
Para que un monito llegue a tu casa, su madre debe morir. Cada caso de un mono víctima de mascotismo es un caso cruel donde toda su familia es asesinada y ese monito bonito pero triste, queda huérfano.
La fiebre de tener monitos en pañales impulsa a cazadores a adentrarse al monte, donde una vez ubican a la tropa con bebés, empieza la matanza: primero disparan al macho alfa, que los defiende con su vida, después, buscan a las madres con crías que se aferran a ellas con miedo y les disparan hasta que el bebé caiga, y si no suelta a su madre, arrancan al bebé de donde esté aferrado. Lo arrebatan de su familia, de su hogar y de su futuro para ir a malvivir en pañales en la casa de un humano. Dos monitos aulladores sufrieron este destino y ahora buscan a su madre.
Khandy Gandarillas es hoy la madre de dos de esos bebés. Monitos que fueron rescatados por la Fuerza Especial de Lucha Contra los Delitos Ambientales (FELCDA) en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, cuando denunciaron que los estaban vendiendo por redes sociales. Tienen unos dos meses y llevan tres semanas en el Parque Ecológico y Centro de Custodia Yvaga Guazú, bajo un cuidado 24 horas. Con una mirada perdida, como buscando su hogar, se aferran al pelo de Khandy, la veterinaria que ha asumido el papel de ser madre nodriza y al mismo tiempo el árbol andante que los refugia. Arriba de su cabeza comen, duermen y observan con sus ojos enormes el mundo alrededor, con un miedo como quien lo perdió todo después de la guerra.

DOS MADRES MUERTAS
Los monitos no son hermanos. Vienen del mismo grupo, pero de madres distintas, porque los aulladores casi nunca tienen gemelos. Eso significa que, en este caso, murieron al menos dos hembras y probablemente el macho que las protegía.
Cuando los visité, la orfandad se había apropiado de su personalidad, nunca, nunca soltaron el pelo de Khandy, y el sonido que hacen todo el día, un quejido agudo —como el llanto largo que sale de una caverna— es estrés. La memoria de su tragedia los acompaña como una pesadilla que no termina.
Primero mataron a su madre, luego los intentaron vender dentro de un canasto de ropa sobre una bolsa negra, y nadie sabe cuánto tiempo estuvieron con los traficantes. Llegaron con diarrea —por la alimentación no adecuada— resfriados y con traumas. En Ygava Guazú fueron rehidratados y tratados cuidados veterinarios, y ahora gracias al centro que los refugia, reciben leche y empiezan a probar guineo, manzana, apio y perejil. Están estables pero su futuro aún es incierto.
El aullador es una de las especies de primates más difíciles de criar en cautiverio. Necesita a una madre durante al menos ocho meses; en libertad, la madre los suelta cerca del año. Por eso, explica Khandy, muchos de los que se compran como mascota no pasan los tres meses.

VIVIR CON HUMANOS NUNCA ES LA SOLUCIÓN
El problema del cuidado humano, cuando los monitos son bebés, es que cuanto más dependen de una persona, menos posibilidades tienen de volver “a ser monos”. Un aullador criado solo por humanos no aprende los patrones que enseña una madre mona: cómo moverse, qué comer, cómo relacionarse con la tropa. Si luego se intenta liberar, no será aceptado por la tropa y está destinado a morir.
Khandy sabe que todavía tienen chance, si se les consigue una madre nodriza de su especie en un centro especializado, pero un traslado costoso y complejo de cual las gobernaciones no asumen costo alguno. Bolivia cuenta con 43 centros de custodia de fauna silvestre registrados por el Ministerio de Medio Ambiente y Agua, entre bioparques, santuarios, refugios temporales y centros de atención y derivación. Encontrar uno con una madre nodriza disponible es parte de lo que ahora se busca financiar.
LA RED QUE TRAFICA Y UNA JUSTICIA SIN APOYO DE LA GOBERNACIÓN
Según la denuncia de la sociedad civil a las autoridades, los monitos eran ofrecidos por WhatsApp por una mujer que usaba el seudónimo de “Rebeca”. El mercado, está cerca: en Santa Cruz, el principal destino de estos monos es el Urubó, residenciales con casa lujosas donde ostentan tener animales silvestres.
No es un dato menor. Hubo denuncias donde se construyen vitrinas para exhibir monos dentro del hogar. Khandy explica que la gente cree que son “bonitos hasta que ya no” porque después de unos meses llega el olor, aptitudes silvestres e inclusive terminan mordiendo a un miembro del hogar, y lo primero que hacen es ver como deshacerse del “mono rebelde”.
La oferta de monos no es aislada, se sustenta de la demanda. Y esto construye una estructura de tráfico que incluye personas como cazadores, compradores, vendedores, acopiadores y distribuidores de animales silvestres. Todo ilegal, y que podría llevarlos, a la cárcel, acorde al artículo 223 Bis del Código Penal.

