
Cuando la investigación depende exclusivamente del esfuerzo propio, la solidaridad puede convertirse en el impulso decisivo para romper el aislamiento. Nilo Padilla Osiga, un apicultor que lleva más de dos décadas estudiando el comportamiento de las abejas en el departamento de Santa Cruz, estuvo a punto de perder una oportunidad internacional por falta de recursos financieros. Tras la difusión de su historia EN Revista Nómadas, la respuesta ciudadana se tradujo en una red de apoyo, con la organización de una rifa, que le asegurará el pasaje y la bolsa de viaje necesarios para presentar sus hallazgos en el exterior.
Aunque el pasaje de ida ya fue adquirido y don Nilo abordó desde Santa Cruz, el viaje Aunque el pasaje de ida ya fue adquirido y don Nilo abordó el bus en Santa Cruz la noche del domingo rumbo a Mar del Plata (Argentina), el arqueo final de la venta de boletos de la rifa reveló que los fondos todavía no alcanzan para cubrir el pasaje de retorno. Por esta razón, la organización de la rifa, a cargo de su hija Andrea Padilla, decidió trasladar el sorteo al miércoles 2 de septiembre, con la intención de vender los números restantes y completar la meta financiera mientras el investigador se alista para exponer su trabajo.

El trabajo de Padilla aborda uno de los desafíos más complejos de la apicultura global: la infestación por varroa, un ácaro parásito que debilita las colmenas y suele combatirse mediante la aplicación constante de tratamientos químicos. Frente a este enfoque tradicional, el apicultor boliviano plantea el concepto de “equilibrio biológico interno”, un fenómeno observado en sus propias colmenas donde las abejas y el parásito logran coexistir de manera estable. Según su planteamiento, la intervención química continua genera dependencia y resistencia, mientras que la selección de colonias con capacidad higiénica natural permite mantener la producción sin alterar el ecosistema de las colmenas.
Esta propuesta fue evaluada y aceptada por el comité científico del XXII Congreso Latinoamericano de Apicultura (FILAPI 2026), un encuentro que reunirá a especialistas, técnicos y productores de toda la región. Padilla presentará su investigación el 3 de septiembre en Mar del Plata, Argentina, donde defenderá la posibilidad de desarrollar una apicultura sostenible fundamentada en los procesos de adaptación biológica observados en el territorio cruceño.
A continuación, compartimos la entrevista donde el investigador detalla los fundamentos de su trabajo, el proceso de concientización comunitaria y las expectativas que lleva consigo para esta presentación internacional.
—Después de más de dos décadas observando la relación entre las abejas y la varroa, ¿qué fue exactamente lo que descubrió y en qué momento se dio cuenta de que estaba frente a algo que podía cuestionar la manera tradicional de combatir este ácaro?
— Cuando empecé a trabajar con las abejas el año 2000, la varroa ya había llegado a América y a Santa Cruz, en la asociación se discutía la posibilidad de empezar a hacer tratamientos. Un día que fui al apiario vi una colmena con mucha varroa, me preocupé y logré hacer un pedido, a la Argentina, de un producto químico para su control, luego de un tiempo cuando llegó el producto visité el apiario, para mi sorpresa, la colmena observada, ya no tenía la misma cantidad de varroa.
Este hecho contrario a lo que se aprende normalmente sobre la varroa, generalmente enseñanza argentina, de que la varroa se multiplica por dos cada mes, en poco tiempo la varroa pone en riesgo la vida de la colmena. En este caso, la colmena estaba viva y dinámica con mucho menos varroa de lo que se esperaba.
Ese fue el momento del cuestionamiento. Comprendí que algo pasaba que hacía que la población de varroa baje en la colmena. Guardé el producto y desde ese momento me dedico a entender la relación abejas varroa. En un camino de conclusiones, nuevas preguntas y nuevas hipótesis fui encontrando. Lo bueno del momento es que la mayoría de los apicultores de la asociación ADAPICRUZ optamos por no hacer tratamientos.
