
Esta es la historia de una desconexión sanadora. De dos días en los que el murmullo constante de la corriente del río Paraguay y el aleteo distante de las aves reemplazaron el pitido de los teléfonos móviles. Iván Arnold, director de la Fundación NATIVA, bajó en bote desde Corumbá, en el corazón del Pantanal brasileño, navegando cauce abajo hacia las aguas bolivianas de Puerto Busch, en un recorrido donde la fauna silvestre, confiada y soberana, permitía acercamientos casi íntimos a la mirada humana.

En el trayecto, el paisaje fluvial despliega una dualidad conmovedora. Por un lado, la imponente estructura de Forte Coimbra se divisa imponente sobre la orilla brasileña, como un centinela militar provisto de buques y helicópteros de respuesta rápida para combatir incendios forestales. Por el otro, al ingresar a territorio boliviano, la frontera es un hito casi imperceptible, un pequeño mojón de piedra que pasa desapercibido entre la espesura de la vegetación, testimonio mudo de la fragilidad institucional y del contraste que separa a las naciones que comparten esta vasta cuenca.

Este descenso forma parte del arranque de la expedición de la Iniciativa Ríos del Jaguar (Jaguar River Initiative – JRI), una ambiciosa estrategia que nace desde el Sur Global para preservar el corredor del río Paraguay. Mientras la travesía completa contempla una navegación integral de aproximadamente 20 días que avanzará desde Corumbá hasta Asunción y más allá —cubriendo territorios clave de Brasil, Bolivia, Paraguay y Argentina—, Iván acompañó intensamente los primeros dos días del periplo. Un tramo inicial pero estratégico que permitió presenciar la vastedad de un ecosistema latente y amenazado.

A lo largo de esos dos días sobre el agua, la embarcación se internó en la majestuosidad de vida silvestre que define al Gran Pantanal. Desde la borda, la comitiva fue testigo del pulso vital que habita en las riberas: capibaras agrupados en los playones, lagartos sumergidos a media agua guardando el cauce, garzas de un blanco deslumbrante alzando el vuelo al paso del bote, jabirús sobre las copas de los árboles, ciervos de pantano y la omnipresencia silenciosa del jaguar, cuyo rastro permanece latente en las riberas protegidas. Cada codo del río revelaba la riqueza de una fauna que aún conserva su territorio indómito.


A bordo, el esfuerzo científico cobraba vida en paralelo al espectáculo natural. Un equipo de biólogas realizaba tomas sistemáticas de muestras de agua para auditar la calidad hídrica y detectar los niveles de contaminación en puntos estratégicos de la cuenca. Siguiendo el curso que conecta la Bahía Negra con la Estación Biológica Tres Gigantes en Paraguay, el recorrido alcanzó la desembocadura del río Negro —el cauce natural que delimita la frontera entre Bolivia y Paraguay—. Fue allí donde el avistamiento extraordinario de una nutria gigante (Pteronura brasiliensis), conocida también como nutria gargantilla, reanimó el asombro del equipo y reafirmó el valor ecológico insustituible de estas áreas protegidas.


Esta navegación inicial trae consigo noticias alentadoras para la conservación regional. Con el respaldo del financiamiento inicial impulsado por Rolex —una entidad filantrópica privada comprometida con la protección de la biodiversidad global—, la Jaguar River Initiative pondrá en marcha un programa continuo de monitoreo ambiental. El esquema contempla expediciones de campo cada dos o tres meses para evaluar de forma constante la salud del río, tomar muestras de agua y documentar la presencia de especies emblemáticas como la nutria gigante y el jaguar.

Para la porción boliviana, que abarca puntos críticos como la zona del Mutún, Puerto Quijarro y el triángulo de Paya Miní, esta iniciativa representa una oportunidad crucial para evaluar de manera constante la salud de los ecosistemas acuáticos frente a las presiones del desarrollo industrial, la navegación comercial y los efectos del cambio climático.
Con la mirada puesta en el corto plazo y tras completar esta primera etapa, Iván Arnold adelanta que ya existen planes concretos para reacondicionar una embarcación del parque nacional en Puerto Busch. La meta es dotarla de los arreglos y asientos necesarios para realizar travesías eficientes hacia el trifinio fronterizo, garantizando que el monitoreo hídrico, la documentación ambiental y el relato de esta belleza fluvial permanezcan activos mientras el resto de la expedición continúa su curso aguas abajo hacia Asunción.

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