
Bolivia volvió a ubicarse entre los epicentros mundiales de la pérdida de bosques primarios. Según las nuevas estimaciones globales de Global Forest Watch del World Resource Institute, en 2025, el país perdió 818.291 hectáreas de bosque, de las cuales el 51% estuvo asociado a incendios. Se trata del tercer registro más alto de la serie histórica, solo por detrás de los años críticos de 2024 y 2019. Más grave aún: el 76% de esa pérdida correspondió a bosque primario, es decir, ecosistemas de altísimo valor ecológico, climático e hídrico.
Para ponerlo en perspectiva 818.291 hectáreas equivalen a la superficie de 25 municipios de Santa Cruz de la Sierra o 22 municipios de El Alto.

El informe de Global Forest Watch del World Resources Institute revela que Bolivia perdió en 2025 más de 818 mil hectáreas de bosque, principalmente por incendios y expansión agropecuaria. Advierte que políticas permisivas, presión económica y nuevas rutas logísticas están acelerando la deforestación, con riesgo de agravarse en los próximos años.
La dimensión del dato es alarmante, en un solo año, Bolivia perdió alrededor del 1,5% de su bosque primario, una de las tasas más altas entre los países que aún conservan grandes extensiones de este tipo de bosque. Aunque Bolivia alberga cerca del 4% del bosque primario mundial, en 2025 aportó aproximadamente el 14% de la pérdida global. En otras palabras, el país volvió a ser el segundo mayor contribuyente mundial a la pérdida de bosque primario, solo detrás de Brasil y por encima de la República Democrática del Congo e Indonesia.
Tristemente desde 2018, Bolivia paso de ser el quinto país en el mundo que más contribuye a la perdida de bosque primario, a cuarto en el 2019 y a tercero en 2020 a 2023. Desde 2024 se sitúa en el segundo lugar de podio mundial de la perdida de bosque primario y este 2025 persiste al mismo nivel. La mayor parte se debe al avance de la frontera forestal para la ganadería y monocultivos, seguido por degradacion por incendios forestales.

La pérdida no se distribuye de manera homogénea, como en años anteriores, se concentró principalmente en Santa Cruz, con el 49%, y Beni, con el 35%. Además, más de la mitad de la pérdida nacional ocurrió en un puñado de municipios. En 2025, las provincias de Guarayos, Ñuflo de Chávez y Velasco, en Santa Cruz, junto con Vaca Díez, en Beni, concentraron el 51% de toda la pérdida de bosque del país.
En Santa Cruz, los principales focos se mantuvieron en Guarayos —Ascensión, Urubichá y El Puente—, con el 10,5% de la pérdida nacional; Ñuflo de Chávez —Concepción, San Javier y Cuatro Cañadas—, con el 14,8%; y Velasco —San Ignacio, San Rafael y San Javier—, con el 12%. Sin embargo, en el periodo reciente se observa una disminución relativa de la pérdida en algunas de estas provincias críticas, en gran medida por la reducción de los incendios forestales en comparación al 2024.
El dato más preocupante aparece en Beni. La provincia Vaca Díez, particularmente los municipios de Riberalta y Guayaramerín, concentró por sí sola el 14,4% de la pérdida nacional de bosque. A diferencia de Santa Cruz, donde algunos focos muestran una reducción reciente, Vaca Díez registra un aumento sostenido durante los últimos tres años. Esta tendencia la está consolidando como una nueva frontera de deforestación en Bolivia.
Este desplazamiento es consistente con la creciente presión sobre los bosques amazónicos del Beni. La expansión del cambio de uso de suelo se está intensificando en zonas donde se realizan inversiones para conectar la región con los corredores logísticos y de procesamiento de Brasil, especialmente en Rondônia. Estas nuevas conexiones reducen los costos de producción agrícola en áreas donde, hasta hace poco, la pérdida de bosque estaba impulsada principalmente por la ganadería. Aun así, la ganadería continúa siendo el principal motor de la deforestación en el país.
La situación actual es el resultado directo de políticas sostenidas a favor del agronegocio, instituciones de conservación debilitadas y subfinanciadas, condiciones favorables de mercado y una crisis económica que ha instalado la idea de que la expansión agropecuaria es la salida para generar divisas e ingresos. En este contexto, el bosque aparece cada vez más como una reserva de tierra disponible para sostener un modelo de crecimiento de corto plazo.

Los datos contrastan con los discursos oficiales de éxito en materia de conservación forestal del año pasado. Ni el gobierno anterior ni la gobernación de Santa Cruz lograron frenar la pérdida de bosques en los territorios más críticos. El gobierno actual de Rodrigo Paz, por su parte, ha dado señales claras de apoyo a la expansión del agronegocio y no ha adoptado medidas relevantes para fortalecer la regulación forestal ni su cumplimiento. Sin embargo es probable, que para cumplir la apuesta de salir de la crisis económica y financiera mediante más exportaciones agropecuarias, se requiera acelerar aún más la conversión de bosques por pasturas o campos de soya.
El riesgo hacia adelante es alto, el año 2025, húmedo, ayudó a contener parcialmente los incendios, pero existe una alta probabilidad (80%) de que un evento El Niño se configure hacia finales de 2026. Esto podría elevar nuevamente el riesgo de incendios forestales en 2026 y, sobre todo, en 2027. Si no se adoptan medidas serias de prevención, control y regulación del cambio de uso de suelo, Bolivia podría repetir —o incluso superar— los niveles críticos de pérdida registrados en los últimos años.
La advertencia es clara: Bolivia mantiene una trayectoria de deforestación acelerada. Sin un cambio urgente de política pública, la crisis forestal puede conducir, tarde o temprano, a un colapso ecosistémico irreversible.
El hecho de que hasta hoy Bolivia no haya publicado estimaciones oficiales de pérdida de bosque o deforestación para 2024 y 2025 evidencia algo igualmente preocupante, frente a una situación alarmante, la estrategia adoptada desde el gobierno de Luis Arce —y que persiste bajo el gobierno de Rodrigo Paz— ha sido no transparentar la magnitud real de la crisis.
¿Hasta cuándo se optará por guardar silencio frente a una pérdida de bosques que ya no puede ocultarse?
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Sobre el autor
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Stasiek Czaplicki
Economista ambiental especializado en cadenas de valor agropecuarias y forestales, con más de 10 años de experiencia. Investigador y activista boliviano enfocado en deforestación y en investigación corporativa y financiera. Cuenta con una amplia trayectoria en ONG nacionales e internacionales, organismos multilaterales y think tanks globales (WWF, FAO, Climate Focus, Oxfam, CIPCA). Actualmente forma parte del equipo de Revista Nómadas donde además de realizar investigaciones periodísticas, ejerce como gerente de proyectos y asesor técnico. Stasiek Czaplicki, junto a Iván Paredes, ha sido galardonado con el Premio al Periodismo de Investigación Franz Tamayo 2024 por el reportaje Bolivia no se baja del podio de países que más monte pierden en el mundo, en el que abordó la alarmante pérdida de bosques en Bolivia durante el 2023.