—Usted plantea que las abejas pueden convivir con la varroa y alcanzar un “equilibrio biológico interno”. ¿Qué evidencia concreta ha encontrado en sus colmenas para sostener esta afirmación?
— El concepto de equilibrio biológico interno, EBI, surge de la constatación de que las abejas han desarrollado diferentes estrategias, medibles, que funcionan como barreras y que la varroa tiene que sortear para lograr reproducirse, esto en abejas obreras. Sin embargo, las mismas abejas permiten que la varroa pueda multiplicarse en los zánganos, entonces ya no es resistencia ni tolerancia, de ahí surge el concepto EBI. Ambas abejas y varroa conviven en equilibrio sin hacerse daño. La colmena mantiene poblaciones de varroa de “sobrevivencia” sin afectar las posibilidades de cosecha.
Vemos que la colmena puede “deshacerse” de la varroa y que cuenta con las herramientas necesarias, sin embargo, cuando, también, vemos que la colmena le permite reproducirse en los zánganos, surgen peguntas que la ciencia tendrá que estudiar: ¿Qué le da la varroa a la colmena por permitirle vivir en su casa? Considerando que la colmena es su único hospedero. ¿Qué tipo de interrelación biológica mantienen las abejas y la varroa?

—¿Qué significa para usted que su investigación haya sido seleccionada para el Congreso Latinoamericano de Apicultura FILAPI 2026? ¿Qué espera que ocurra cuando presente en Argentina un trabajo nacido de más de dos décadas de observación en Bolivia?
— Aunque el resultado logrado en santa cruz es confiable, sin embargo, la amenaza persiste. El posicionamiento de la plaga y el control de plagas impuesto como paradigma en la revolución verde es muy difícil de superar, a pesar de los resultados del sistema convencional. La varroa resistente, las abejas dependientes, sin posibilidad de solución sostenible a mediano plazo. Muchos productores culturalmente buscan soluciones en esa línea. A esto se suma que la ciencia estudia a la varroa desde la adversidad, desde el enemigo, y las normas en muchos paisas obligan a los apicultores a hacer tratamientos sistemáticos. Incluso, las normas para exportación de material vivo exigen controles sanitarios, da la impresión de que existe una conspiración en contra de las abejas y su sobrevivencia.
Mostrar lo que se ha logrado en Santa Cruz es vital para la sobrevivencia de las abejas en el mundo, la apicultura en santa cruz ha logrado solucionar un problema de impacto global como es la varroa. Mientras más regiones se sumen a este modelo, nuestra genética estará resguardada.
Entre productores hay posiciones distintas, muchos apicultores ven que el sistema del control de plagas es insostenible y están buscando otras alternativas. Es así que buscamos posicionar a Santa Cruz como referente de que en apicultura producir sin químicos es posible.
—¿Cómo se está preparando para la presentación en Mar del Plata y qué es lo que más le interesa que conozcan o discutan los investigadores, técnicos y apicultores que escuchen su propuesta?
— El haber sido testigo, haber visto, a las abejas expresar su estrategia y sus herramientas, sobre todo, sus ganas de vivir, generan confianza para articular respuestas a cuestionamientos. Al mismo tiempo, cuando se supera la relación, solo como rubro productivo, las abejas se meten en el corazoncito y ahora hay que defenderlas. Y eso espero, poder defenderlas.
—Para poder viajar a la Argentina necesitó conseguir recursos y muchas personas se han movilizado para apoyarlo con la rifa. ¿Cómo ha vivido esta respuesta de la gente y qué ha significado para usted sentir que hay una comunidad que quiere ayudarlo a representar a Bolivia?
— Hacer una investigación donde la solución no está dada, sino que se construye a prueba y error y sin apoyo institucional, requiere de un total convencimiento de lo que uno está buscando. En 2025, el comité científico del Congreso Mundial de Apicultura, realizado en Copenhague, Dinamarca, me aprobó dos ponencias; sin embargo, por los costos no pude viajar. Por eso, cuando surgió esta nueva oportunidad, en conversación con mi amigo y colega apicultor Pablo Andrade Franco y mi hija Andrea Verónica, coincidimos en la necesidad de mostrar fuera de Bolivia lo que aquí hemos logrado después de tantos años de trabajo.
