
El artista Ronaldo Rocha presenta En la ruta, un proyecto audiovisual y conceptual que surge de la maduración de varios años de viajes y de la necesidad de fusionar de forma orgánica el canto con la aventura. Lejos de la rigidez y el control absoluto que ofrece un estudio de grabación tradicional, el talentoso cantante elige la intemperie como un escenario vivo donde la improvisación, el clima, la altura y la geografía de cada región boliviana —desde el frío del altiplano hasta la humedad de las tierras bajas— intervienen directamente en su voz y en la interpretación de su guitarra, logrando que cada canción se convierta en una pieza única e irrepetible.
La propuesta estética se sostiene sobre una base de practicidad y supervivencia en el camino, utilizando únicamente una guitarra, un micrófono y una cámara. Esta sencillez técnica le permite viajar ligero y hacer partícipes del registro a los amigos que lo acompañan en el trayecto, delegando la optimización del audio y video a una etapa posterior de posproducción; bajo esta dinámica, el artista ha logrado capturar momentos mágicos, como las exigencias físicas de cantar a las faldas del Sajama tras hacer cumbre o el acompañamiento espontáneo de las aves en el lago Bay, que terminan funcionando como un coro natural escondido en el monte.
La primera temporada de la serie, disponible en YouTube, incluye seis episodios que transitan por canciones de su etapa con la banda Animal de ciudad, temas de su faceta ahora como solista e interpretaciones inéditas que aún esperan su ingreso al estudio. Con un banco de imágenes que ya abarca registros en otros países como Argentina y planes de expandirse hacia Colombia y México, Ronaldo Rocha proyecta la continuidad de En la ruta como un formato inagotable mientras las condiciones y los viajes le permitan seguir filmando la música donde manda la naturaleza.
— Ronaldo, para que el lector se ubique en el mapa: ¿Qué es exactamente En la ruta y por qué decidiste meter tu música en una mochila para recorrer Bolivia?
—Cantar y viajar son las dos cosas que más me gusta hacer en la vida. Siempre he viajado para hacer shows, pero poco a poco empecé a preguntarme por qué no llevar la guitarra a otros viajes que no tenían como objetivo los shows. Ahí se empezaron a cruzar las dos cosas: cantar para viajar y viajar para cantar. En La Ruta es entonces la excusa para presentar Bolivia a quien entra a escuchar canciones y presentarle mis canciones a quien llega a ver Bolivia, y para mí, el gusto de unir mis dos pasiones.

—¿Hubo un paisaje o un momento exacto en la carretera que dio nacimiento a este proyecto?
—Fue más un proceso que ha ido madurando. El 2019 empecé a filmar con apenas un celular. Sin micrófono. Hice pruebas en Samaipata, Santiago de Chiquitos y en Puerto Bush. Luego, el 2020, antes de la pandemia, viajamos con Paola, mi esposa, a la Patagonia Argentina y filmé también ahí. En ese viaje me entusiasmé con el concepto y desde entonces no dejé de filmar. Aún tengo esos videos. Espero subirlos un poco más adelante.
—¿Qué te da el cantar a la intemperie que jamás te dará un estudio de grabación?
El estudio existe para tener todas las condiciones bajo control. Cantar al aire libre es exactamente lo opuesto. El estudio es como estar en una canoa y remar para llegar a un lugar específico mientras que lo que yo hago es flotar y dejar que la corriente me lleve. Uno planifica hasta cierto punto, pero nunca sabes si se va a nublar, si empezará a llover, si te alcanzará la luz de la tarde o si empezarán a aparecer sonidos inesperados en media grabación. Hay muchísima improvisación en el camino.
—¿Cómo cambia tu voz o tu guitarra cuando pasas del frio del altiplano al calor de las tierras bajas?
—Más allá de lo físico, que es obvio, creo que las experiencias de cada viaje se destilan en la interpretación. El clima, la altura, la vegetación, la fauna de cada lugar y hasta los kilómetros que uno haya tenido que viajar para llegar ahí tienen una influencia. Hay algo especial de cada viaje que queda impregnado en la interpretación. En alguna ocasión puede ser la presión del frío y la altura o el sopor que produce la humedad sobre una canoa en pleno monte. La interpretación que uno hace cambia y esa versión de la canción se vuelve única. Hay muchos momentos así de ‘mágicos’ en la serie.
—¿Las canciones ya estaban elegidas o el propio camino te fue dictando el repertorio?
Siempre tengo algunas opciones para cantar, pero otras veces dejo que el sitio me ‘revele’ la canción que voy a grabar. A veces esas condiciones específicas del lugar, del viaje, del ambiente o las experiencias vividas en el trayecto, me hacen inclinarme hacia una u otra canción en particular.

