
Hay bosques que parecen hechos para soportar el mundo.
El Bosque Seco Chiquitano es uno de ellos.
Durante seis meses recibe lluvia y durante otros seis aprende a vivir con la sequía. Los árboles esperan. Los animales se esconden. Los ríos bajan su caudal. El suelo se endurece y el monte adquiere ese tono de tierra cansada que, visto desde arriba, parece interminable.
Pero cada vez menos, porque las lluvias cada año son escasas y la deforestación está invadiendo su territorio con un apetito descomunal. Y los incendios, crueles cada año. Tan crueles como los humanos que aportan a su sufrimiento.
Pero debajo de esa apariencia y de esos tormentos, hay una vida que no se detiene.
Este bosque ocupa más de 24 millones de hectáreas y se extiende principalmente por Santa Cruz, Bolivia, con prolongaciones hacia Brasil y Paraguay. Es el bosque seco tropical más grande y mejor conservado que queda en el mundo. Está parado, además, en un sitio excepcional, entre la Amazonía y el Chaco, como una especie de puente verde que conecta dos grandes regiones naturales de Sudamérica.
Su importancia se entiende también siguiendo el agua.
Sus aguas alimentan cursos que desembocan en dos grandes cuencas sudamericanas: la Amazónica y la del Río de la Plata. Lo que ocurre aquí termina teniendo consecuencias mucho más lejos, incluso en el Gran Pantanal, ese enorme territorio de agua compartido por Bolivia y Brasil y conectado con Paraguay.

Pero hay otra manera de conocerlo.
Caminar por la Chiquitanía.
Entonces aparecen los tajibos, los robles, los cedros y los morados. Aparecen los caminos polvorientos, las comunidades, las serranías, las quebradas y las iglesias que todavía conservan la huella de las antiguas misiones jesuíticas. Aparece también una cultura que no nació separada del monte, sino dentro de él.
La música barroca, las artesanías, las fiestas y las tradiciones chiquitanas forman parte de ese paisaje. No están de un lado y el bosque del otro. Han crecido juntos.
Ahora el Bosque Seco Chiquitano tiene también un día en el calendario.
El 12 de agosto fue establecido como Día Departamental del Bosque Seco Chiquitano mediante la Ley Departamental N.º 375, aprobada en 2025.
Una fecha para mirar hacia este territorio desde Santa Cruz y recordar que detrás de las cifras hay árboles, agua, animales, comunidades y una cultura que ha aprendido a vivir con el bosque.
Porque la amenaza no se queda en el borde del monte.
La expansión agropecuaria, la deforestación, los incendios, la apertura de caminos, la minería y el cambio de uso del suelo van modificando el territorio. Y cada transformación tiene consecuencias sobre el agua, sobre la fauna y sobre la capacidad del bosque para resistir los cambios que vienen.
En la Chiquitanía, el futuro puede comenzar por algo tan sencillo como mirar un árbol y preguntarse cuánto tiempo lleva allí.
Tal vez tenga cien años.
Tal vez haya visto pasar generaciones enteras.
Tal vez haya sobrevivido a sequías, incendios y temporadas de lluvia que nosotros nunca conoceremos.
Y quizá por eso el 12 de agosto tenga sentido.
El bosque no sabe de aniversarios.
Sigue de pie entre la Amazonía y el Chaco.
Y todavía espera que nosotros aprendamos a caminar más despacio por él.

Hoy celebrarán su día poniendo en valor su riqueza natural y su importancia para Santa Cruz
El Bosque Seco Chiquitano, considerado el bosque seco tropical más extenso del mundo y reconocido como Bosque Modelo por la Red Internacional de Bosques Modelo, constituye uno de los patrimonios naturales más importantes de Bolivia. Su extraordinaria biodiversidad, los servicios ecosistémicos que brinda y su estrecha relación con las comunidades y los medios de vida de la Chiquitania hacen de su conservación una tarea fundamental para el presente y futuro de la región. Este 12 de agosto, en conmemoración del Día Departamental del Bosque Seco Chiquitano, instituido mediante la Ley Departamental N.º 375 en 2025, se realizará Eco del Bosque Chiquitano, impulsado por la Fundación para la Conservación del Bosque Chiquitano, una jornada que busca acercar este ecosistema a la ciudadanía, promover su conocimiento y valoración, y fortalecer el compromiso colectivo con su conservación.
La jornada se desarrollará este 12 de agosto en el Centro de la Cultura Plurinacional, en Santa Cruz de la Sierra, con una programación abierta a distintos públicos.
De 9:00 a 13:00, se realizará la Feria de Educación Ambiental, un espacio interactivo para conocer más sobre la biodiversidad, la conservación y la riqueza natural del Bosque Seco Chiquitano. Participarán como instituciones expositoras el Gobierno Autónomo Departamental de Santa Cruz, a través de la Dirección de Conservación del Patrimonio Natural (DICOPAN); la Fundación para la Conservación del Bosque Chiquitano (FCBC); WWF Bolivia; la Asociación SAVIA; el Museo de Historia Natural Noel Kempff Mercado; y la carrera de Biología de la Universidad Autónoma Gabriel René Moreno (UAGRM). A través de sus diferentes espacios, los visitantes podrán acercarse a experiencias, conocimientos e iniciativas vinculadas con la conservación y el territorio.
A partir de las 14:00, la programación continuará con FestiNUR, un espacio dedicado a producciones audiovisuales que permitirá abordar distintas temáticas desde el cine y generar posteriormente un momento de reflexión y diálogo con los asistentes.

A las 16:30, se desarrollará el conversatorio “Puentes para la Paz”, un espacio de diálogo que reunirá distintas miradas sobre el territorio, la conservación y la convivencia. Participarán Indiana Ascarrunz, directora de Recursos Naturales del Gobierno Autónomo Departamental de Santa Cruz; Roberto Navia, periodista, escritor y director de Revista Nómadas; Rosa Pachuri Parabá, presidenta de ORMICH; y Santiago Reveriego, joven de Santiago de Chiquitos e integrante de los Multiplicadores Ambientales de la FCBC. Desde sus diferentes experiencias, compartirán reflexiones sobre los desafíos de la Chiquitania y la importancia de construir puentes para la paz desde el territorio. La jornada concluirá con una muestra fotográfica, un espacio de encuentro y la entrega de reconocimientos a personas e instituciones que, desde distintos ámbitos, contribuyen a la conservación del patrimonio natural de la Chiquitania.
Eco del Bosque Chiquitano propone así una jornada para conocer, valorar y celebrar este ecosistema, pero también para recordar que su conservación depende de una sociedad que conozca su importancia, reconozca los beneficios que brinda y se involucre activamente en su protección.
***



