acceder a mercados y fondos internacionales que remuneran la conservación efectiva de los bosques.
El avance de la iniciativa quedó además respaldado este viernes durante una reunión de coordinación convocada por el Ministerio de Planificación del Desarrollo y Medio Ambiente, el Viceministerio de Medio Ambiente, Biodiversidad, Cambios Climáticos y de Gestión y Desarrollo Forestal, y el Gobierno Autónomo Indígena Originario Campesino (GAIOC) de Charagua Iyambae. En el encuentro, realizado en Santa Cruz, autoridades nacionales, representantes indígenas, organizaciones de conservación y cooperantes internacionales revisaron los avances del proceso de registro de la Iniciativa Jurisdiccional REDD+ Charagua Iyambae, su modelo de gobernanza, el plan de acción y los próximos pasos para consolidar el acceso al financiamiento climático bajo el estándar internacional ART TREES.
“Evitar la quema de este ecosistema impidió la liberación de varios millones de toneladas de carbono. Hoy, este resultado tangible permite a Bolivia y a la autonomía indígena de Charagua consolidar los trámites para acceder a un fondo climático histórico. Mientras las áreas afectadas en el Ñembi Guasu entre 2019 y 2021 se recuperan mediante restauración pasiva —donde la naturaleza vuelve a regenerarse cuando se la protege—, debemos ser categóricos: este logro se ha alcanzado con enorme compromiso y recursos mínimos. El modelo ha demostrado ser exitoso, pero está al límite. No podemos exigir a los Guardianes del Monte, bomberos y a las comunidades locales que protejan nuestros bosques sin las herramientas necesarias. Requerimos mayor compromiso del estado para fortalecer la protección del ACIE Ñembi Guasu y otras áreas protegidas, así como la prevención de incendios”, afirmó Iván Árnold, director de Fundación Nativa., afirmó Iván Árnold, director de Fundación Nativa, a tiempo de reconocer el trabajo de los protectores del bosque en esta jornada que se celebra el Día Internacional del Guardaparque.

El viceministro de Medio Ambiente, Biodiversidad, Cambios Climáticos y de Gestión y Desarrollo Forestal, Jorge Ernesto Ávila Antelo, que participó del evento de esta tarde, dijo que este proyecto será trabajado de manera conjunta con el Gobierno Autónomo Indígena Originario Campesino de Charagua Iyambae, un territorio especial, en el que participan más de 14 instituciones de la sociedad civil, algunas de las cuales han contribuido activamente al proceso.
Adelantó que durante los próximos meses se desarrollará el trabajo técnico para alcanzar los resultados esperados y lograr que esta iniciativa se traduzca en acciones concretas y tangibles, manteniendo será una coordinación estrecha y un trabajo conjunto entre el Estado, el GAIOC Charagua Iyambae y las instituciones involucradas.
La Ejecutiva de la TRI del GAIOC Charagua Iyambae, Mariflor Suárez, dijo que también buscan una coordinación efectiva y espacios de trabajo claros y que no quieren repetir experiencias del pasado, en las que se impulsaron iniciativas con importantes vacíos sociales y sin una adecuada articulación con las estructuras propias del territorio.
Afirmó que es fundamental que este proceso respete la estructura de gobernanza, evite conflictos y garantice una participación transparente. “Para nosotros, esta iniciativa no se limita únicamente al carbono; representa un esfuerzo integral para proteger nuestras áreas, evitar la deforestación, prevenir los incendios y conservar nuestro territorio. No queremos mensajes ni procesos confusos. Necesitamos claridad y transparencia, porque ningún interés institucional puede estar por encima de los intereses y derechos de nuestro territorio”, dijo la autoridad que resaltó también que reconoce el trabajo y la experiencia de las organizaciones que, durante muchos años, han acompañado y fortalecido los procesos de Charagua Iyambae.
Para comprender cómo Ñembi Guasu llegó a convertirse en una pieza clave de esta oportunidad de financiamiento climático es necesario volver a 2019. Ese año, los incendios forestales arrasaron más de 450.000 hectáreas del área de conservación, una de las mayores afectaciones registradas en su historia reciente. La magnitud del desastre impulsó un cambio profundo en la forma de enfrentar el fuego.
Gobiernos locales, Comunidades indígenas, guardabosques, bomberos voluntarios y organizaciones de apoyo que trabajan en el territorio como Nativa, fortalecieron un sistema de prevención y respuesta temprana basado en el conocimiento del territorio, la capacitación técnica y el monitoreo permanente. Paralelamente, en febrero de 2022 el Tribunal Agroambiental Plurinacional ratificó la Pausa Ecológica establecida por el Gobierno Autónomo Indígena Originario Campesino de Charagua Iyambae, una medida que prohibió la expansión de la frontera agrícola y la deforestación, otorgando un respaldo jurídico decisivo para la recuperación del bosque.
Sobre esa base se consolidó un modelo de gobernanza indígena que combina conocimiento ancestral, planificación territorial y coordinación institucional. Los habitantes de las comunidades y los guardabosques implementan cortafuegos estratégicos, realizan vigilancia permanente y responden de manera temprana a los focos de calor antes de que evolucionen hacia incendios de gran magnitud. Este trabajo se articula además con el bloque de conservación de más de seis millones de hectáreas conformado junto a los parques nacionales Kaa Iya y Otuquis, creando uno de los corredores de conservación más extensos del país.
Los resultados ya son visibles. Las áreas afectadas por los incendios de 2019 muestran procesos de restauración pasiva, una recuperación natural del bosque que ha sido posible gracias a la protección del territorio y a la ausencia de nuevas quemas de gran escala.
Sin embargo, el éxito del modelo también evidencia sus limitaciones. Mantener esta capacidad de prevención depende de equipos reducidos, presupuestos insuficientes y un enorme esfuerzo de las comunidades indígenas y los guardabosques que permanecen en primera línea frente al fuego.
El caso de Ñembi Guasu demuestra que prevenir incendios no solo protege la biodiversidad, el agua y los medios de vida de las comunidades. También evita emisiones de carbono, fortalece la credibilidad ambiental del país y abre la puerta a mecanismos internacionales de financiamiento capaces de movilizar cientos de millones de dólares para la conservación.
Durante décadas se ha considerado que proteger los bosques representa un costo. Ñembi Guasu está demostrando lo contrario: la conservación también genera valor económico. En un país que cada año pierde millones de hectáreas por el fuego, este territorio ofrece una evidencia difícil de ignorar: un bosque que permanece en pie puede convertirse en uno de los activos más valiosos para el futuro de Bolivia. Ahora el desafío es que el Estado y la cooperación internacional inviertan en quienes han hecho posible ese resultado antes de que este modelo exitoso llegue a su límite.
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