—¿Cuál fue el lugar más difícil de cantar y por qué?, ¿a qué destinos llegaste?
—De los que ya están publicados, el Episodio #2, a las faldas del Sajama, fue el que me exigió más desde lo físico. Esa noche habíamos hecho cumbre con mis amigos en el Acotango a 6.050 msnm. Yo estaba muy cansado para cantar, pero había que hacerlo porque ya nos teníamos que ir. En cuanto a lo técnico, el Episodio #3, sobre una canoa en el Lago Bay, fue el más complejo porque estábamos en movimiento, la luz cambiaba constantemente, y además había que balancearse bien para no hacer caer el micrófono o no caerse uno.
—Una guitarra, un micrófono y un teléfono. ¿Es una decisión estética o una necesidad de supervivencia en la ruta?
—Es una decisión práctica. Cuando viajo trato de ir lo más liviano posible porque solo llevar la guitarra ya es cargar con un bulto importante. Por otro lado, detrás de cámaras siempre están amigos que no necesariamente son camarógrafos. Algunos sí saben componer un cuadro, hacer movimientos o ajustes a media grabación, pero otros solo quieren hacer parte y ayudar. Por eso busco que la parte técnica sea lo más ‘descomplicada’ posible. Luego, ya en postproducción, en esta primera ‘temporada’ conté con Uri Carrasco y de So Myung que me ayudaron a mejorar dentro de lo posible video y audio.

—¿Qué “sonido” de la naturaleza se coló en la grabación y terminó convirtiéndose en el mejor acorde?
—Las aves en el Lago Bay (ubicado en la Reserva Nacional de Vida Silvestre Amazónica Manuripi, en el departamento de Pando). Fue como tener un coro natural acompañándome escondido desde los árboles. Ese debe ser mi episodio favorito.
—¿Qué canciones vamos a encontrar en el camino? ¿Son temas tuyos, o composiciones que nacieron en la misma ruta?
—De los seis episodios de esta primera temporada; tres temas le pertenecen a mi etapa con Animal de Ciudad, uno es ‘Paracaídas’, que ya lancé en mi nueva etapa como solista, y los otros dos son temas inéditos que se graban por primera vez y están en la fila esperando para entrar a estudio.
—Ahora que la primera temporada está completa en YouTube, ¿cuál es el viaje que esperas que haga el espectador al otro lado de la pantalla?
—Estos videos fueron grabados hace ya un tiempo atrás. Es decir que llevo ya varios viajes grabando. Tengo material para varias temporadas más: en Bolivia, en Colombia y videos que quizás vayan sueltos como extras. Quisiera también filmar en México ya que estoy viajando mucho por el país mientras ofrezco conciertos. Mientras pueda, seguiré filmando.
El arte y la naturaleza. Ronaldo Rocha, canta sobre una balsa en el lago Bay (Pando).
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Sobre el autor
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Roberto Navia
Desde hace más de dos décadas transita por el mundo para intentar elevar a los anónimos del planeta al foco de lo visible. Sus crónicas emblemáticas: Tribus de la inquisición y Los Colmillos de la Mafia le han permitido ganar dos veces el Premio Rey de España (2014 y 2017); Esclavos Made in Bolivia, el premio Ortega y Gasset (2007); el documental Tribus de la Inquisición, la nominación a los Premios Goya (2018), Flechas contra el Asfalto y Los Piratas de la Madera desangran el Amboró, dos veces ganadores del Premio de Conservación Internacional, entre otros galardones nacionales e internacionales. Es docente universitario de postgrado, la cabeza de la Secretaría de Libertad de Expresión de la Asociación de Periodistas de Santa Cruz, miembro del Tribunal de Ética de la Asociación Nacional de la Prensa de Bolivia y de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP).