El abogado ambiental, Rodrigo Herrera, de la Sociedad Legal de Defensa Ambiental Justicia Ambiental, es querellante en el caso. Impulsa la acusación junto a la Fiscalía y busca justicia para los monitos.
En la primera audiencia, el juez dispuso que uno de los aprehendidos se defienda en libertad. El otro, quien hacía los envíos y admitió haber entregado animales de una tercera persona, recibió 30 días de detención preventiva en Palmasola. Contra la tercera persona pesa una orden de aprehensión que aún no se ejecutó.
La próxima audiencia sigue sin fecha y tiene a los monos en un limbo. La causa la impulsan como parte querellante el abogado ambiental Rodrigo Herrera, junto a la veterinaria Khandy Gandarillas como activista. La Gobernación de Santa Cruz, ni la Dirección de Recursos Naturales (DIRENA), quienes están a cargo de la fauna del departamento, no se sumaron a la querella.
“Aquí en Santa Cruz no hay mucha fuerza de parte de la Fiscalía, y no ayuda que las autoridades departamentales no se sumen”, dice Khandy. Así, la acusación particular contra una red de tráfico queda en manos como casi siempre, de la sociedad civil.
¿POR QUÉ A UNOS SÍ Y A OTROS NO?
Consultada para este reportaje, la Dirección de Recursos Naturales (DIRENA), asegura que sí intervino: el 5 de septiembre, personal técnico y legal de su Programa Integral de Manejo de Fauna Silvestre acudió a la FELCDA para recibir, identificar y hacer la valoración inicial de los dos monitos.
Pero a la pregunta de por qué no se sumó al caso, la DIRENA respondió que su intervención técnica “no determina, por sí misma, su constitución como parte dentro de una investigación penal” y, por lo tanto, “no corresponde a DIRENA emitir una valoración respecto de una eventual adhesión procesal”. Es decir: la institución a cargo de la fauna silvestre del departamento recibió a los monitos, pero dejó el juicio contra sus traficantes en manos de la Fiscalía y de la sociedad civil.
Para los activistas, esa respuesta no alcanza, porque la Gobernación sí se ha sumado a otros casos. En el llamado “caso colmillos”, en febrero de 2018, la Gobernación de Santa Cruz participó junto a la Fiscalía y la Policía del allanamiento a la vivienda de una pareja de ciudadanos chinos, donde se hallaron 185 colmillos de jaguar, puma, ocelote y taitetú. Luego se constituyó en parte querellante junto al Ministerio de Medio Ambiente y Agua. Su entonces directora de Recursos Naturales, Yandery Kempff, advertía: “estamos lidiando con una red de tráfico de animales silvestres”. En noviembre de ese año, Li Ming y Yin Lan fueron condenados a tres y cuatro años de prisión, convirtiéndose en un precedente de sentencia contra el tráfico de vida silvestre en Bolivia. Hoy, frente a otra red, esta vez de monos vendidos por internet, las autoridades responden que no le corresponde valorar una adhesión.
Para Daniela Justiniano, activista de Alas Chiquitanas, la falta de apoyo legal y económica no solo de la Gobernación, sino de todos los niveles del Estado representa un vacío para los animales silvestres que siempre terminan sin saber quién es “responsable de dar seguimiento y justicia” y todo recae en la buena fe de la sociedad civil.
El tráfico ilegal de vida silvestre es el tercer crimen más lucrativo del mundo, es peligroso para quienes denuncian, y es penado por ley, pero la impunidad en Bolivia permite que los traficantes continúen vendiéndolos libremente por redes sociales e inclusive en plena vía pública en mercados.
El artículo 223 Bis del Código Penal lo castiga con 2 a 6 años de cárcel, y con hasta 8 cuando hay agravantes. La Ley 1333 de Medio Ambiente suma hasta 2 años, el decomiso y una multa. Los denunciantes están preocupados y se siente: “Si ellos quedan libres, seguirán traficando”, advierte Khandy.
SALVARLOS ES UN DINERAL
Mientras el caso se resuelve, los monitos necesitan comida, leche especial, medicamentos y atención veterinaria. Gastos que pueden llegar a miles de bolivianos variando la especie y el proceso de rehabilitación.
Sobre los fondos, la DIRENA respondió que “no existe un monto presupuestario específico identificado o destinado exclusivamente a la recuperación” de los dos monitos. Explicó que los animales que llegan al Centro de Atención y Derivación (CAD) permanecen allí solo de manera temporal, para su estabilización, y luego son derivados a centros de custodia; y que su presupuesto se organiza por partidas y programas, “no de manera individualizada por animal o caso particular”. En la práctica, el costo de salvarlos recae en otros.
Por ahora, El Parque Yvaga Guazú —que también es un Centro de Custodia— se convirtió en su refugio temporal, acoge y da alimento los animales que reciben víctimas de tráfico y, Rebecca Rozenman, fundadora del Parque, nos cuenta que cubren de su bolsillo operaciones, alimentos y medicinas, además de siempre buscar las mejores condiciones de espacios para que puedan tener una vida digna luego de ser rescatados. La ayuda siempre es bienvenida, si desean donar alimentación a los monitos pueden dejar sus donaciones directamente en la dirección del Parque en el Kilómetro 12 y ½ Doble Vía La Guardia o donar directo al QR del Parque o llamar al 76325400.

En la cocina, Khandy come un guineo mientras lo comparte con los monitos: uno se le ha subido a la cabeza; el otro descansa en su hombro. Y nos dice que espera que pronto consigan justicia y que la gente entienda que comprar un mono no es salvarlo, es aumentar la redes que siguen arrancándolos del cuerpo de su madre.
Si ves la venta un animal silvestre, no lo compres: denuncia al 800 14 2052.
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Sobre el autor
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Lisa Mirella Corti
Periodista, escritora e investigadora transmedia independiente, especializada en narrativas de género, medio ambiente, y biodiversidad latinoamericana. Fue la primera boliviana en integrar la Red de Periodismo Climático de Oxford y obtuvo reconocimientos internacionales como la beca Dom Phillips Reporting Grant de Pulitzer Center y la Mención de Honor en Medio Ambiente de la SIP. Fundadora de proyectos como "Llanto del Jaguar" y "A Las Nadie", combina periodismo, poesía y audiovisual para abordar temas de conservación, crisis climática y justicia social en cárceles. Su labor destaca en la narración innovadora de historias de no ficción con impacto en el imaginario social.