Fue entonces que surgió la idea de hacer una rifa para reunir los recursos necesarios para el viaje. Y vaya agradable sorpresa: gracias a la publicación de la Revista Nómadas, muchas personas se han manifestado y han querido aportar. Creo que las abejas y su cuidado generan mucha empatía, y nuestro enfoque también conecta con este valor. Para mí, sentir ese respaldo significa mucho, porque demuestra que este trabajo, que durante tantos años hemos realizado prácticamente sin apoyo institucional, también tiene una comunidad que lo valora y quiere que Bolivia pueda mostrar lo que está haciendo.

—¿Qué preguntas, críticas o reacciones de los especialistas le gustaría recibir? ¿Está preparado para que su propuesta sea cuestionada?
— En un principio era solo la varroa, pero en el entendido de que el EBI es el resultado de un proceso y el resultado puede cambiar si cambia el proceso, entonces para asegurar el resultado en el tiempo, construimos un Sistema de Mmanejo Sustentado en técnicas basadas en la naturaleza. Por tanto, la información es amplia, sin embargo, a un evento como este asiste mucha gente preparada con sus propios conocimientos, hay genetistas, biólogos empresarios y productores de todo nivel, además de mostrar lo que tenemos con seguridad también traeremos mucha información para ser procesada y enriquecer nuestra propuesta, nuestro sistema.
—Más allá de la presentación en Argentina, ¿qué quisiera conseguir con esta investigación? ¿Qué tendría que suceder para que su propuesta de seleccionar y reproducir colonias capaces de convivir con la varroa pueda ser validada y aplicada por otros apicultores?
— En santa cruz, nuestro enfoque es reconocido. La mayoría de los apicultores lo practica, es cultural. El SENASAG también reconoce nuestro enfoque y se trabaja en normas que no obliguen a hacer tratamientos, con la posibilidad de, por ley regional, declarar a nuestra zona, libre de tratamientos sanitarios para la varroa.
En el congreso de APIMONDIA Chile 2023, al que pude asistir con una ponencia, también sobre la varroa, en las conclusiones de la ponencia, como estrategia de lucha contra la varroa, se propuso declarar zonas laboratorio, donde las abejas puedan expresar todo su potencial, sus herramientas y estrategias para adaptarse a las nuevas condiciones ambientales que permanentemente están cambiando. No son zonas de resguardo genético, son zonas de adaptación de superación de amenazas como la varroa. Santa Cruz ya cuenta con la genética adaptada al territorio con la varroa superada y con los apicultores enfocados en un nuevo sistema de manejo. Ahora se requiere de la participación de los centros de estudio y, sobre todo, recursos para mantener equipos de trabajo que validen nuestro sistema.
Las imágenes que nos llega de toda Europa, de EEUU, de Australia, muestran a una apicultura con las abejas en situación de sobrevivencia critica, con muy pocas posibilidades de reversión de sus problemas a mediano plazo. Los problemas para nuestra apicultura surgen del entorno, como los incendios que algunos años nos han dejado sin cosecha y lo más extremo, que aún sigue sucediendo, la muerte de abejas por aplicaciones de agro tóxicos en los cultivos, en el afán de los agricultores de eliminar plagas.
Nuestro sistema muestra que un ácaro como la varroa, puede ser potencialmente una plaga, o no, dependiendo cómo se enfoca el problema y su solución. Si aplicamos esta misma experiencia a otros rubros, habrá que replantear el concepto de plaga. Comprender y acompañar los procesos naturales no es retroceder, es avanzar hacia soluciones más simples, más eficientes y verdaderamente sostenibles. Es descubrir que muchas soluciones ya están presentes en la naturaleza.
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