
En días recientes, una influencer boliviana difundió en redes sociales un video grabado en proximidades del Lago Titicaca, en el que se promovió y difundió el consumo de ancas de rana. Este contenido generó preocupación entre especialistas, organizaciones de conservación y colectivos ambientalistas, debido a que en el Lago Titicaca habita la rana gigante del Titicaca (Telmatobius culeus), una de las especies de anfibios acuáticos más emblemáticos de la región, catalogada en Bolivia como En Peligro de Extinción y cuyo consumo se ha popularizado.
Tras las críticas recibidas, el video fue eliminado y la influencer argumentó que las ranas consumidas provenían de un supuesto criadero y que no correspondían a la especie del lago. Esta afirmación es incorrecta. Actualmente no existen permisos ni autorizaciones legales para el establecimiento de criaderos de Telmatobius culeus u otras ranas acuáticas y no existen otras especies de ranas acuáticas que puedan sobrevivir en este ecosistema. Por tanto, todas las ancas de rana ofrecidas y comercializadas en el sector, tienen una alta probabilidad de corresponder a Telmatobius culeus, cuya captura, comercialización y consumo son actividades ilegales.

Daniela Morales, bióloga e investigadora de Bolivian Amphibian Initiative,indica:
“Los criaderos de fauna silvestre autorizados no existen. En Bolivia, la normativa ambiental vigente establece que el aprovechamiento legal de fauna silvestre se limita únicamente a especies expresamente autorizadas por la Autoridad Ambiental Competente Nacional bajo planes de manejo aprobados, siendo actualmente la vicuña (Vicugna vicugna) y el lagarto (Caiman yacare) las únicas especies permitidas para este fin”.
Por su parte, Arturo Muñoz, herpetólogo boliviano y ganador del premio de Conservación 2025 Kate Stokes Memorial Award, advierte: “El consumo de Telmatobius culeus puede afectar la salud humana por la presencia de patógenos propios de la especie. Al mismo tiempo, la extracción de individuos agrava el riesgo de desaparición local de una especie críticamente amenazada. Proteger a la rana gigante del Titicaca es una medida de salud pública y de conservación”.

Riesgos para la salud humana
La rana gigante del Titicaca es un anfibio altamente especializado para la vida acuática en ambientes de gran altitud. Su fisiología, incluida una respiración cutánea intensificada mediante pliegues de piel, la hace particularmente sensible a la contaminación del agua y a la acumulación de microorganismos.
La evidencia científica disponible advierte que la manipulación y el consumo de Telmatobius culeus representan riesgos sanitarios concretos. Estudios microbiológicos realizados en ranas confiscadas, así como revisiones sobre el género Telmatobius, han documentado la presencia de bacterias oportunistas y potencialmente zoonóticas, además de parásitos internos y externos que pueden afectar la salud humana, especialmente en preparados sin ningún control sanitario.
Al tratarse de organismos acuáticos, estas ranas también reflejan la contaminación microbiológica y química del lago. El consumo de preparados como ancas, extractos o “jugo de rana” expone a las personas a patógenos y contaminantes sin garantías de higiene, cadena de frío ni evaluación sanitaria. Ningún preparado “tradicional” o “energizante” elaborado con fauna silvestre sustituye un tratamiento médico ni posee propiedades curativas comprobadas.

Implicaciones para la conservación
La rana gigante del Titicaca enfrenta múltiples presiones simultáneas: extracción para consumo, deterioro de la calidad del agua, contaminación y otros cambios ambientales. A nivel internacional, la especie está categorizada como En Peligro (EN) según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), y en Bolivia se encuentra En Peligro Crítico (CR) de acuerdo con el Libro Rojo de Vertebrados Silvestres 2009.
“Cada individuo extraído del lago o sus afluentes reduce de forma directa la capacidad de recuperación poblacional de una especie altamente vulnerable”, informa Patricia Mendoza, bióloga, investigadora y presidente de Bolivian Amphibian Initiative. “…La promoción de su consumo desde plataformas con alto alcance contribuye a normalizar prácticas ilegales y acelera su declive, pudiendo convertir una presión local en un problema de alcance transfronterizo.” Concluye la experta.
Marco legal vigente
De acuerdo con Steffen Reichle, destacado herpetólogo, investigador y fotógrafo de vida silvestre, la normativa boliviana protege a la fauna silvestre como patrimonio natural y sanciona severamente su extracción, comercio y consumo ilegal.
En particular:
- La Ley N° 1525 penaliza la extracción, comercialización o posesión de especies silvestres sin autorización legal, con sanciones que incluyen penas privativas de libertad.
- La Resolución Administrativa No. 014/2020, emitida por el entonces Viceministerio de Medio Ambiente, Biodiversidad, Cambio Climático y Gestión y Desarrollo Forestal en abril de 2020, prohíbe la utilización de fauna silvestre para consumo alimenticio y medicinal en todo el territorio nacional con el objetivo de proteger la biodiversidad y precautelar la salud pública.
Las sanciones se agravan cuando se trata de especies amenazadas o bajo veda, condición que aplica a Telmatobius culeus.
- El principio precautorio, reforzado por el Decreto Supremo N° 4489 (Ley Madre Tierra), establece la obligación de evitar acciones que generen daños ambientales y biológicos.
Reichle menciona varias normas para el control y uso de fauna entre ellas :
Ley N° 1333, Ley N° 459, Ley N° 1525, D.S. 2436, D.S. 3048, DS. 22641 (1990), D.S. 25458 (1999), D.S. 4489 (2021), RA 014/2020.

Conservacionistas hacen un llamado a la responsabilidad
Bolivian Amphibian Initiative, organización no gubernamental sin fines de lucro dedicada a la conservación de especies de anfibios en Bolivia, hace un llamado a creadores de contenido, medios de comunicación y a la ciudadanía a informarse antes de difundir mensajes que puedan poner en riesgo especies amenazadas y la salud pública. Asimismo, se exhorta a denunciar la captura, comercialización y consumo de ranas silvestres ante las autoridades ambientales competentes.
Proteger a la rana gigante del Titicaca no es solo una medida de conservación, sino también una acción responsable para resguardar la salud humana, el equilibrio del ecosistema del lago y el patrimonio natural boliviano.
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